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Juan Andrés Blanco Rodríguez:
“En la conformación de lo español la dimensión iberoamericana es fundamental”

domingo 19 de septiembre de 2021
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Juan Andrés Blanco Rodríguez
Juan Andrés Blanco Rodríguez: “A la presencia española tras la separación colonial se le ha prestado más atención desde América que desde España”. Fotografía: La Opinión de Zamora

Juan Andrés Blanco Rodríguez (Zamora, España, 1951) fue mi profesor de cronistas de Indias en la Universidad de Salamanca, donde ejerció de catedrático en el Departamento de Historia Medieval, Moderna y Contemporánea. Blanco Rodríguez fue, a su vez, director de la Universidad Nacional de Educación a Distancia en Zamora por alrededor de tres décadas. Juan Andrés es autor o coautor de más de una veintena de libros, cuyas líneas o tópicos de investigación son la emigración, las relaciones con América y el regionalismo castellano-leonés y la guerra civil. Entre sus libros, destaco Castellanos y leoneses en Cuba (2005), El sueño de muchos: la emigración castellana y leonesa a América (2005), Presencia castellana en el “ejército libertador cubano” (1895-1898) (1996) y El Quinto Regimiento en la política militar del PCE en la guerra civil (1993). Estudió Historia en la Universidad de Salamanca y fue quien presidió mi tribunal de tesis doctoral, constituido por otros cuatro docentes, entre los que hubo juristas y antropólogos. Lo conocí por referencia de Ángel B. Espina Barrio, y al igual que Ángel, el maestro de ayer, nos ha contestado esta entrevista, enfocada en su trabajo creativo como docente e investigador, historiador y escritor. Sus respuestas son para compartirlas con vosotros.

 

En 1982 se publicó en Salamanca, España, El pensamiento sociopolítico de Dorado Montero. ¿De qué trata este libro? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

La directora de mi departamento en la Universidad de Salamanca, en la que fui becario de Investigación de 1976 a 1979, la doctora María Dolores Gómez Molleda, estaba interesada en estudiar el pensamiento sociopolítico de figuras relevantes del regeneracionismo español vinculadas a Salamanca, como Miguel de Unamuno, de trayectoria política e implicación social en Salamanca ya conocida, o Pedro Dorado Montero, salmantino, catedrático de Derecho Político y Derecho Penal, que había estudiado en Bolonia y finalmente se afincó en la Universidad de Salamanca, donde destacó en la última década del XIX y las dos primeras del XX. Amigo de Unamuno, republicano como él y con honda preocupación social, Dorado Montero se interesó por la llamada en el momento “cuestión social”, la situación de las clases populares. Mi libro trata no de sus aportaciones, relevantes, en el campo del Derecho Penal, sino de su orientación social y política que refleja en numerosos artículos y algunos libros.

 

La efervescencia antifranquista en la que me había movido desde mis inicios en la Universidad de Salamanca incentivaba mi preocupación social y política antifranquista.

¿Qué relación tiene su trabajo creativo previo a El pensamiento sociopolítico de Dorado Montero y su trabajo creativo posterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de español y su memoria personal con la historia contemporánea o no dentro de España e Iberoamérica?

En el mencionado libro trato de analizar el pensamiento y la actuación social y política de Dorado partiendo de la realidad socioeconómica y también política de la Salamanca de esas décadas de la época de la llamada Restauración española, que por otro lado son muy similares a las de mi provincia de origen, Zamora. Provincias básicamente agrarias, con poco desarrollo industrial y fundamentalmente conservadoras, donde en esa época de finales del XIX y primeras décadas del XX predominaba el pequeño campesinado, como era mi propia familia. El análisis de la situación de Salamanca y la consideración de las distintas propuestas sociales y políticas y su efecto, limitado, para la mejora de esa situación de indudable atraso, incentivó mi preocupación por el conocimiento de la tortuosa historia de la España de la primera mitad del siglo XX, donde destacaba la “anomalía” de que las tensiones que habían atravesado la Europa de entreguerras, en el caso español habían derivado en una guerra civil de 1936 a 1939, que había cercenado el proyecto modernizador de la Segunda República española y había dado lugar a la larga y cruenta posguerra de la que estábamos saliendo en esa segunda mitad de los años setenta. La efervescencia antifranquista en la que me había movido desde mis inicios en la Universidad de Salamanca también incentivaba mi preocupación social y política antifranquista. Venía de una familia humilde, que había supuesto que estudiara el Bachillerato en un colegio de los frailes del Verbo Divino, muchos argentinos, con apoyo de la parte de mi familia que había emigrado a Cuba. Posteriormente, había realizado estudios de Magisterio en Zamora y de Historia en Salamanca, siempre con beca. Todas estas circunstancias confluyeron en que finalmente mi actividad investigadora fundamental se centrara en la realización de una tesis doctoral en relación con la Guerra Civil española, precisamente sobre la primera fase de la misma, y en ella el papel de las milicias y la política militar del Partido Comunista de España, principal partido de la oposición al franquismo.

 

Si compara su crecimiento y madurez como persona, historiador, docente, investigador y escritor con su época actual en España, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

Procediendo de una familia campesina, sin apenas estudios, la orientación de mi vida intelectual y profesional en buena medida vino de mis propias decisiones en función de los ámbitos en los que me iba moviendo. La propia circunstancia de la efervescencia que se vivió en el último período del franquismo y todo el proceso de la transición democrática en España también condicionó mi madurez como persona, como historiador, docente e investigador. Con el paso del tiempo mi orientación intelectual, centrado mi interés en la época contemporánea, especialmente el siglo XX, se fue orientando a la reflexión y el análisis, sin duda más contrastado y reposado que en mis primeros años de investigador, de no sólo las características e influencias de la Guerra Civil española, sin duda el proceso central de la contemporaneidad española, el que ha condicionado de manera decisiva buena parte de todo el siglo XX, sino también otros procesos de honda incidencia en mi ámbito territorial más cercano que es la actual Castilla y León. Procesos como la grave sangría migratoria desde las últimas décadas del siglo XIX hasta la actualidad, y también el controvertido proceso de afirmación identitaria que se vive en España y asimismo en mi región de origen.

 

Comprender la España del siglo XX implicaba tener muy presente la investigación histórica que sobre la Guerra Civil y el franquismo se había realizado en difíciles condiciones en España.

¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de docentes, investigadores y estudiantes con los que comparte o ha compartido en España y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo-investigativo a su quehacer de docente e investigador y su trabajo escrito de interés histórico por lo contemporáneo?

Si en el ámbito de los historiadores lo más cercano, la época contemporánea, siempre ha concitado un interés especial, en la España del último tercio del siglo pasado mi generación de investigadores y docentes en el campo de la Historia mostró una necesidad mayor de conocer y tratar de comprender ese nuestro tiempo presente, tan definido por la incidencia y consecuencias de una larga dictadura, etapa en la que, por otra parte, España había cambiado sustancialmente. En el campo de la Historiografía se entendía que conocer el pasado servía para comprender el presente y dotarse de instrumentos para planificar el futuro. Comprender la España del siglo XX implicaba tener muy presente la investigación histórica que sobre la Guerra Civil y el franquismo se había realizado en difíciles condiciones en España y la realizada por el hispanismo, sin duda alguna más libre y menos condicionada. Esa circunstancia me acercó a historiadores fuera de España, tanto europeos como americanos. Colaboración importante, pues sin duda la Guerra Civil española de 1936 ha sido el acontecimiento y el fenómeno histórico español que más atención ha suscitado fuera de España. Ello supuso también mi primer acercamiento a la historiografía hispanoamericana e iberoamericana, que también había prestado atención al conflicto español por, entre otras razones, el enorme impacto que había tenido en las comunidades de emigrantes españoles presentes en muchos países iberoamericanos.

 

Ha logrado usted mantener una línea de creación e investigación enfocada en la historia contemporánea iberoamericana en y desde España. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de España y fuera, y la de sus pares?

Como reflejaba antes, el primer punto de contacto con la historia contemporánea iberoamericana tuvo como nexo la consideración e incidencia de la Guerra Civil española de 1936-1939. Pero mi relación se intensificó por mi interés desde principios de los años noventa del pasado siglo por las relaciones entre España e Iberoamérica derivadas fundamentalmente de la presencia de cientos de miles de emigrantes españoles que se trasladan a diversas repúblicas americanas desde principios de los años ochenta del XIX. Corriente que es muy intensa hasta la crisis económica de 1929 y se relanza, más tímidamente, tras la Segunda Guerra Mundial. También me interesaron distintos aspectos del conflicto que supuso la separación de España de sus últimas colonias tras la derrota de 1898, pero mucho más las implicaciones de esos casi cinco millones de españoles que se trasladaron a América en el período referido, con complejas incidencias tanto en España como en los lugares a los que emigraron y en los que muchos se insertaron. La relación entre España y América se cincela con la realidad del contacto desde la llegada de los españoles a finales del siglo XV y los siglos de mantenimiento del imperio colonial, pero la presencia de esos millones de emigrantes y descendientes, en una corriente interactiva, es un aspecto fundamental de la vinculación entre España y América, y me ha interesado analizar cómo se ha producido y se ha percibido desde España y desde América. A esa presencia española tras la separación colonial se le ha prestado más atención desde América que desde España y para mí ha sido muy fructífera la vinculación con esa historiografía americana.

 

Sé que es usted de España. ¿Se considera un historiador español o no? O, más bien, un historiador iberoamericano, sea éste español o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

Me siento un historiador de la época contemporánea, a la que me acerco fundamentalmente desde la perspectiva española, pero entendiendo que en la conformación de lo español la dimensión iberoamericana es fundamental durante toda la época contemporánea por las razones que exponía antes, por su vinculación política al entrar en la contemporaneidad, la compleja relación de separación, pero la pervivencia de una vinculación en la que tienen mucho que ver los intercambios poblacionales que ha habido en las dos direcciones, aunque yo le haya prestado menos atención a la emigración iberoamericana hacia España.

 

¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política con o en su trabajo creativo-investigativo y su formación en España?

Como ya señalé, mi origen familiar insertado en una provincia de la España interior y fundamentalmente agraria me inclinó a interesarme por el estudio de una realidad que, a pesar de los pronunciamientos de los conformadores del franquismo señalándola como la esencia de la “auténtica” España, la política seguida tras la Guerra Civil había supuesto su progresiva decadencia demográfica y económica en comparación con otras regiones españolas. Esa percepción de atraso comparativo me llevó a interesarme por el análisis socioeconómico y también político de dicha situación. De ahí mi inclinación por la historia contemporánea y también mi posición crítica en relación con la España del tardofranquismo en la que se desarrolló mi formación universitaria, dando mis primeros pasos como profesor en el contexto de la efervescente transición a la democracia.

La disputa sobre la memoria, más bien las memorias, de la Guerra Civil, sigue muy viva en la actualidad.

Mi pertenencia a una provincia y una región donde la emigración ha supuesto el proceso más influyente en la época contemporánea me ha llevado a dedicar las últimas décadas de mi actividad investigadora al análisis de las circunstancias que provocan este proceso y las consecuencias del mismo, incidiendo en la labor de los españoles y castellanos y leoneses en los lugares a los que llegan y en los que se insertan, con especial referencia a las asociaciones que conforman, algunas vigentes después de más de un siglo, particularmente en América, y la vinculación que estos emigrantes y descendientes han mantenido y mantienen con sus lugares de origen. Esta memoria institucional de la emigración española y castellana y leonesa es fundamental en los procesos de integración, vinculación y conformación de identidades. Paralelamente he prestado mucha atención a la memoria familiar e individual de esos emigrantes y descendientes, tanto de quienes se integraron en nuevas sociedades de acogida como de quienes regresaron a España. El Centro de Estudios de la Emigración Castellana y Leonesa, que dirijo desde hace dos décadas, se centra precisamente en el campo de estudio mencionado.

 

¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida tras su paso por la Universidad de Salamanca? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de historiador, docente, investigador y escritor en España hoy?

En la Universidad de Salamanca realicé mis estudios desde principios de los años setenta y a ella está ligada mi trayectoria como profesor y catedrático universitario. Y desde ella y en relación con ella he desarrollado y sigo desarrollando la actividad investigadora y de divulgación en relación con el análisis y la valoración de lo que ha supuesto y sigue suponiendo la Guerra Civil española y la memoria historiográfica, y también de la ciudadanía y opinión pública española a los ochenta años de su terminación. La disputa sobre la memoria, más bien las memorias, de la Guerra Civil, sigue muy viva en la actualidad. Desde el Centro de Zamora de la Universidad Nacional de Educación a Distancia y el Centro de Estudios de la Emigración Castellana y Leonesa sigo explorando la significación de la vinculación que la emigración promueve entre España y los lugares donde se trasladaron sus emigrantes, especialmente Iberoamérica

 

¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

En relación con mis estudios sobre la Guerra Civil española, siendo un tema de persistente y notable atención no sólo historiográfica sino pública, las nuevas formas de difusión de la información, también la científica, hacen cada vez más necesaria una divulgación de calidad. Sobre temas tan polémicos como las implicaciones de la Guerra Civil hay un sector de la sociedad muy propenso a prestar sólo atención a una determinada versión de los hechos. Naturalmente, en paralelo hay una historiografía, o más bien “pseudohistoriografía”, que alimenta y se beneficia de esa inclinación a prescindir de información historiográfica contrastada. Por ello, es imprescindible someter el resultado de la investigación histórica a la crítica y contrastación de la comunidad científica, y también, paralelamente, elaborar obras de alta divulgación que lleguen a un público amplio, por otro lado, persistentemente interesado por estos temas. En esa línea me he movido en los últimos años.

Analizar la presencia de España en América hubiera exigido una utilización más detenida de fondos documentales de distintas instituciones americanas.

En relación con los temas mencionados de la emigración, estoy prestando especial atención a la vinculación que supone la misma, superando las visiones sustancialmente negativas de la emigración como pérdida de unos necesarios activos demográficos que se perciben como más necesarios que nunca en el ámbito que últimamente se denomina la “España vaciada”. Me ha interesado esa realidad de la vinculación que ha mantenido y mantiene unos hilos de relación entre España y América, abordando el complejo pero fundamental tema de las identidades, tan significativo en la época actual. Identidades que adquieren una especial significación en un ámbito como Castilla y León, cuya identidad político-administrativa es reciente, conformada en la transición democrática, pero con unas raíces históricas y culturales profundas y muy significativas tanto para la conformación de la identidad española como de otras, producto de la historia y de la emigración y la relación que ésta conlleva. Relaciones identitarias muchas veces más que conflictivas, complementarias. Entiendo que estos aspectos cuentan con un interés social creciente y la posición académica e intelectual en general sobre los mismos es muy necesaria.

 

¿Qué otros proyectos creativos tiene recientes y pendientes?

Sobre los proyectos recientes ya me he pronunciado. Sobre los pendientes haré sólo un pequeño esbozo. En ocasiones, analizar la presencia de España en América hubiera exigido una utilización más detenida de fondos documentales de distintas instituciones americanas. Es verdad que la creciente digitalización de muchos de estos fondos facilita su consulta, pero en casos es necesaria su consulta presencial, visitas que además facilitan la relación y contrastación con colegas que abordan temas similares. Estancias en Cuba, Argentina, Brasil y México son un acariciado proyecto.

A lo largo de mi trayectoria como investigador he incidido en la memoria de los implicados en distintos procesos como la Guerra Civil y la emigración y el asociacionismo vinculado a la misma. La memoria y su relación con la historia es otra cuestión fundamental de nuestro tiempo. Por ello, tengo la intención de abordar con sosiego mi propia memoria como ciudadano con un origen y trayectoria determinados que debería suponer la matización de algunas percepciones y la consideración de un pasado que se valora siempre desde el presente.