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Irizelma Robles Álvarez:
“Cuando escribo poesía lo hago desde mí sin mí”

domingo 17 de julio de 2022
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Irizelma Robles Álvarez
Irizelma Robles Álvarez: “Hoy en día siento una madurez en mi poesía que se debe a la inmadurez de mi primer libro y de otros que he escrito”. Fotografía: ADÁL (2018).

Irizelma Robles Álvarez (Hato Rey, Puerto Rico, 1973) es antropóloga y poeta, docente e investigadora. Estudió su doctorado en Estudios Mesoamericanos en la Universidad Nacional Autónoma de México (Ph.D., 2002), y su licenciatura en Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico (B.A.). Algunos de sus trabajos creativo-investigativos son De pez ida (Isla Negra, 2003), Isla Mujeres (Fragmento Imán, 2008), La marejada de los muertos: tradición oral de pescadores de la costa norte de Puerto Rico (2009), Agave azul (Folium, 2015), El libro de los hechizos (Folium, 2018), El templo de Samye (Folium, 2020) y Lacustre (América Invertida y Obra, 2021). Por este último obtuvo en 2019 el Premio Internacional de Poesía Pedro Lastra. Su trabajo creativo-investigativo ha sido publicado o presentado en Puerto Rico, República Dominicana y México. La antropóloga y poeta ha contestado todas mis preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

—Hace algún tiempo publicó La marejada de los muertos: tradición oral de los pescadores de la costa norte de Puerto Rico (2009). ¿De qué trata dicho ensayo de investigación? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarle?

—La anécdota detrás de esa investigación es que un día daba clases en la UPR de Bayamón y el clima cambió abruptamente, tanto que no pude dejar de mencionarlo al grupo. Un joven me comentó que el cambio en el clima se debía a la marejada de los muertos. Le pregunté cómo sabía eso, de dónde había salido esa expresión y me explicó que él surfeaba y que lo había escuchado de otros pescadores. Yo supe inmediatamente que estaba ante una metáfora de la tradición oral puertorriqueña y me di a la tarea de investigarla. En dicho ensayo investigo no sólo la metáfora de la marejada de los muertos que, según los pescadores, entra el Día de los Muertos o el 2 de noviembre, sino otras tantas formas de dar sentido a su contexto de vida y trabajo. Poco a poco, al profundizar en la investigación, que consistió principalmente de entrevistas e historias de vida, fui viendo otras tantas figuras del lenguaje que facilitaban la transmisión oral de los saberes acumulados entre pescadores. “Mardecir”, título del primer capítulo del libro, para dar un ejemplo, surgió como un juego de palabras cuando descubrí que en el mar no se podía maldecir o blasfemar, que tal acción de parte de otro pescador conllevaba un castigo doble, sobre la yola y los que iban en ella porque podían sufrir un súbito golpe de mar o que el tiempo se pusiera malo, y sobre el que blasfemó a quien inmediatamente se le devuelve a la orilla y se le expulsa del oficio.

Mi trabajo creativo como poeta llegó más lejos en Puerto Rico que en México porque aquí pude escoger el marco teórico de mi trabajo.

—¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo a La marejada de los muertos y su trabajo creativo-investigativo posterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueña o caribeña y su memoria personal de la literatura de Puerto Rico o fuera?

—En México yo formaba parte del equipo de investigación de un proyecto de antropología social titulado “Sistemas de mercado de la Huaxteca”. Allí investigué junto a mis colegas los mercados tradicionales de la Huaxteca en los estados de Hidalgo y Veracruz. Regresé a Puerto Rico en 2002 y en 2005 di inicio a la investigación de los pescadores porque necesitaba dar continuidad a mi experiencia como etnógrafa en el contexto de Puerto Rico. Sin embargo, mi trabajo creativo como poeta llegó más lejos en Puerto Rico que en México porque aquí pude escoger el marco teórico de mi trabajo, la semántica en este caso, y dar rienda suelta a la poesía y sus tropos en el lenguaje que utilicé para estudiar a los pescadores y en el lenguaje que ellos usaban para explicarme su oficio. La marejada de los muertos es un trabajo más poético que etnográfico, o igualmente poético que etnográfico.

—Si compara su crecimiento y madurez como persona, docente, investigadora y escritora con su época actual en Puerto Rico, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

—Más que diferencias, observo un crecimiento que se ha dado paulatinamente, paso a paso, poco a poco. Hoy en día siento una madurez en mi poesía que se debe a la inmadurez de mi primer libro y de otros que he escrito; atravesar, pasar por esos años de escritura poética, único género que practico, me ha llevado a reconocer una voz más madura que, insisto, le debo a esos primeros ejercicios donde no dominaba tanto la materia poética. Es decir, he madurado por acumulación.

Mis libros de poesía, tres de ellos, están en una relación intrínseca con mis estudios.

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de escritores, investigadores y estudiantes con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo-investigativo a su quehacer de escritora e investigadora y su trabajo escrito de interés literario?

—Es fácil de contestar esta pregunta. Yo estudié en México la carrera de Estudios Mesoamericanos, allí me especialicé en cultura y lengua náhuatl y me centré con particular interés en los mexicas y sus vecinos en la Cuenca de México. Mis libros de poesía, tres de ellos, están en una relación intrínseca con esos estudios. En el poemario Isla Mujeres trabajo con las diosas prehispánicas del área maya; en el poemario Agave azul busco las voces y los cuerpos indígenas con quienes conviví durante mi trabajo de campo en la Huaxteca, y, por último; en Lacustre, poemario que me ganó el Premio Internacional de Poesía Pedro Lastra, reescribo el mito del nacimiento de Huitzilopochtli desde la perspectiva de la diosa de la luna, Coyolxauhqui.

—Ha logrado mantener una línea de creación-investigación enfocada en la antropología y la creación poética en y desde Puerto Rico. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?

—Al principio, creo que dio problemas en Puerto Rico una obra poética cuyo corpus temático era la vida en México, los dioses mayas y aztecas, la comida y la bebida mexicana, pero he escrito otros tantos libros de diversas temáticas que me han ganado el respeto de mis pares y yo no puedo menos que agradecerlo devolviéndoles mi lectura y mi admiración. Lamentablemente, no te puedo describir cómo ha sido acogida mi obra fuera de mi país, porque se me ha hecho muy difícil llevar mi poesía a otros países, o que me traduzcan; en fin, soy una poeta muy local todavía, me conocen en mi país y un poco quizás en otros, pero poco a poco, paso a paso nos vamos dando a conocer. Es algo que me interesa por mi obra y por mi país, trascender los límites de la isla.

—Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera una investigadora puertorriqueña o no? O, más bien, una investigadora, sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—Yo me siento puertorriqueña y borimex, las dos cosas a la vez; entiendo a José Luis González, a quien tanto admiraban allá, y a quien tanto amamos acá, pero yo siempre me he sentido extranjera en México, nunca me he sentido propiamente mexicana, aunque amo a ese país tanto como al mío y paso muchas temporadas allá.

—¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política con o en su trabajo creativo-investigativo y su formación en México y Puerto Rico?

—Pues sinceramente, no dejo nunca que mi ideología política entre en mi trabajo creativo o investigativo, y te podría decir que tampoco mi identidad étnica como puertorriqueña o mi identidad de género como mujer, porque cuando escribo poesía lo hago desde mí sin mí, y esto es difícil de explicar, pero me lo explicó la investigadora y profesora universitaria Enid Álvarez; yo escribo de otros mundos y de espaldas a mi mundo inmediato tan sólo para regresar a él a través de la imagen poética.

Siento que llegué a Puerto Rico en 2002 a seguir creciendo y profundizando en el intercambio con México, país que visito frecuentemente desde hace ya veinte años.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida tras su paso por la Universidad Nacional Autónoma de México? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de investigadora y escritora en Puerto Rico hoy?

—Wilkins, yo soy Unam. Con eso te lo digo todo, pero lo que quiero decir con esa frase, propia de todos los egresados de la Unam, es que allí crecí, maduré, me hice responsable de mis temas de estudio, de mí misma. Fue allí donde encontré varios temas de mi poesía y siento que llegué a Puerto Rico en 2002 a seguir creciendo y profundizando en el intercambio con México, país que visito frecuentemente desde hace ya veinte años y que seguiré visitando porque allí está la familia de mi hija, quien nació allá y es, además de puertorriqueña, mexicana, allá están los amigos y ahora que practico budismo zen en Casa Zen en la Ciudad de México, tengo más lazos con México.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

—Estoy muy agradecida porque por lo que veo de otros colegas escritores y de mis lectores la acogida de mi obra es inmensa y tengo lectores que me regalan reseñas cuando menos las espero, o palabras de aprecio a algún libro mío, y todo eso me llena de una gran alegría.

—¿Qué otros proyectos creativos-investigativos tiene recientes y pendientes?

—Esto lo he dicho antes y lo repito porque es la verdad, yo después de que publico un libro ya no escribo por un tiempo largo. Ahora en este año se han publicado dos poemarios míos, Lacustre por la editorial Trabalis en coedición con América Invertida, y El templo de Samye por la editorial Folium. Escribo, pero los considero ejercicios más que poemas. Por ahora, el único proyecto es leer poesía y dejar que el tiempo pase hasta que algún día escriba algo que se parezca a un poema.

Wilkins Román Samot

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