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Francisco Moscoso:
“Manifestarme como puertorriqueño no es incompatible con promover y hacer investigaciones históricas”

domingo 26 de marzo de 2023
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Francisco Moscoso
Francisco Moscoso: “Soy puertorriqueño, como persona e historiador en el caso de mi profesión; y, al mismo tiempo, hermano y amigo de la gente de todos los pueblos y naciones”.

Francisco Moscoso (Mayagüez, Puerto Rico, 1949) es politólogo, sociólogo e historiador. Se formó en Ciencias Políticas (Río Piedras, 1971) e Historia en la Universidad de Puerto Rico (Río Piedras, 1974). Completó su Maestría en Historia de América Latina y el Caribe en la Universidad del Estado de Nueva York (Suny, 1975), entidad donde también se recibió de doctor en Sociología Histórica (1981). Fue docente e investigador de historia en la Universidad de Puerto Rico entre 1987 y 2019. Ha sido docente y conferenciante en la Universidad del Estado de Nueva York (1978-1985), la Universidad Estatal Paulista y la Universidad de Sao Paulo (1986-1991). Es autor de, entre otros trabajos de investigación, Tribu y clase en el Caribe antiguo (1986), Los cacicazgos de Nicaragua antigua (1991), Juicio al gobernador: episodios coloniales de Puerto Rico 1850 (1998), Sociedad y economía de los taínos (1999), Caciques, aldeas y población taína de Boriquén (2008), Caguas en la conquista española del siglo XVI (2016), Pesas y medidas en las Antillas Españolas siglo XVI (2013), Caguas en la conquista española del siglo XVI (2016), Orígenes y cultura de la caña de azúcar: desde Nueva Guinea hasta las islas del Atlántico (2017), El gran huracán: las deudas y la resistencia en Puerto Rico, 1530 (2018), y Fundación de San Juan en 1522 (2020). Él ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

Hace algún tiempo publicó usted Sociedad y economía de los taínos (1999). ¿De qué trata este ensayo de investigación y cómo recorre usted entre la etnohistoria en Puerto Rico y el Caribe? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

El punto de partida del tema y del libro se remonta a mis años de niño cuando vivía en una urbanización de clase media aledaño a un barrio de pobres, y saltaban a la vista las distinciones entre los que habitaban un lugar y el otro. A mi pregunta sobre por qué esa existencia contrapuesta, las respuestas en casa y la escuela, y escuchando a los adultos en general, eran: “siempre ha sido así”, “porque Dios quiso”, “algunos trabajan y se esfuerzan más que otros”, y así por el estilo. Cuando jugábamos beisbol, los amigos de mi vecindario estábamos equipados con bates, bola, guantes, gorras y algunos hasta con uniforme. En ocasiones, algún muchacho pobre se unía y le prestábamos un guante. Curiosamente, el desventajado socialmente fildeaba y bateaba mejor que todos nosotros. Eso no pasaba desapercibido, pero no sabíamos explicarlo bien. En la adolescencia, me preguntaba con más inquietud, y procurando respuestas más convincentes, sobre cuáles serían los orígenes de la estratificación y de las desigualdades sociales. En la escuela superior, que cursé en el Colegio San José en Río Piedras, un joven “brother” marianista americano asignó en un curso de Civics (era en inglés) la encíclica papal Populorum Progressio (El progreso de los pueblos) del papa Paulo VI, y también The Communist Manifesto de Karl Marx y Friedrich Engels. A los papás y mamás que nos compraban los libros en la tienda del colegio les resultó extraño, a los estudiantes curioso, especialmente aquel libro con una hoz y martillo rojos en la portada. En resumidas cuentas, el Manifiesto con observaciones desafiantes y explicaciones históricas me pareció más atractivo que los llamados a resolver los problemas sociales con la caridad, sin descartar las buenas intenciones.

En sus últimos años Marx escribió sobre lo que entonces llamaron el “modo de producción asiático”, como algo diferente al esquema europeo conocido.

Marx y Engels postulaban desde el inicio que la historia de la humanidad ha sido una de divisiones de clases y lucha entre ellas, y que en ello estriba la raíz del problema social; comenzaban dando ejemplos desde la esclavitud, el feudalismo y el capitalismo. Sin embargo, lo que me llamó mucho la atención fue una nota al calce donde decían que esa realidad ha sido desde “la disolución de la sociedad primitiva tribal”. Entonces, ¿cómo explicar el surgimiento de la sociedad de clases, y no por disposición divina? En sus últimos años Marx escribió sobre lo que entonces llamaron el “modo de producción asiático”, como algo diferente al esquema europeo conocido y curiosamente donde hubo un templo-estado basado en la explotación de las comunidades de campesinos libres. La lectura de la obra del jurista y etnógrafo Lewis Henry Morgan, Ancient Society (1877), le abrió los ojos, pero su muerte en 1883 impidió que elaborara más. Su amigo íntimo y cofundador de la perspectiva teórica del materialismo histórico, Engels, basado en notas de Marx, publicó El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884). Desafortunadamente, Engels pasó por alto el sistema “asiático” más antiguo, realmente basado en relaciones tributarias; Marx se dio cuenta además de que era lo que caracterizaba a la sociedad azteca e inca, y no era cuestión de geografía. El marxismo dogmático (y estalinista, particularmente que lo institucionalizó) postuló (y algunos aún lo siguen cacareando como papagayos) que de la sociedad tribal-comunal se pasó a la esclavitud de la Grecia y Roma antigua, y que la clave está en el surgimiento de la propiedad privada como base de la escisión en clases, y el resto la historia de sociedades de clases.

¿Cómo surgió el que unos se apropiaran de la propiedad comunal? Para mí hay que demostrar los procesos sociales en el terreno de la historia concreta. Leyendo sobre el caso de los taínos, con una madeja de contradicciones en la historiografía, y con crítica a los postulados dogmáticos (realmente contrarios a la práctica y al modo de adquirir conocimiento científico de Marx y Engels), eso fue lo que me llevó a descubrir en la experiencia de los cacicazgos el terreno de la transición de la sociedad tribal-comunal a la sociedad de clases y Estado.

Así pues, en el escenario de mi maestría y doctorado (combinando historia y sociología) tuve la oportunidad de investigar a fondo el asunto en mi tesis (diciembre de 1980), que luego se tradujo en libro, Tribu y clases en el Caribe antiguo (1986). Para llegar a los cacicazgos taínos fue (es) necesario conocer las etapas indígenas previas, con antecedentes remotos en Venezuela, seguido por la ocupación humana de las Antillas. El recorrido incluye los comienzos desde las comunidades gentilicias (bandas primarias u originarias de cazadores y recolectores), pasando a formaciones clánicas, seguidas por tribus, y desembocando en los cacicazgos. Las fuentes de información, el conocimiento es multidisciplinario: entrelazando arqueología, antropología, etnohistoria, política, filosofía, historia, lingüística, ideología, etc.

El libro Sociedad y economía de los taínos viene a ser una síntesis de las etapas de las sociedades del Caribe antiguo, complementado con un ensayo sobre la agricultura de nivel de cacicazgo y revolución neolítica que ayuda a explicar las circunstancias que permitieron el surgimiento de clases y Estado incipientes, como en el caso taíno.

 

¿Qué relación tiene Sociedad y economía de los taínos con su trabajo creativo-investigativo anterior y hoy?

Haber estudiado a fondo, elaborando propuestas teóricas sobre el cacicazgo, ha sido fundamental, a mi ver, para proseguir investigaciones sobre la historia colonial posterior.

Sociedad y economía… tiene por base Tribu y clases… Originalmente, cuando cursaba el doctorado, me proponía hacer una investigación sobre la primera etapa de la conquista y colonización española de Puerto Rico. Es decir, el contexto de la minería del oro y las formas de trabajo de encomienda y esclavitud a que sometieron a los indios, entre 1508 y la década de 1540. Me di cuenta de que, antes de tratar este tema, tenía que tener bien claro de qué se trataba la sociedad taína, y cómo los conquistadores aprovecharon la estructura cacical para instrumentar la colonización en sus comienzos.

Haber estudiado a fondo, elaborando propuestas teóricas sobre el cacicazgo (el modo de producción tribal-tributario), ha sido fundamental, a mi ver, para proseguir investigaciones sobre la historia colonial posterior, de los siglos XVI al XVIII. Precisamente es lo que he tratado en otros libros: Caciques, aldeas y población taína de Boriquén (2008), Caguas en la conquista española el siglo 16 (2016), El Gran Huracán: las deudas y la resistencia en Puerto Rico, 1530 (2018), y más reciente, Fundación de San Juan en 1522 (2020).

 

Si compara su crecimiento y madurez como persona, investigador y escritor, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo inicial con el de hoy?

Las inquietudes que expresé en la primera pregunta, la lucha contra las desigualdades sociales, por la justicia social, por la democracia en todo sentido, contra la dominación imperialista de donde venga (y con cualquier disfraz de derecha a izquierda), tienen raíces desde mis primeros años y forman parte de mi ser.

Por supuesto, en el ámbito de las investigaciones académicas he ido aprendiendo (con mucho agradecimiento) de magníficos catedráticos y de amigos sobre métodos de investigación, el valor del diálogo tolerante y crítico, la importancia de estudiar las fuentes primarias (uno de los últimos cursos que impartí en el Departamento de Historia, UPR-RP, fue sobre ello); conocer cada vez mejor la historiografía sobre diversos temas y desde perspectivas diferentes.

 

¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el del núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera?

Luego de terminar mi Bachillerato en la UPR-RP, con concentración en Ciencias Políticas, en 1971… hice un viaje por Europa y Escandinavia por ocho meses. Cuando me faltaba dinero, trabajé en el Marché de Rungis, el gran mercado al sur de París, descargando trenes durante tres meses; fue mi introducción al proletariado internacional. Otro bachillerato, en la vida. Al regreso a Puerto Rico, me entrevisté en el Departamento de Historia de la UPR donde quería seguir la maestría. Un tribunal de la vieja guardia me puso de prerrequisito hacer concentración en Historia. Ni siquiera consideraron los cursos afines de Ciencias Sociales. Sin embargo, por ese tiempo había estallado la pugna entre la “vieja historia” (la que daba prioridad a las instituciones y destacaba y explicaba la historia a base de los próceres) y la “nueva historia” (con énfasis en los temas sociales, económicos, conflictos de clases, ideologías y demás). Tuve la fortuna de tener como profesores, precisamente, a los entonces jóvenes expositores de las nuevas perspectivas. En cierto modo, como ya era un estudiante “mayor” estuve en la frontera generacional compartiendo con aquellos colegas (con algunos y algunas hasta hoy).

Sin embargo, el grueso de los que integraron y promovieron la nueva historia se centraron en los siglos XIX y XX. Aunque compartíamos en muchas perspectivas, yo comencé las investigaciones desde más atrás; he venido de atrás hacia adelante, con algunas investigaciones sobre el siglo XIX (Grito de Lares, movimiento obrero).

He tenido la oportunidad de presentar ponencias sobre los cacicazgos taínos y temas de la colonización de los siglos XVI al XVIII, en congresos internacionales en Santo Domingo, Caracas, Guadalupe, Martinica, Nueva York, Sao Paulo, Granada, Buenos Aires, y desde hace años he podido intercambiar ideas y sostener diálogos fructíferos con colegas de otros países. Así mismo, algunas de mis investigaciones han tenido acogida en revistas diversas, en Puerto Rico, España, República Dominicana, etc.

 

Por la apertura y patrocinio de diversas editoras, supongo que se valora bien lo que he ido produciendo.

¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de Puerto Rico, y la de sus pares, bien sean escritores de ensayo de investigación u de otro género?

Preferiría que sean otros los que contestaran sobre la recepción, pero, por lo indicado arriba, y la apertura y patrocinio de diversas editoras que han publicado mis libros, por ejemplo, supongo que se valora bien lo que he ido produciendo.

                                                                                                                       

Sé que es usted de Puerto Rico. Se considera un autor puertorriqueño o no? O, más bien, un autor de historia, sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

Los seres humanos somos, a la vez, del lugar donde nacemos y/o nos criamos y formamos concretamente, o de otros lugares por adopción debido a diversas circunstancias. No nacemos o nos formamos en el abstracto. En casos como el de Puerto Rico, también estamos marcados por la condición del colonialismo, con todas las influencias y deformaciones advertidas, por ejemplo, por Albert Memmi en Retrato del colonizado. Como en tantas otras familias, en mi infancia estaba rodeado de partidarios de la autonomía (PPD) y de la estadidad (PNP). Creo que también por el camino del conocimiento de la historia llegué a mis propias conclusiones, conjugando la identidad puertorriqueña, partidario de la independencia y con la solidaridad internacional. Soy puertorriqueño, como persona e historiador en el caso de mi profesión; y, al mismo tiempo, hermano y amigo de la gente de todos los pueblos y naciones.

 

¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo-investigativo?

Manifestarme como puertorriqueño no es incompatible con promover y hacer investigaciones históricas, o del ámbito de conocimiento y cultura que sea, que tenga por guía un propósito científico y educativo. Lo importante es ser riguroso en el trabajo, intentando demostrar y evidenciar lo tratado o discutido.

 

¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de escritor hoy?

Desde hace mucho tiempo, el cotidiano vivir y mi trabajo marchan de la mano, son inseparables. No distingo uno del otro. Me preguntaron qué he hecho desde que me jubilé en diciembre de 2019. Bueno, en primer lugar, jubilado, pero no retirado. Y, como de costumbre, investigando, publicando y marchando.

 

Mi trabajo es más conocido en general en Puerto Rico y bien recibido; mis obras no han recibido críticas negativas u hostiles, si eso quiere decir algo.

¿Qué diferencia observa, al transcurrir el tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

Bueno, esto está relacionado con la pregunta anterior de recepción, que sería más apropiado que otros comentaran y no yo, sobre mí mismo. Pero, en general, creo que mi trabajo es más conocido en general en Puerto Rico y bien recibido; mis obras no han recibido críticas negativas u hostiles, si eso quiere decir algo.

 

¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

Reciente, he publicado varios artículos y una bibliografía extensa sobre la Comuna de París de 1871. Considero que es uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia, sobre todo de suma importancia para la clase trabajadora de todos los países. Me interesó saber si se conoció en Puerto Rico en el siglo XIX, y la investigación en periódicos puso de relieve varias sorpresas.

Mantengo una agenda amplia de investigaciones y libros en proceso de redacción.

Ya sometí a la consideración de una casa editora La Revolución Haitiana y Puerto Rico, 1789-1804.

Y ando redactando Agregados, esclavos y jornaleros: caminos de proletarización en Puerto Rico, 1765-1873; poco a poco.

Wilkins Román Samot

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