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Rafael Acevedo:
“Soy un escritor que toma riesgos”

domingo 13 de marzo de 2022
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Rafael Acevedo
Rafael Acevedo: “Hay que renovar los imaginarios políticos, recuperar memorias residuales, crear espacios alegóricos”.

Rafael Acevedo (Santurce, Puerto Rico, 1960) es escritor, periodista, editor y docente-investigador de Lenguas y Literatura en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Estudió literatura en Stony Brook University (Ph.D., 1990), luego de completar su grado en Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico. Entre 1983 y 1987 tuvo a su cargo la dirección de la revista Filo de Juego. Como escritor, se mueve entre el teatro, la poesía, la novela y el ensayo, académico y periodístico. Dirige la sección En Rojo del semanario Claridad de Puerto Rico, por segunda ocasión. Creo que fue en la primera ocasión que me inicié escribiendo cuentos y ensayos en dicha sección y Claridad. También conocido como Al Rafah, ha dado respuesta a mis preguntas. Sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

En 2001 publicó su novela Exquisito cadáver. ¿De qué trata? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarla?

Comencé a trabajar en la idea de Exquisito cadáver mientras estudiaba en Nueva York. Era mi primera experiencia viviendo en una megalópolis. Todo me parecía como una experiencia surreal debido al desarraigo. Así que comencé a pensar en un relato del futuro, en clave surrealista, pensando en lo mucho que se parecía aquella ciudad a la ciudad de Metrópolis de Fritz Lang o a Los Ángeles de Blade Runner, de Ridley Scott. Así que escribí mi propia película. Una mirada prospectiva. En resumen, es un texto en el que uso características de la novela de detectives —un hombre debe investigar un asesinato— pero en realidad es la muerte de la realidad tal como la conocemos en la modernidad clásica. El protagonista, como yo a la caída del Muro de Berlín, es atrapado por la información y las nuevas tecnologías. Ese es el accidente, el hoyo negro, la ópera espacial, ese vértigo sobre y desde el ser. Siempre la pensé como una cantidad diversa de estructuras estéticas, sobrepuestas, como una arquitectura caótica. La intención es que de esa yuxtaposición surja un tejido poético. Por supuesto, hay humor porque ese sería un antídoto contra la angustia que provoca el caos.

La oportunidad de trabajarla y editarla finalmente ocurre en un momento difícil en lo personal y en lo laboral. Así que ese trabajo de escritura se convirtió en un espacio de estabilidad.

 

De joven escritor impetuoso y acrítico me he convertido en un escritor impetuoso pero mucho más crítico.

¿Qué relación tiene su trabajo creativo previo a Exquisito cadáver y su trabajo creativo-investigativo entonces y hoy? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueño-caribeño y su memoria personal o no de lo caribeño dentro de Puerto Rico y el Caribe?

El trabajo previo a Exquisito cadáver es similar. La base de mi escritura es el estudio y la investigación histórica —que incluye la historia literaria— de Puerto Rico. También la participación, dentro de mis posibilidades, en el marco de la lucha por la independencia y por el desarrollo de una base material que permita la vida digna de todas y todos en este territorio particular. Pero esa labor no se refleja de manera mecánica en lo que escribo. En la poesía, en Exquisito cadáver o en las novelas posteriores, voy teniendo claro que el fin del siglo XX y el comienzo de este exigen otras cartografías para el viaje. Hay que renovar los imaginarios políticos, recuperar memorias residuales, crear espacios alegóricos. ¿Cómo dramatizar la distancia entre el deseo de soberanía política y cultural y la imposición de la subordinación a una metrópoli? Bueno, eso es un trabajo continuo. Y se convierte hasta en un ejercicio filosófico de pensar sobre el pensar: ¿tiene la escritura algún potencial revolucionario? ¿El diseño neoliberal permite libertades más allá de la metaforización? Pues, creo que sí. Y de eso escribo. El Caribe —ese rico imaginario de múltiples identidades— y Puerto Rico —esa narración que pide que se le escriba— están ahí como constantes. Insisto, sin embargo, en que la literatura, el arte en general, no es sólo un espejo.

 

Si compara su crecimiento y madurez como persona, escritor, docente, investigador, editor y antólogo con su época actual de escritor en Puerto Rico, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

A cuarenta años de haber publicado mi primer libro he pasado por varias transiciones. De joven escritor impetuoso y acrítico me he convertido en un escritor impetuoso pero mucho más crítico. La maduración —que no sé muy bien lo que significa pero me imagino ser un mangó— permite una mirada más serena sobre qué cosas son necesarias y pertinentes. Me interesó siempre la difusión y por eso dirigí revistas (Filo de Juego) y me integré a proyectos editoriales aquí y mientras viví en Nueva York. Pensé —pienso— que fomentar y crear espacios editoriales es importante en la isla. Tanto porque se enriquecen una memoria y un pensar colectivos, así como se libera la creación de los marcos de las grandes editoriales que son prácticamente monotemáticas. Esa madurez supuso también mi compromiso con el periodismo cultural, en el que llevo treinta años.

 

¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y el Caribe? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo e investigativo a su quehacer literario?

No sé si los núcleos generacionales son tan determinantes como se cree. Me parece que hay épocas en las que surgen determinados grupos que le dan cohesión a ciertas propuestas y poéticas. Pero no hay determinismo en eso. Cuando uno es joven cree que inventa el mundo y luego se da cuenta de que hay mucha gente, muchos jóvenes, creyendo lo mismo con diferentes métodos. Así, por ejemplo, mientras mis compañeras y compañeros de Filo de Juego leíamos a Cortázar y a Roque Dalton con delirio, había otros grupos haciendo sus propias revistas con perspectivas e intereses diferentes. Comparto puntos de vista de escritores de la década del 60 —el marxismo como marco de análisis—; de la década posterior comparto la absoluta libertad creativa no determinada por el materialismo dialéctico (aquí debería ir un emoji de carita feliz) y con escritoras y escritores actuales tengo una relación de retroalimentación, de intercambio. Publico sus trabajos, leo y sigo los proyectos editoriales recientes. Eso porque la cultura es tan dinámica y tan rica que tratar de buscar unas características generales generacionales es un intento divertido pero me parece que no aporta demasiado.

Con respecto a escritores del Caribe, se circunscribe a escritores del Caribe hispano y encuentro grandes coincidencias y ha sido muy agradable conocer —por ejemplo— escritores cubanos y dominicanos que escriben ciencia ficción y observar las diferencias y similitudes en esas obras.

 

Es importante que nuestra creación literaria sea conocida en el resto de Latinoamérica. Estamos aquí.

Ha logrado mantener una línea de creación literaria enfocada en la poesía, el teatro, el cuento y la novela. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?

Nuestra literatura es muy diversa y tiene ejemplos formidables. La recepción de esa escritura en el exterior es mínima por razones de mercado y por razones políticas. Puerto Rico es un mercado pequeño. Además, no existen relaciones diplomáticas, comerciales, de ninguna índole con otros Estados soberanos. Sin embargo, gracias a esa gran producción, a la laboriosidad de nuestros escritores, existe una presencia notable en el exterior. Eso lo catalogo como un acto de resistencia aun cuando la intención de algunos no sea esa. Aquí se escribe, se diseña, se publica, y tanto el quehacer académico como el literario independiente se reconoce en el exterior.

En mi caso particular me siento satisfecho de mi trabajo. Si bien es cierto que Exquisito cadáver fue el texto que se publicó en cinco países simultáneamente, pude viajar a Cuba, República Dominicana y ciudades norteamericanas antes de publicar novelas gracias a la poesía. Ese diálogo con otros espacios más allá del nacional permite también restablecer contactos con gente laboriosa de la isla y, además, darlos a conocer. Es importante que nuestra creación literaria sea conocida en el resto de Latinoamérica. Estamos aquí.

 

Sé que es usted de San Juan, Puerto Rico. ¿Se considera un escritor puertorriqueño o no? O, más bien, un escritor, sea éste puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

Soy un escritor puertorriqueño que hace décadas está en diálogo con ejes temáticos diversos, como la virtualidad, las tecnologías de información, la globalización, lo posnacional, y eso lo hago desde una isla en el mar Caribe. Creo que soy un escritor que toma riesgos. Me parece que esa primera novela de ciencia ficción que se publicó en puerto Rico hace veinte años fue un riesgo que asumí como necesario. Un modo de repensarme y de repensarnos.

Como complemento, llevo tres décadas colaborando con periodismo independiente e independentista. Es el compromiso que asumí. Y desde ese espacio también he tratado de traer a la discusión los vectores que acabo de mencionar. Por otro lado, desde el punto de vista estrictamente académico, mis intereses principales son las maneras en las que la ciencia —incluyendo su fabulación— se va insertando en la práctica literaria nacional, como la historiografía y la ficción se entrelazan en nuestros modos de narrarnos y la poesía. Soy un escritor puertorriqueño que piensa que la puertorriqueñidad se construye constantemente. También soy un universitario puertorriqueño que defiende la educación pública y el acceso de todos a los bienes culturales e intelectuales del universo conocido y por conocerse.

 

¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo y su formación en literatura e hispanista de origen puertorriqueño?

Mi formación académica en literatura hispánica se vio felizmente intervenida por el estudio de otras literaturas. Norteamericana, latinoamericana, italiana, y comencé desde muy joven a leer literaturas japonesa y china, sobre todo poesía, en traducciones de todo tipo. De hecho, la novela que más he disfrutado escribir está fundamentada en una experiencia personal juvenil y un estudio obsesivo de la cultura china y japonesa. Debo decir que, académicamente, deconstruí y reconstruí mi formación.

Lo relativo a la identidad étnica y de género también supuso procesos de reconstrucción y deconstrucción. Mucho estudio, y experiencia vital, que permiten aprender y reconocer la fluidez y la riqueza de los vectores de identidad. Realicé —y realizo— ejercicios de escritura y leo con mucha atención a escritores de los que aprendo.

 

¿Cómo se integra su trabajo creativo a su experiencia de vida como estudiante antes y después de su paso por la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor en Puerto Rico hoy?

La UPR fue el lugar que me permitió acceso al capital cultural universal sin necesidad de provenir de una familia burguesa o acomodada. Por eso la defensa de la educación universitaria pública es una de mis luchas. La universidad fue —y debería ser— el espacio que ofrezca a todos la posibilidad del desarrollo pleno del intelecto, de las capacidades intelectuales, del pensamiento crítico, de la imaginación y la creatividad. Esa creencia y, en mi caso, esa experiencia liberadora, permanece. El deseo de comerme una biblioteca, ver todas las películas, danzar, conocer los misterios de la ciencia, se lo debo a una universidad pública que ponía a mi disposición todo el conocimiento posible. Yo trato de escribir lo más que pueda como una necesidad de comunicar esa felicidad de tener acceso al conocimiento y a la duda eterna. Quiero convencer a todos de que el capital cultural del universo les pertenece. Que lo hagan suyo.

 

Para los que comenzamos a escribir e investigar antes de que se popularizaran las redes, Internet es una especie de paraíso que también tiene su lago de azufre.

¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo y a la temática ficcional o no del mismo? ¿Cómo ha variado?

Me parece que hoy tenemos acceso a más información, a más literatura y a más ruido. Hay una relativa democratización del acceso a información. Digo relativa con énfasis. La recepción en términos de lectores es mayor. Quizás la lectura en décadas anteriores era más atenta. Más profunda. Pero no me atrevería a decir que ese acceso más restringido y más ¿sereno? Es mejor o peor.

En cuanto al trabajo creativo o investigativo, las redes facilitan enormemente el trabajo de edición, búsqueda, intercambio. Para los que comenzamos a escribir e investigar antes de que se popularizaran las redes, Internet es una especie de paraíso que también tiene su lago de azufre. Es más difícil ejercer criterio, poner límites, derivar una reflexión sobre lo que se escribe o sobre lo que se lee. Sin embargo, repito, lo veo como una diferencia sin hacer un juicio de valor. No me interesa demasiado discutir si es mejor o peor. Es.

 

¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

Quiero ayudar a organizar un medio noticioso y de análisis con perspectiva independentista. Otros proyectos son publicar los primeros libros de escritoras y escritores —no importa la edad—; seguir publicando los libros de quienes pienso son importantes renovadores del discurso literario nacional; ampliar el grupo de colaboradores del periódico Claridad; volver a organizar el Congreso de Ciencia Ficción del Caribe…

En lo personal hay un libro de crónicas y relatos casi listo, una novela histórica, un libro de ensayos crítico-literarios y par de libros de poesía. Pero no tengo mucha prisa por publicar.

Wilkins Román Samot

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