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Fracturas del silencio confirma su dilatada trayectoria
Carmen Rojas Larrazábal y el lacerante hallazgo de la poesía

jueves 25 de noviembre de 2021
Carmen Rojas Larrazábal
Carmen Rojas Larrazábal: “Me enamoré del neobarroco latinoamericano hasta el punto que, durante la pandemia, decidí escribir Fracturas del silencio utilizando ese estilo”.

Desde San Sebastián de los Reyes, en el sur del estado Aragua, salió muy joven la venezolana Carmen Rojas Larrazábal a conquistar el mundo. Hizo su vida en Estados Unidos, donde se formó en terapia ocupacional con especialidad en pediatría. Como tal, escribió ensayos sobre autismo y parálisis cerebral, y disertó sobre estos temas en importantes instancias internacionales.

Pero nunca olvidó las enseñanzas de quien fuera su mentor, Miguel Ramón Utrera, uno de los grandes maestros de las letras venezolanas. Fue él quien encontró en las letras de una Carmen aún niña la voz de la poeta que sería en el futuro. Sobre esta trayectoria, y sobre su más reciente poemario, titulado Fracturas del silencio, conversaremos en esta ocasión.

 

Dos temas principales recorren los versos de Fracturas del silencio: la distancia y la muerte. ¿Cómo vinieron a ti estos versos?

Porque esos temas forman parte intrínseca de la fibra de mi vida. Emigré a Estados Unidos en 1982, eso fundó los primeros peldaños en ese trajinar de lejos, de añorar el café de las tres de la tarde con mamá, de abrazar a mis gatos y de pasear por la plaza del pueblo cantando aguinaldos en la cumbre oscura del nuevo año.

La distancia ha sido la compañera de ojos vendados que me acerca a los míos para tocar los rostros del recuerdo sólo con los dedos de la memoria y verlos así, con el tacto efímero de la nostalgia.

Con ella llegó la noticia de la muerte de mi primo Huáscar, de mis tíos y tías, hasta que también cerró con fuerza ese portón tan cercano al corazón, ese portón que siempre abría al encuentro del cariño, al patio y la sonrisa de mi padre. Esa muerte son muchas muertes a la vez, se viste con tu traje diario y siempre hace presencia al mirarse en cualquier espejo, de esos que cuelgan irremediablemente en el silencio.

 

Al mismo tiempo que remiten a la nostalgia por el tiempo ido, a la vivencia personal recobrada en la memoria, en tus versos transpira la universalidad de alguien que ha visto muchos horizontes distintos. ¿Cómo conjugas ambos mundos, el externo y el de la querencia familiar, la tradición, el recuerdo íntimo de quien eres?

Crecí viendo a mi madre demostrar un gran espíritu de servicio hacia los demás. Desde enseñar a tejer a alguien hasta plantar semillitas con la fe de hierro de que algún día podría vender esas plantitas para proveer para nosotros. Dentro de su necesidad, mi madre siempre encontró un espacio atento para ayudar al prójimo. No iba mucho a la iglesia, pero doy fe de que la suya ha movido muchas montañas de sufrimiento y que ha vestido y calzado cuando alguien lo ha necesitado. Allí estaba su altar diario para adorar a Dios.

En mi vida por estos rumbos, soy terapista especializada en pediatría, ayudo a niños discapacitados y a sus familias, estoy atenta al padre que llega tarde y es porque viene en autobús. Ayudo a buscar servicios y recursos para que ya no tenga que esperar transporte público con su niñito enfermo al hombro. Trabajo en equipo con sus trabajadoras sociales y maestros; en fin, cada día, repito lo que me enseñó mi madre con su ejemplo y así me acerco a los espacios de vida donde ella también sembró esas semillitas de amor.

 

“Fracturas del silencio”, de Carmen Rojas Larrazábal
Fracturas del silencio, de Carmen Rojas Larrazábal (Casa Bukowski, 2021). Disponible en Amazon

 

Fracturas del silencio fue publicado en una edición bilingüe. ¿Qué retos representa para ti la expresión en otro idioma?

No escribo poesía en otro idioma, mi alma habla en español, por lo tanto lo que hago es traducir mis poemas al inglés y eso lo hago al estilo de Ezra Pound, con una dosis profiláctica de fidelidad a lo que quiero expresar, más allá de apresarla en el significante utilizado en castellano. Mis versos son libres en su expresividad aun al traducirlos porque en ambas lenguas vienen de mi alma y ella toma el control.

 

Entiendo que el libro tendrá próximamente una edición mexicana a cargo del sello alternativo Trajín, ¿puedes adelantarnos algo de esto?

Sí, es una alegría poder tener una segunda edición de mi poemario que me abrió las puertas al estilo neobarroco latinoamericano. Con el apoyo del presidente de la Asociación de Escritores de México y la excelente edición del sello editorial Trajín. Pronto estará este poemario en las librerías Gandhi y Péndulo de México. El evento de presentación se llevará a cabo en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, en Ciudad de México, lugar donde Diego Rivera pintó tantos murales junto a Siqueiros y a Orozco. Allí están las cenizas de mi admirado poeta universal Octavio Paz y será un honor presentar mi poemario en ese recinto tan especial.

Estamos preparando esa presentación, que será de forma presencial el 18 de diciembre de este año y que contará con el respaldo de la Asociación de Escritores de México y unas palabras sobre mi poemario por parte de su presidente, Obed González Moreno.

 

En la publicación de Fracturas del silencio, así como en su presentación, jugaron un papel importante la ONG Casa Bukowski y el Instituto de Cultura Oregoniana (ICO). Nos gustaría que nos hablaras un poco del apoyo que has recibido de estas entidades.

Casa Bukowski ha sido un gran apoyo para mi gestión cultural, aunque tengo tiempo limitado debido a mi profesión y a mi poesía, la cual es mi prioridad. Tengo también con ellos, en RadioBukowski.org, un programa de radio llamado Barco de Papel.

El Instituto de Cultura Oregoniana (ICO), del cual soy miembro, me ha brindado su apoyo y amistad desde el principio de esta etapa de mi vida en Salem, Oregon. Su fundador, el español Matías Trejo de Dios, es un excelente ser humano y gestor cultural siempre apostando por el valor que contribuyen los latinos a este gran país. También me siento feliz de contar con el apoyo del presidente de la ICO, el poeta y artista plástico peruano Efraín Díaz-Horna.

 

Miguel Ramón Utrera
Miguel Ramón Utrera (1909-1993).

Eras muy joven cuando te encontraste con quien sería tu mentor literario, uno de los poetas mayores de Venezuela, el maestro Miguel Ramón Utrera, de cuya muerte se cumplirán treinta años en 2023. ¿Puedes hablarnos de esa amistad, de sus enseñanzas?

La poesía llegó a mi vida a los once años y todo porque me mandaron a hacer un trabajo en el liceo sobre los fenicios…

Hasta ese momento yo era feliz en San Sebastián de los Reyes, hasta ese momento pensaba que lo tenía todo a mi alcance, sus ríos, sus montañitas, sus tejas y sus portones. Pero ese día me tocó ir a su biblioteca de paredes blancas pero tan blancas que no alcanzaron a pintar el material sobre los fenicios.

Lloré amargamente por ese hallazgo, me sentí como extraviada en el desierto, sin coraza ni bufanda que me defendiera de ese sol asfixiante y de esas uñas de arena en mis ojos. Esas uñas que no harían fácil para mí aprender mucho en mi amado pueblo.

Pero algo así, tan lacerante, fue lo que me trajo la poesía. Allí en esa encrucijada entre las paredes blancas de la biblioteca de mi pueblo, y quizá alguna callecita de la Malaka fenicia, hoy Málaga, encontré a don Miguel Ramón Utrera, de la mano de mi padre.

Me brindó su apoyo, su enseñanza de la preceptiva literaria, de la cultura general, nos heredó la filatelia, en cada visita todos los sábados a las siete de la noche. El porche de mi casa nos abrió el mundo a mi hermana Marielba y a mí; ese espacio se volvía luz y canto a la vida, mis gatos colgaban sus nubes alrededor de nuestros pies, mientras don Miguel hacía de esas horas, hasta la medianoche, todo un escenario de riqueza intelectual. Allí se sentaban con nosotros, cada sábado, Amado Nervo, Rubén Darío, Juana de Ibarbourou, Gabriela Mistral, Jorge Luis Borges, Azorín, García Lorca, Luis Pastori, Juan Ramón Jiménez, Miguel Hernández, Pascual Venegas Filardo, Ramos Sucre, Miguel Hernández, Machado y otros. Un buen día, don Miguel lanzó su red de poesía y me atrapó irremediablemente. Cada sábado me dejaba frases sugerentes sobre las cuales yo tendría que escribir un poema en prosa o rimado (usualmente rima asonante y con versos octosílabos). Luego me enseñó a glosar. Me encantó la glosa, él pensó que lo hacía tan bien que fue lo primero que me ayudó a publicar en la revista Arcilla de San Juan de los Morros a mis catorce años, con una presentación suya en forma de pequeño prólogo a mis glosas. Don Miguel tenía un gran sentido del humor, tantas anécdotas y vivencias desde su juventud en dictadura, su vida en Caracas, su trabajo como regente de farmacia, su trabajo como crítico de ópera para los periódicos de la capital.

 

¿Qué otras influencias has venido recogiendo en tu poesía?

Antes de la pandemia comenzaba a incursionar en la poesía contemporánea. Comencé a leer a Lezama Lima, José Kozer, Alfredo Fressia, Ernesto Carrión, Boitel y otros. Me enamoré del neobarroco latinoamericano hasta el punto que, durante la pandemia, decidí escribir Fracturas del silencio utilizando ese estilo. También volví a recorrer mucho más despacio la lectura de Saint-John Perse, Mestre, Zurita, Lina de Feria, Pizarnik, Plath, Sexton, Frost, Walcott, Salvatore Quasimodo, Matsuo Bashō, Pérez Estrada, Lorca, Pound, Elliot, Altolaguirre, Cernuda, Alberti, Guillén, Vitale, Peri Rossi y siempre, una vez más, Octavio Paz.

Toda esta lectura ha ido y seguirá transformando mi poesía.

 

Te fuiste de Venezuela mucho tiempo antes de que se desatara la gran ola migratoria de los últimos años. ¿Cómo ha sido para ti la experiencia de vivir lejos de los tuyos?

Ha sido muy triste ver toda esta gente tratando de sobrevivir, arriesgándose a todo y sin tener seguridad de nada al llegar a algún país por sus caminos verdes. Viajé a Colombia y vi tantas familias venezolanas sentadas en las aceras pidiendo ayuda, que sólo pude llorar y correr a auxiliarlos en lo que pude. Luego hace poco viajé a España y sucedió lo mismo. Me recibió en el departamento una joven de Palo Negro, Aragua, sufriendo con su niñita y comenzando de cero. Sentí tanto dolor porque viví muchas situaciones difíciles fuera de mi país, entre ellas la discriminación y el racismo. La semana pasada, por ejemplo, hablando con una nueva amiga venezolana aquí en Salem, Oregon, me contaba que sus parientes habían logrado pasar la frontera con México para llegar hasta aquí. Toda la familia llora al recibirlos y ellos cuentan sus terribles situaciones de angustia y temor. Ellos son de Barquisimeto. Todo eso además del dolor que causa dejar atrás a sus seres queridos, sus lugares de infancia, a sus amigos y su país.

 

Te formaste profesionalmente como terapista ocupacional. ¿Ha incidido de alguna forma tu carrera en tu poesía?

Nos ayuda a crecer y a transformarnos el sentir la vulnerabilidad humana en nuestro entorno, saber que no somos dioses y que cualquiera de nosotros puede enfrentar retos más allá de lo que percibimos como posible. Los niños con discapacidades y sus familias desafían cada reto y lo vencen con amor y entrega, con humildad y paciencia, celebrando hasta los más pequeños triunfos.

Esto repercute en nuestra idea de las cosas, en lo que percibimos y en nuestra reflexión sobre la vida y sus estantes maltrechos de realidades egoístas a veces, de la noción esencial de lo que es la vida y lo que realmente es importante. Todo eso hace vibrar intensamente las cuerdas de la poesía y a veces, hasta las puede afinar mejor.

De allí, del dolor de la vida, nace la poesía. Dice Zurita que de la herida nace el poema, y yo le creo.

 

En octubre de 2021 participaste en un evento para reunir fondos en ayuda a las personas afectadas por la erupción del volcán en La Palma, ¿puedes contarnos más sobre esta iniciativa social?

El 23 de septiembre fue la presentación virtual de mi libro Fracturas del silencio. Pasado este evento, me vi de frente con la situación en La Palma. Tantos amigos y seres queridos en esa isla que habita en mi corazón, tantos seres con hogares destruidos por la lava y sin esperanza de volver. Todo se iba volviendo piedra ante los ojos del mundo y sentí la urgencia de hacer algo al respecto.

Le presenté mi idea original a Casa Bukowski y, aunque al principio no les fue muy grata, los convencí de que me permitieran realizarlos. Les agradezco por valorar y respetar mi iniciativa y por apoyarla en todo sentido. Hay muchas organizaciones que tratan de quitarle valor a los logros de otras personas. Doy testimonio de que Casa Bukowski nunca lo haría porque valoran y respetan mi contribución y apoyo desde el comienzo al gran Proyecto Internacional Casa Bukowski, el cual hoy día es ONG.

De estos eventos surge la iniciativa de dos importantes poetas de México y Cuba, para crear una antología con la poesía de los poetas participantes. La antología se titula Piedra sobre piedra y estos poetas me han seleccionado para llevar a cabo su total realización. El propósito de esta antología es convertirla en otra forma de recaudar fondos para donar a la Cruz Roja de La Palma. Será publicada a través de Amazon y todos los poetas participantes tendrán acceso a su página de ventas y publicidad en Amazon Kindle Publishing; así mantenemos la transparencia que amerita una antología formada por veintiocho autores, con ese fin.

 

Tenemos casi dos años en pandemia. ¿Cómo ha afectado esto tu vida y tu poesía?

Mucho; para comenzar, tuve que cambiar la forma de dar terapia a los pacientes. Era marzo de 2020 y llegaba a mi oficina una computadora con los programas, cámara de documentos, suscripciones a programas terapéuticos digitales como Boom Cards, Teachers Pay Teachers y otros.

Este tiempo ha sido muy triste, tantas despedidas para siempre de familiares y amigos de infancia. En la distancia ese momento del último abrazo se quiebra y sangra continuamente con cada lágrima. Y seguirá doliendo en el recuerdo.

Todo cambió de repente, sobrevinieron las mascarillas, el énfasis sanitario para evitar el contagio, etc. Se vivía en una total paranoia. Pero entonces surgió de ello la oportunidad de participar en muchos eventos a través de plataformas como Zoom y StreamYard, lo cual no hubiera podido hacer en persona debido a mi compromiso con mis pacientes. Conocí muy interesantes poetas internacionales a quienes ahora puedo llamar amigos, emprendí la conquista del neobarroco latinoamericano y escribí Fracturas del silencio. Así que, por lo menos en cuanto a mi experiencia en la poesía, la pandemia trajo oportunidades y amigos en la poesía, reencuentro con los viejos amigos y ahora hasta la posibilidad de crear estos dos eventos por StreamYard, uniendo grandes voces de la poesía contemporánea en total solidaridad con los afectados por el volcán de La Palma.

 

¿Cómo es Carmen Rojas Larrazábal al escribir? ¿Te gusta escribir al momento en que te vienen las ideas o sigues algún tipo de disciplina?

Ambas cosas. Siempre tengo a la mano una libreta, un papelito, algo donde escribir una idea poética que luego puedo desarrollar con más tiempo. Pero casi nunca las dejo escapar y ahora menos que tengo el teléfono para grabar rápidamente un mensaje de voz con la idea poética.

A veces, cuando no logro escribirlas, vuelan sobre mis ojos con grandes alas tapándolo todo y no dejan de volar hasta que las escribo.

Hablando de alas, soy ave nocturna, así que escribo a partir de la medianoche. La noche, el silencio y la madrugada son mis aliados constantes y es allí, sentada en sus peldaños, donde leo y escribo continuamente.

 

¿Estás preparando en la actualidad algún otro libro?

Estoy escribiendo un poemario para enviar a concursos internacionales ya que nunca lo he hecho y en eso me concentro. Este poemario pienso que estará listo para febrero de 2022. Veremos qué sucede. Lo lindo es el proceso de escribirlo e intentarlo con alegría, como un juego nuevo en el patio de recreo entre los árboles de la escuela Pedro Aldao, mi escuela primaria, la cual nunca dejó de habitar mi corazón. Como decía mi mentor, don Miguel, “¿quién no tiene un patio en su corazón metido?”.

Jorge Gómez Jiménez