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Alejandro Vásquez Escalona, escritor y fotógrafo:
“Hablo de los asuntos nimios de la vida”

domingo 3 de abril de 2022
Alejandro Vásquez Escalona
Alejandro Vásquez Escalona: “Escritura y fotografía habitan en mí como la dinámica del universo asumido como complementariedad y no como competencia y clasificación”.

En la escritura y en la fotografía, Alejandro Vásquez Escalona busca la complejidad como expresión. Más que la complejidad, Alejandro tiende a una diversidad que quiere decirlo todo de una buena vez; que desea poner orden en el caos, pero sin que la belleza libertaria del caos se inhiba.

Es un intelectual, un artista, un docente, en cuyo interior persiste la juventud como un esfuerzo guardado, la juventud jamás perdida, renovada en cada gesto y en cada acción que ejecuta a favor de la vida y de la imaginación. Sus imágenes tienen vida. Reflejan frescura y contienen un desafío irreverente que no es artificial, que se mantiene como un aspecto definitorio.

Las imágenes surgidas de la cámara y la voluntad de Alejandro Vásquez Escalona son como fachadas para mostrar algo interior; como radiografías anímicas. Son obras fáciles de comprender pero que no necesitan ser comprendidas.

Alejandro Vásquez Escalona vive en Montevideo, se considera un migrante económico que tiene más de sesenta años de edad, pero sin dejar de correr varios kilómetros a la semana.

Hablando sobre cierta clase media inglesa a principios del siglo pasado, Chesterton la definía así: “La clase que se interesa por las letras, pero que no siente ambición por ellas, la clase para la cual la poesía es un lujo, pero no una necesidad”.

Tal vez por persistir en nuestras sociedades una característica similar a lo mencionado por Chesterton, es que ha pasado un tanto desapercibido el talento de Alejandro Vásquez Escalona, escritor y fotógrafo venezolano.

Cada persona iza las velas de su destino, cada quien escoge su morada, su público, su ambiente. Y Alejandro Vásquez Escalona mantuvo en Maracaibo la vibración de sus creaciones como un aporte a la comunidad universitaria, que se benefició con su dedicación como docente universitario responsable y fraterno. En esa capital también mostró su arte fotográfico, su escritura de narrador y poeta. Allí vivió y desarrolló su objetivo de vida. Ahora otra ciudad, cerca del agua como Maracaibo, le presta su escenario.

Actualmente Alejandro Vásquez Escalona vive en Montevideo, se considera un migrante económico que tiene más de sesenta años de edad, pero sin dejar de correr varios kilómetros a la semana. Se resiste en lo físico, se resiste en lo espiritual y vive en la armonía de quien nunca pierde el rumbo. Lo que deseaba realizar en escritura y fotografía está ahí, a la vista y no deja de ser interesante, porque él representa a los creadores de arte que sólo cuentan con el amparo de lectores y espectadores. Él persiste en sus búsquedas incansables, inagotables. El talento de Alejandro no se ha esfumado, su creatividad tampoco; están ahí como lenguajes que desean expresar algo a su manera. Y lo hacen en un mundo donde a veces es necesario esperar con paciencia el surgimiento de los testigos idóneos que reconocerán una obra o un esfuerzo.

Alejandro ha definido su fotografía mostrando al mismo tiempo los rasgos de su escritura:

Intento construir un corpus discursivo que entreteja desde la yuxtaposición de dos o más imágenes con significados distintos para producir otros sentidos de significación. Un diálogo entre varias imágenes que han surgido de contextos distintos, pero que se entrecruzan y dejan un rastro de conversación entre éstas. Una especie de alusión al montaje de atracciones iniciado por cineastas rusos como Sergei Eisenstein. Entre cielo y tierra nada nuevo. Asumo que este mundo perdió su virginidad, su capacidad de asombro. Por eso visito el pasado sin nostalgia, tratando de sugerir a quienes participen de este recorrido mi convencimiento de que en un universo desvencijado no estoy prometiendo nuevos territorios; hurgo lo sabido, con ironía. Me divierto con hedonismo, arremolinando fotografías que conversan, cuchichean sobre complejas posibilidades en su entrelazamiento. Con todo, esa complejidad surge de lo sencillo. De mirarse y sonreír al saberse vistas por la otra imagen.

 

Alejandro Vásquez Escalona
Alejandro Vásquez Escalona: “Me asumo anarquista/pacifista. Y no de ahora. Desde hace unos cuarenta y largos años, cuando conciencié que en política y poder existen muchas películas repetidas que ya vi”. Fotografía: Lotty Guerra

Resumen curricular

Alejandro Vásquez Escalona (Arenales, Trujillo, Venezuela, 1956). Fotógrafo. Docente de la Escuela de Fotografía Julio Vengoechea y la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Zulia (Maracaibo, Venezuela, 1987-2018). Licenciado en Periodismo Audiovisual en esa misma universidad (1986). Tiene un posgrado en Teoría de las Artes en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna (Tenerife, España, 2003).

Cursó un Máster en Creatividad Aplicada Total en la Universidad Santiago de Compostela (1998). Ha expuesto su trabajo fotográfico en distintos museos y galerías de arte: Analogías anacrónicas, Centro de Bellas Artes (Maracaibo, 2011); muestra inaugural del Museo de Arte Contemporáneo del Zulia: El infinito canto del sol (Maracaibo, 1999). Ha sido galardonado con unos doce premios en fotografía y periodismo, además de publicar Seis fotógrafos, seis visiones (1998); Retrato, autorretrato y representación (2005), y Anotaciones sobre el reportaje y el ensayo fotográficos (2010), y Como la luz cálida: crónicas de familia en pandemia (2020). Actualmente en proceso de diseño los libros de cuentos y fotografía Postales del hastío y Cuentos de fotografía. Migrante económico. Publica crónicas y cuentos en @noticiaaldia. Reside en Montevideo, Uruguay. Es profesor invitado a los talleres de fotografía y escritura en Aquelarre Escuela de Fotografía.

 

La entrevista

¿Qué buscas con las fotografías compuestas?

El disparador creativo para mis fotografías actuales fue algo que le vi en 2007 a mi esposa, Ivett García, fotógrafa también. Ella no insistió en su idea inicial. A finales de 2010 comencé una especie de juego de caleidoscopio con las imágenes que hacía y que tenía en mis archivos. Terminé Analogías anacrónicas. Eran unas veinticinco fotografías construidas que abordaban desde lo personal, lo hogareño, lo político, los amigos. Se expuso inicialmente en 2011, en el Centro de Bellas Artes en Maracaibo. Después en Mérida. Esta indagación parte de la idea del montaje de atracción del cine ruso de los años veinte. Cada imagen tiene su sentido. Cuando la asociamos a otras genera nuevas significaciones. Es un diálogo entre imágenes. No son dípticos ni trípticos. Son fotografías narrativas.

Con la fotografía intento viajar introspectivamente hacia mi imaginario, que va desde un origen campesino hasta el oficio de fotógrafo, escritor urbano, pasando por mi labor de docente universitario. Deseo narrarme. Sin egoísmos, porque soy un ser humano similar a cualquier ser viviente sobre este planeta. Cuando intento hablar con la fotografía, en ese tren viaja el otro, con todos mis afectos. No me seducen los grandes relatos. Soy periodista egresado de la Universidad del Zulia. Me siento contento de haber estudiado e intentado enseñar esta profesión, pero su discurso de relevancia, actualidad y contingencia no me enamora en este momento. Creo que la paz y armonía que busco con mi oficio habitan en mi corazón. La tierra seguirá como es, la violencia, el desamparo. Si aporto algo en superarlos, aleluya. Pero cada ser humano tiene la fuerza de su salvación.

 

Fotografío micromundos visuales pensativos. A veces un retrato de alguien.

Eres escritor también. ¿Tus temas tienen que ver con la fotografía?

Escribo relatos cortos. Quizás son crónicas o cuentos. No me preocupa eso. En estos textos casi siempre está la presencia de un fotógrafo. A veces de un corredor. Troto seis días a la semana, cada tarde. Tengo sesenta y largos años, asumo que “I am old man, but I am happy”. Lo que vivo, siento, veo en los parques donde corro, en el mercado donde compro la comida, son estímulos para escribir. A veces ficción, a veces realidad. Esos límites tampoco me quitan el sueño. Y en esos relatos hablo de los asuntos nimios e intrascendentes de la vida, porque así deseo habitar este territorio.

No llevo siempre mi cámara. Así lo hacía cuando joven, como nos recetó Henri Cartier-Bresson con su heroísmo de la visión. Ahora la llevo ocasionalmente. Fotografío micromundos visuales pensativos. A veces un retrato de alguien. Guardo esas imágenes en mi archivo en la portátil Acer anémica de 2011. A veces hago anotaciones textuales en un cuaderno. Cuando me siento a trabajar (disfrutar) todas las mañanas, ocurre el eureka, en ocasiones, en otras no, pero escribo o construyo fotografías casi todos los días.

 

¿Desde cuándo eres fotógrafo?

Soy fotógrafo desde los años ochenta del siglo pasado. Soy profesor jubilado titular a dedicación exclusiva de la Universidad del Zulia. Allí intenté compartir conocimientos de cine, fotoperiodismo y escritura de crónicas durante 32 años con los jóvenes. Debía trabajar veinticinco años. El sobrante lo hice porque sí. Porque me causaba alegría. Y porque habitar entre jóvenes me permitía empinarme para dispararle a la luna. Puede que en ese tiempo le haya acertado a algún lucero despistado. Esas balas eran de salva. Formaron parte de mi actuación en este escenario de vida.

 

“Anotaciones sobre el reportaje y el ensayo fotográfico”, de Alejandro Vásquez Escalona
Anotaciones sobre el reportaje y el ensayo fotográfico, de Alejandro Vásquez Escalona (Editorial Académica Española, 2010). Disponible en Amazon

¿Predomina la fotografía en ti o la escritura?

Escritura y fotografía habitan en mí como la dinámica del universo asumido como complementariedad y no como competencia y clasificación. Las dos expresiones, entre otras cosas, me permitieron mantenerme sobre la cresta de la ola en los torbellinos de estos tiempos. Ahora que las abordo cotidianamente, sé que cuando escribo necesito soledad y concentración. Cuando construyo una fotografía con las imágenes que he traído de la calle, puedo hablar con una amiga de asuntos del corazón. El momento de fotografiar sí es parecido a escribir. Es un trance. Uno no existe. Sólo la palabra bañando los personajes, el ambiente, los sentimientos… Y el ojo/mente asomándose por la ventanita de cristal.

 

¿Cuál fue tu primera cámara?

Mi primera cámara fue una compacta casera. Posiblemente mi primera fotografía fue un retrato de cuerpo entero de mi hermano y su hijo al lado del lago de Valencia en un conuco que éste poseía. Empezaba a estudiar periodismo, para ser como Truman Capote, o Tom Wolfe. O Mailer. Después vino la realidad. Soy Alejandro Vásquez Escalona, fotógrafo, escritor, trotador y campesino.

 

No me cobran el aire que respiro. Nadie me persigue por mis ideas. Pero puedo sintetizar nuestra tragedia.

¿Cómo has vivido la pandemia?

He vivido la pandemia entre Venezuela y Montevideo. Entre el dolor y la alegría. Entre el deseo de morir y ahora el deseo inconmensurable de vivir, escribir y crear imágenes con mis fotografías. No me contagié de Covid. Vivía con dos hijos, mi nuera y mi ex esposa. Todos lo padecieron simultáneamente. Yo no sentí nada. Posiblemente el virus fue piadoso conmigo. Con ellos también. Fue como una gripe suave.

No creo que dos más dos son cuatro, pero hasta ahora me la paso bien con esta ecuación: meditación budista, ejercicios, escritura, fotografía, lectura, trote, deseos de servir, compasión, silencio: igual a vida sencilla. Y dos más dos no son cuatro porque eso ha servido para mí. No lo receto, ni lo sermoneo. Cada quien tiene su ritmo y su senda. “Así me bebo la vida. No dejo que la tristeza pase por el ojo de mi corazón”, como dijo Víctor Valera Mora.

 

¿Intentas crear una especie de discurso con imágenes?

Vengo de un país despedazado. Soy un migrante económico. No me cobran el aire que respiro. Nadie me persigue por mis ideas. Pero puedo sintetizar nuestra tragedia: me jubilé con la máxima categoría académica que se concibe en las universidades autónomas venezolanas y hasta hace unos meses mi salario solamente alcanzaba para pagar el condominio (gastos comunes) de mi hogar a la orilla del lago Coquivacoa en Maracaibo que aún conservo. Ahora lo aumentaron, y quizás alcanzará para que mi hermano pinte ese hogar en diciembre y se compre una caja de cervezas y las disfrute mientras lo hace. Y escuche un vallenato colombiano, seguramente.

Me asumo anarquista/pacifista. Y no de ahora. Desde hace unos cuarenta y largos años, cuando conciencié que en política y poder existen muchas películas repetidas que ya vi. Apuesto por la gente que resiste en mi país, porque no pudo salir o porque le dio la gana de quedarse. Por mi hermano Jesús María que en su finquita, en la montaña de los Andes trujillanos, habita entre neblina y cantos de cigarra. Por mi hermana Carmen en Valencia, que no pierde el sosiego en cualquier travesía. Y por Nabor el otro hermano urbano que sonríe siempre, siempre, sin estridencias, allá en Maracaibo.

 

“Como la luz cálida: crónicas de familia en pandemia”, de Alejandro Vásquez Escalona
Como la luz cálida: crónicas de familia en pandemia, de Alejandro Vásquez Escalona (2020). Disponible en Amazon

¿Cómo has vivido la situación del país?

Puedo jugármela por cualquiera de los casi siete millones de migrantes venezolanos esparcidos por la tierra. Unos detrás de la sobrevivencia diaria. Otros de ilusiones profesionales y algunos en busca de poder adquirir un televisor pantalla plasma más grande, como dice una amiga ex tupamara de acá. Apuesto por Selenia, muchacha montevideana, estudiante de fotografía y meditadora de paz. Por mis hijos y por mi ex mujer, jodida, pero indoblegable (ni yo pude). Apuesto por vivir borracho de alegría y armonía en cualquier pedazo de la tierra. Aún bajo los bombardeos. O los platos del almuerzo con espacio sobrante. Déjenme escribir. Fotografiar. (Guiño a Orlando Araujo).

 

¿Dónde vives? ¿En qué trabajas ahora?

Ahora vivo en Montevideo, Uruguay, país maravilloso, mar de espíritus solidarios, de amplitud de sentimientos; de inagotable capacidad de convivencia. País donde le partieron el espinazo a la xenofobia. Dicto talleres ocasionales de fotografía y escritura en Aquelarre Escuela de Fotografía. Publico dos veces al mes relatos y fotografías en Noticia al Día, un portal venezolano de Julio Reyes, amigo de hace treinta años. Habito con mi hijo Samuel. Budista también sin estudiarlo, ni proponerse practicarlo como forma de vida. (No religión. No religión). Llevo vida sencilla. Me empeño en vivir hoy. Por eso trabajo hedonistamente desde las 5 hasta las 18:30 horas cuando termino la dinámica diaria de trote y apago mi móvil. Busco sitios donde publicar. Que me pague para las frutas, verduras, granos y semillas de cada día. Se escuchan propuestas. Y es en serio. Mi correo es acuantola@gmail.com. Aleluya. Nos estamos viendo.

José Pulido