
Isabel Zorrilla Santana (Manatí, Puerto Rico) es artista plástica, narradora, poeta y promotora cultural. Realizó estudios de Bachillerato en Humanidades con concentración en Bellas Artes en la Universidad de Puerto Rico. Es miembro del colectivo Creadores Manatieños y de la junta de directores del Centro Cultural José S. Alegría de Manatí, del cual ha sido pasada presidenta. Es Académica y Embajadora Cultural de Asorbaex, Toledo, España. Su primer libro de cuentos, El limpiabotas de don Pedro, publicado en Guatemala por Indeleble Editores, fue presentado en el Undécimo Encuentro de Creadores Manatieños (2015). Por años, ha sido reconocida y premiada en las categorías de cuento y poesía en varios certámenes literarios, entre éstos los celebrados por el Instituto de Literatura Puertorriqueña, la Universidad del Sagrado Corazón, la Universidad Politécnica de Puerto Rico y el periódico digital El Post Antillano. Parte de su trabajo creativo forma parte de los rotativos (reseñas) y de las antologías (poemas y cuentos) publicadas en Puerto Rico. Su segundo libro de cuentos es El hilo que nos une (2018), premiado por el Instituto de Literatura Puertorriqueña. En 2021 publicó su poemario Al otro lado del viento y en 2023 publicó su poemario Susurros de intrépidas alas (2023). Isabel ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.
Recientemente publicó su libro Susurros de intrépidas alas (2023). ¿De qué trata este libro? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?
En realidad, este puñado de poemas que fui escribiendo durante los meses de la primavera conciertan un poco lo que veo, respiro, siento, creo; o sea, la manera en que me relaciono con la vida y con todo lo que me rodea.
Vivo en el campo hace más de cuarenta años. Todas las mañanas, durante ese tiempo, he tenido el privilegio de disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor. Nuestra casa está rodeada de un pequeño bosque que alberga una gran cantidad y variedad de pájaros y de plantas que durante todo el año mantienen una florecida exuberante.
Mi esposo y yo tenemos un ritual; nos levantamos temprano para ver salir el sol, escuchar el concierto in crescendo e intentar identificar la gran cantidad de pájaros que nos visitan cada mañana. Te cuento esto porque muchos de los poemas de Susurros de intrépidas alas se sirven metafóricamente del sortilegio de la naturaleza. Los escribí maravillada por el espectáculo generoso que el Creador nos regala cada día.
Las palabras en la contraportada, escritas por la poeta y narradora puertorriqueña Irma Antonia Maldonado, y el prólogo “Desde el susurro lírico”, por la doctora Ana Marchena, escritora y catedrática, iluminan este poemario con su sensibilidad y sabiduría.

¿Qué relación tiene su trabajo creativo previo a Susurros de intrépidas alas y su trabajo creativo entonces y hoy? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueña-caribeña y su memoria personal de lo caribeño dentro de Puerto Rico y el Caribe?
He escrito dos libros de cuentos, El limpiabotas de don Pedro y El hilo que nos une, y dos poemarios, Al otro lado del viento y Susurros de intrépidas alas. Si conoces algo de mi trayectoria literaria te puedes dar cuenta de que hay tres elementos que permean todo lo que escribo, tanto mis relatos como mis poemas, y te puedo asegurar que también alcanzan la novela que acabo de terminar. El primero es la memoria, tomando como base mi entorno familiar, mi pueblo, mis abuelos, mis padres, mi esposo, mis hijos y mis nietos. Ese tronco familiar, esa historia, esa cultura de valores, es la que le da firmeza a mi existir y razón a lo que soy como ser humano. El segundo es mi relación con la naturaleza, con Dios y con el concierto universal del cual todos somos parte. El tercero, y no menos importante, es el amor inconmensurable a esta patria que me duele tanto. Este país que vamos perdiendo poco a poco por la desidia de nuestros compatriotas y la mala leche de un imperio que ha creado, a fuerza dizque de protección y de asistencias y aportaciones económicas, un falso bienestar entre el pueblo. Esa manipulación ha dado paso a la corrupción y al deterioro de todos los fundamentos que dan soporte a nuestra sociedad. Vivimos en un caos, en una locura, y el problema mayor es que la población se ha ido acostumbrando a malvivir y piensa que lo que nos está sucediendo es algo normal, que ese es el orden natural de las cosas. Como decía don Pedro Albizu Campos: “La ignorancia es el peor manicomio al que se puede condenar a un pueblo”.
Si compara su crecimiento y madurez como persona, escritora, con su época actual de escritora en Puerto Rico, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?
En la medida en que pasan los años, y como diría el poeta Pablo Neruda, “Confieso que he vivido”, he sentido reciamente los acontecimientos en mi entorno, he amado con intensidad, leído con fruición, me he decepcionado y también sacado fuerzas e ingenio para alcanzar las metas trazadas. En esa medida, estoy en un maravilloso proceso de maduración. Digo en proceso porque una fruta alcanza la perfección cuando está madura y yo ando en ese derrotero, buscando mejorar mientras disfruto lo que hago. Busco siempre la evolución como persona y como escritora porque, al menos yo, no puedo separar una cosa de la otra. Aunque a la madurez nunca debe llegarse como meta final, porque vamos incorporando sabiduría y experiencias con el transcurso del tiempo, puedo decirte que mis textos son el reflejo de cómo he podido conjugar hasta el momento toda esa información intelectual, personal, espiritual y lírica de una forma coherente.
¿Cómo visualiza su trabajo creativo con el de su núcleo generacional de escritores con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo a su quehacer literario?
Después de los años universitarios dediqué todo mi esfuerzo y mis capacidades a levantar junto a mi esposo una familia con cuatro hijos y a desarrollar las empresas que nos dieron el sustento. Así que, lejos de lo que había planificado para mi vida profesional, me encontré inmersa en una exitosa carrera empresarial que distrajo mi vocación de escritora y pintora. Por consiguiente, no participé en el núcleo generacional que me hubiera correspondido, que fueron los setenta y ochenta. Tan pronto me retiré, y sin pensarlo, volví a perseguir esos sueños que había dejado colgados en mi subconsciente. Comencé a tomar talleres de pintura en el Museo de Puerto Rico, en la Liga de Arte y en la UPR, y talleres de escritura creativa en la Universidad del Sagrado Corazón y en la Universidad Politécnica con Emilio del Carril y Rubis Camacho, dos inmensos escritores puertorriqueños a quienes admiro y respeto mucho. Como lectora voraz, siempre me he mantenido al tanto de las tendencias, tanto locales como las de afuera, y pienso que mis letras tienen como base el caldo de toda la literatura que he leído, pero indiscutiblemente se ha cocinado con los ingredientes y especias de mis procesos internos y de mi interacción vital con las situaciones que me rodean.
Ha logrado mantener una línea de creación literaria. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?
En realidad, escribo por la necesidad de expresarme y no de recibir reconocimientos, aunque déjame decirte que me complace mucho cuando la gente me lee y me comenta o reseña en las redes lo que ha leído. Algo que me enorgullece inmensamente es el hecho de que mis compueblanos —sabes que soy de Manatí— respalden mi trabajo de escritora; siento que es un enorme privilegio. Por supuesto, agradezco muchísimo que mis textos hayan sido bien recibidos dentro del limitado espacio insular en que vivimos.
Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera una escritora puertorriqueña o más bien, una escritora de literatura, sea ésta puertorriqueña o no? ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?
Soy una escritora que, desde mi identidad puertorriqueña, desde la realidad que he vivido, desde las raíces culturales que han sustentado el árbol de mi vida, desde los ojos llenos del exuberante paisaje de mi patria, lanzo mis letras al universo. Pero también soy consciente de que debemos mirar más allá del litoral, conocer tendencias literarias diferentes, poesía escrita desde otras realidades e infinidad de historias que podemos integrar a nuestro acervo. En realidad, no me limito, construyo mis textos con lo que la imaginación, las vivencias, el mundo recorrido, los comportamientos observados y lo que he leído a lo largo de mi vida le dictan a mi creatividad.
En Puerto Rico tenemos buenísimos escritores cuyas obras no salen con la contundencia necesaria de las playas que nos rodean. Sueño con que la literatura de nuestro país se integre de una vez por todas en el amplio espacio de la literatura universal. Pensando como las locas, me gustaría que en Puerto Rico surgiera un agente literario con la visión y la capacidad de aglutinar talentos literarios como hizo en su momento Carmen Balcells con los escritores del Boom latinoamericano. Alguien que promoviera nuestros autores en editoriales fuera del 100 x 35 insular. Si algo así se hiciera realidad, serían muchos, muchísimos los excelentes escritores locales que se conocerían y ocuparían espacios distinguidos en el concierto de las letras internacionales.
¿Cómo integra su identidad étnica y de género y su ideología política con o en su trabajo creativo y formación de origen puertorriqueño?
Soy un todo: mujer contestataria, puertorriqueña cuya genética encierra las tres razas que dan fundamento a mi nacionalidad, independentista hasta el tuétano, caribeña, discípula atenta de Hostos, Betances y Albizu, profesional, respetuosa y defensora de la diversidad de género, esposa, madre, abuela y amiga que disfruto el oficio y atiendo con seriedad mis responsabilidades como escritora.
¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?
Acabo de terminar mi novela El sonido de su sombra, que estoy a punto de enviar a una casa editora y pienso que debe estar publicada pronto. Es una novela de corte existencial, con un serio tratamiento de la pedofilia y el incesto y cuya trama se desarrolla entre Puerto Rico, República Dominicana y Roma. Espero que el público la acoja con el mismo entusiasmo e interés con que han acogido mis publicaciones anteriores.
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