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Ramón A. González-Arango López:
“Me considero un historiador público”

domingo 7 de septiembre de 2025
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Ramón A. González-Arango López
Ramón A. González-Arango López: “Como puertorriqueño mi meta es promover la reflexión seria y colectiva de nuestro pasado e historia. También busco que los puertorriqueños conozcamos nuestro entorno inmediato para ampliar el horizonte y funcionar mejor”.

Ramón A. González-Arango López (Ponce, Puerto Rico, 1994) comenzó su educación en la escuela Pedro Albizu Campos del barrio Aguilita, en Juana Díaz. Posteriormente, se mudó a Coamo, donde creció y aprendió, entre otras cosas, a practicar artes marciales.

Ramón decidió estudiar Historia en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Cayey, y fue admitido. Sin embargo, un verano antes de iniciar su carrera, se sintió inspirado a pintar y optó por asistir al Colegio de Mayagüez para estudiar Artes Plásticas. Al poco tiempo, se trasladó al Departamento de Estudios Hispánicos mientras también cursaba un segundo bachillerato en Horticultura. Eventualmente, se movió al Departamento de Ciencias Sociales para dedicarse a lo que realmente le apasionaba: la historia, aunque no completó ese programa.

Actualmente reside en New Hampshire. Posee un bachillerato en Artes Liberales con concentración en Historia y Filosofía por la Universidad de Massachusetts en Lowell, y está en proceso de completar una maestría en Historia Pública en Southern New Hampshire University. Ramón dedica sus días a escribir, producir su podcast Archipiélago histórico, estudiar, trabajar, leer y compartir chistes que sólo él parece encontrar graciosos. Ramón ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.

 


 

“Sajorí”, de Ramón A. González-Arango López
Sajorí, de Ramón A. González-Arango López (2025). Disponible en Amazon

—Hace poco publicó usted su primer libro, Sajorí (2025). ¿De qué trata este libro? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?

Sajorí es un libro profundamente existencialista y mortal. Lo que pasa es que está maquillado con un sentido del humor oscuro y observaciones mordaces de la realidad puertorriqueña. Tiene mucha nostalgia y crítica social. Estoy en Estados Unidos desde 2017, luego de haber ingresado en la Guardia Costanera de los Estados Unidos. Curiosamente, recibí órdenes y fui asignado a una unidad en New Hampshire dos días antes de la llegada del huracán María. En el avión mi esposa me dijo que el huracán iba a estar fuerte. Yo no le hice mucho caso, pues no había estado pendiente de las noticias ni nada de eso. Bueno, pues ya saben cómo fue aquello. El punto es que Sajorí lo comienzo a escribir sin saberlo en 2019. Yo tuve una depresión muy fuerte acompañada con ideaciones suicidas como hasta mediados de 2018. No sabía que estaba escribiendo mi primer libro. Sólo estaba escribiendo poesía y cuentos sueltos en un cuarto de mi casa durante la pandemia, porque trabajé remoto. Experimenté un intenso frenesí creativo motivado por mis depresiones y mis experiencias personales. Escribir fue mi catarsis y el humor mi mecanismo de defensa. Estos temas los abordo en las primeras páginas de Sajorí. El frío de New Hampshire, la lejanía, la nostalgia, la impotencia, el humor, y la muerte fueron mis musas. Cuando lo junté todo me di cuenta de que había escrito un libro de cuentos y poesía coherente y cohesivo.

—¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo a Sajorí y su trabajo creativo-investigativo posterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueño y su memoria personal de la literatura y la historia de Puerto Rico y el Caribe dentro de Puerto Rico o fuera?

—No hay ninguna relación entre Sajorí y Archipiélago histórico. Sajorí lo escribí antes de la creación del podcast. Ese período, como mencioné anteriormente, fue muy intenso y beneficioso creativamente. Lo que sí es cierto es que Sajorí tiene una fuerte presencia de temas históricos. Mi cuento favorito del libro se llama “Submarino alemán tipo VII”. Se trata de una épica bélica en un Puerto Rico imperialista de un universo alterno. En ese universo, Puerto Rico es una potencia imperialista y yo mismo soy su almirante más célebre. Tengo un sentido del humor negro que ha sido odiado, pero es mi humor y me encanta. Tengo otro texto dentro de Sajorí que pone en duda la idea de que todo tiempo pasado fue mejor... aunque últimamente estoy repensando mi posición. Este mundo actual está bien enfermo. Es hedonista y nihilista.

—Si compara su crecimiento y madurez como persona, historiador, investigador y escritor, con su época actual en Estados Unidos, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?

—Esta pregunta es complicada. Lo que sí puedo decir es que mi proceso de maduración comienza con mi ingreso en el US Coast Guard. Cuando estás en un boot camp en New Jersey por dos meses con cien personas más recibiendo disciplina militar las veinticuatro horas del día las cosas se ponen duras de verdad. Allí perdí como treinta y cinco libras y nunca más he sido el mismo. De verdad te indoctrinan. Mi mentalidad ha cambiado mucho. Ahora soy más rígido y estructurado y lo más importante para mí es la eficiencia. Es una mentalidad militar que me ha ayudado muchísimo, a pesar de que choque con los ‘‘civiles’’. Hablé sobre esto en un episodio de Archipiélago histórico junto al historiador oficial de Puerto Rico, el doctor Carlos Hernández Hernández. Ahí sí ‘‘los huevos se pusieron a peseta’’. Sajorí tomó alrededor de seis años en ser terminado porque lo revisé muchas veces e incluso muchas de mis posturas en ese libro fueron cambiando como resultado de mis experiencias personales, reevaluaciones y traumas. Definitivamente ya no soy el chamaquito liberal impresionable que estudiaba historia en el RUM.

—¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de docentes, investigadores y estudiantes con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo-investigativo a su quehacer de escritor e investigador y su trabajo escrito o no de interés histórico y literario?

—Mi trabajo es un parteaguas en todos los sentidos. Me atrevo a asegurar, sin ninguna duda, que mi trabajo marcará un antes y un después. La academia andaba ensimismada y hoy tiene que rendirle cuentas al público, que es para quien debe trabajar. Yo he sido integral (y lo seguiré siendo) en revolucionar la relación entre la academia y el gremio de historiadores con el pueblo. Dentro de la disciplina de la historia me considero un historiador público. Solamente escuchen y miren el podcast para darse cuenta. Fuera de todo eso, no existe relación entre Archipiélago histórico y mis empresas creativas más allá de que utilizo mi plataforma para promocionar lo otro.

—Ha logrado mantener una línea de creación-investigación enfocada en la historia y la literatura desde y fuera de Puerto Rico. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?

—La recepción ha sido bastante buena. Siempre habrá detractores, pero por su incapacidad de adaptarse a los tiempos y su enclaustramiento voluntario en núcleos intelectualoides serán olvidados y borrados por la historia. Es así de fácil. La historia y los productos de las ciencias sociales deben salir de la academia y llegar al público general. Lo he dicho muchas veces sin cansancio: ‘‘El beneficiario número uno de las ciencias sociales debe ser, precisamente, la sociedad’’. La academia es una parte ínfima de ésta. ¿Qué hace un historiador y científico social que sólo escribe para las gradas (los colegas)? ¡Absolutamente nada! El público general me ha recibido con entusiasmo, pues les traigo contenido altamente especializado, realizado con rigor, pero fácil de entender. Sin sacrificar la calidad, como quiera le llego a la gente al pueblo. Yo mismo me he asegurado de no perder mi esencia. Para el que pregunte soy solamente Ramón, un jíbaro de Coamo, Puerto Rico. Mucho gusto.

—Sé que es usted de Puerto Rico. ¿Se considera un historiador y escritor puertorriqueño o no? O, más bien, un historiador y escritor, sea éste puertorriqueño o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?

—Soy escritor, historiador y artista. Todo esto está más que evidenciado. Pero primeramente soy Ramón, el tipo accesible, del pueblo de Coamo, que no se cree mejor que nadie. No me gustan las ‘‘comemierderías’’ ni nada de eso. Es obvio que soy puertorriqueño. Mucho gusto.

—¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política con o en su trabajo creativo-investigativo y su formación en Puerto Rico y fuera?

—Como puertorriqueño mi meta es promover la reflexión seria y colectiva de nuestro pasado e historia. También busco que los puertorriqueños conozcamos nuestro entorno inmediato para ampliar el horizonte y funcionar mejor. Un buen porvenir viene necesariamente acompañado de conocimiento. En cuanto a lo del género seré contundente: creo en dos géneros y soy un varón. Archipiélago histórico es una plataforma que no utilizo para impulsar ninguna ideología ni preferencia política específica. Lo mismo hablo con un marxista que con un anarcocapitalista. A nadie le debe importar lo que yo crea o deje de creer. No es mi rol como creador del podcast indoctrinar ni hacer propaganda. Llegue a sus propias conclusiones, eso sí, después de un proceso serio de introspección y análisis honesto.

—¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida tras su paso por la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de historiador, investigador y escritor en Estados Unidos hoy?

—Mis años en Mayagüez fueron preciosos. Conocí a mi futura esposa, di clases de Goju-ryu Karate, me metí en varias colectividades, paseé mucho y jugué videojuegos. Allí tomé un curso de existencialismo con el doctor Hyuke... Eso me marcó de por vida y está íntimamente ligado a la eventual publicación de Sajorí. Fue estando allí que me di cuenta de la división, el elitismo y el conservadurismo de la academia. Allí me di cuenta de que los historiadores estaban en un mundillo aparte, lamiéndose unos a otros como gatos, ignorando que son parte de una sociedad. Por eso empecé a dar recorridos históricos y arquitectónicos para la comunidad y me empecé a preocupar por llevarle conocimiento histórico a la gente que no tiene acceso a éste. Mayagüez fue vital para eso. Luego de varios años en Estados Unidos trabajando, sintiéndome inútil y sin rumbo, le manifiesto a mi esposa la intención de hacer un podcast sobre historia de Puerto Rico. Ella me dijo que adelante, que eso sí yo lo podía hacer muy bien. El resto es historia.

—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?

—No ha variado. Archipiélago histórico ha sido bien recibido, al igual que Sajorí. Son muy pocos los que hablan negativamente del podcast (suelen ser personas ignorantes). Tampoco he recibido mala crítica de Sajorí. Es un buen libro, modestia aparte. Es visceral, real y comiquísimo. Como dicen los norteamericanos: ‘‘what’s not to like?’’.

—¿Qué otros proyectos creativos tiene usted recientes y pendientes?

—Tengo todos los planes del mundo. Lo que no tengo son recursos y tiempo. Quiero hacer un libreto para una película; quiero hacer un documental y una serie. Yo espero que esos proyectos se me den a medida que pase el tiempo, gane dinero y haga los contactos adecuados. También pinto con pasteles, pero eso es muy costoso también. La gente piensa que como uno vive en Estados Unidos uno está nadando en dinero... Nada está más lejos de la realidad. Trabajo cuarenta horas semanales en un restaurante haciendo sándwiches, limpiando inodoros, barriendo e interactuando con clientes. El resto de mi tiempo se lo dedico a mis proyectos y a mi familia. A mí las cosas se me terminarán dando porque soy consistente y disciplinado y no le tengo miedo a nada ni a nadie. ‘‘El que tenga miedo a morir que no nazca’’.

Wilkins Román Samot
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