Saltar al contenido

En su tríptico de relatos Bolivita confluyen memoria y esperanza
Gustavo Yepes Pereira y la necesidad de escribir para resistir

sábado 27 de septiembre de 2025
¡Comparte esto en tus redes sociales!
Gustavo Yepes Pereira
Gustavo Yepes Pereira: “No escribo únicamente para quienes emigraron, sino para todo aquel que necesite encontrar razones para no rendirse”.

Hablar de Bolivita es asomarse a las heridas de un país, Venezuela, que se obstina, pese a todo, en encontrar fragmentos de dignidad allí donde la esperanza parece imposible. En este conjunto de tres relatos, el venezolano Gustavo Yepes Pereira nos invita a contemplar la realidad venezolana sin tapujos, pero también sin cinismo, en un recorrido por la locura, la memoria y la más firme postura contra la violencia. Y lo hace desde la ficción, un territorio donde su voz narrativa se nutre de la experiencia y de la reflexión.

La entrevista que hoy presentamos con este autor, que reside en España desde 2019, trata de internarse en los pliegues de una obra que no teme exponer contradicciones: un hombre que pierde la razón y se cree prócer, una anciana que convierte sus ahorros en un escudo frente al derrumbe y cinco personajes que adquieren la certeza de que toda lucha, por pequeña o imperceptible que sea, deja una huella. Cada historia es un espejo que devuelve al lector la pregunta por la libertad, la dignidad y el empeño de seguir siendo humanos.

Conversar con Yepes Pereira es, también, mirar más allá de sus relatos: es preguntarse cómo la migración, la memoria familiar y la distancia geográfica se conjugan en una narrativa que rehúye la denuncia panfletaria para refugiarse en la intimidad de lo cotidiano. Aquí se abren las puertas para conocer el proceso de cocción de un libro que, sin prometer respuestas, insiste en recordarnos que toda palabra escrita en tiempos difíciles es, en sí misma, una forma de resistencia.

 

“Bolivita”, de Gustavo Yepes Pereira
Bolivita, de Gustavo Yepes Pereira (2025). Disponible en Amazon

Bolivita, del derrumbe de un país a una visión de esperanza

—En Bolivita confluyen temas como la memoria histórica, la resistencia íntima, la dignidad cotidiana y la esperanza que se abre paso incluso en la locura o la soledad. Estos hilos temáticos sostienen relatos que, aunque diversos en tono, parecen unidos por la pregunta de cómo mantenerse humano en medio del derrumbe. Me gustaría que comenzáramos hablando sobre cómo se gestó en ti la idea de escribir este tríptico narrativo.

Bolivita nace de observar dos formas de atravesar el derrumbe venezolano: la resistencia activa, que siempre deja huella, y la sobrevivencia cotidiana, casi anónima. El primer relato brotó de una imagen persistente de mi infancia: un “loco” al que llamábamos Napoleón. Mucho después conocí que era, en realidad, un profesor de historia caído en desgracia. El segundo relato surge de una anécdota real que despertó mi imaginación. Cuando llegó el tercer relato, sentí que debía cerrar con esperanza, un optimismo que no es ingenuo sino rebelde. Así, el tríptico se armó solo: resistir, sobrevivir y, al final, elegir mirar hacia el futuro.

—En un momento en que Venezuela se convirtió en un país con una diáspora tan dispersa como creciente, resulta inevitable preguntarse por el papel de la literatura como puente común de memoria. ¿Qué posibilidades le reconoces al relato, como género, en este sentido?

—El relato me permite fijar la memoria sin regodearme en la nostalgia. Escribo para dejar constancia de lo vivido y, al mismo tiempo, vestirlo de esperanza. No escribo únicamente para quienes emigraron, sino para todo aquel que necesite encontrar razones para no rendirse. He recibido mensajes de lectores que me cuentan que leyeron Bolivita de un tirón, y siento que ahí se cumple el sentido: que la literatura sea refugio y, sobre todo, un impulso para resistir y seguir recordando lo esencial.

—Parece obvio que este libro puede tornarse una lectura con fuerte contenido emocional para lectores venezolanos dentro y fuera del país. Pero vayamos más allá: ¿qué tiene que decirle Bolivita al lector no venezolano, en este punto de la historia en el que cualquier cosa puede pasar, incluyendo la destrucción de las más sólidas instituciones?

Bolivita toca una experiencia universal: cómo mantener la humanidad cuando todo parece derrumbarse. Me ha sorprendido gratamente encontrar lectores no venezolanos que ven reflejada su historia en las páginas del libro. Los testimonios me muestran que el miedo, la dignidad y la necesidad de resistir no son sólo venezolanos. Bolivita busca que el lector, sea de donde sea, cuestione la indiferencia y se reconozca en la lucha y la esperanza, porque la destrucción de lo que parece sólido puede ocurrir en cualquier rincón del mundo.

 

Gustavo Yepes Pereira, optimista militante

—Diógenes Moncada, protagonista del primer relato —el que le da título al libro—, me parece un personaje maravilloso. El hombre que, lejos de quebrarse, adopta en la locura un estandarte de lucha y pensamiento. Además, como creación literaria es profundamente complejo, pues lo presentas en el apogeo del delirio y luego cuentas cómo llegó a ese estado. ¿Qué desafíos te impuso este personaje?

—Diógenes fue el personaje más exigente del libro. No quería caer en el estereotipo del loco entrañable ni del mártir sacrificado. Lo construí con retazos de un personaje real que conocí de niño, pero también de esa dignidad que aparece cuando todo parece perdido. El desafío fue mostrar su lucidez en medio del delirio y no juzgarlo. La escena final fue la más compleja: convertir el drama en un mensaje de posibilidad, apostando a que incluso la locura puede ser una forma de resistencia y ternura.

—En “Hasta que alcancen las lechugas” la soledad de Carmen se contrasta con la rutina minuciosa de contar sus dólares y mantener una hoja de Excel como si fuera un salvavidas frente a la ruina, una imagen que describe a cabalidad las distorsiones de la economía venezolana. Pero hay algo que me parece más interesante en este cuento y es la relación entre ella y Arquímides. ¿Puedes comentarnos qué revela este cuento en relación con los límites difusos entre víctima y victimario en un país roto?

—Muchos de mis relatos surgen de hechos reales. La historia de Carmen y Arquímides nació de una anécdota que me compartió una vecina. En el cuento, me interesaba explorar esa ambigüedad tan presente en Venezuela, donde víctima y victimario a veces se confunden. Arquímides es un personaje que delinque porque no conoce otra vida, pero aún conserva gestos de humanidad, como el cariño por su abuela. La ética cotidiana en un país fracturado es frágil y a veces, hasta un pequeño gesto puede marcar la diferencia.

—En el cuento final, “Valió la pena”, se percibe un viraje de la crudeza a la posibilidad de redención colectiva, como si después de la locura y la soledad de los cuentos anteriores emergiera un hilo de reconciliación. Y me parece interesante que en tu blog Apuntes al atardecer haces énfasis en que la esperanza es uno de tus temas esenciales. ¿Funciona este cuento, el más breve del conjunto, como un llamado a la esperanza más allá de toda cicatriz?

—“Valió la pena” es un relato breve porque la libertad suele llegar así: como un destello inesperado tras mucho tiempo de espera. Me considero un optimista militante, pero sin ingenuidad; sé que el dolor y las cicatrices quedan. Sin embargo, sentí la obligación de cerrar el libro con una puerta abierta a la redención. Recibo mensajes de lectores que agradecen ese tono, y eso me reafirma en la convicción de que la esperanza no es un adorno, sino una decisión vital y necesaria para seguir adelante.

—En varios momentos, en especial en los dos primeros cuentos, se perciben decisiones estilísticas que rozan lo poético, especialmente en descripciones de Caracas y sus barrios. ¿Cómo equilibraste esa cadencia lírica con la oralidad popular de los diálogos y la dureza de la trama?

—No creo que la poesía y la oralidad popular estén reñidas. Caracas, con su música de calle y su crudeza, me inspira a escribir diálogos que suenen auténticos. Los dejo fluir y después ajusto apenas lo imprescindible para no perder esa espontaneidad. Mis descripciones a veces rozan lo poético, pero siempre busco que la ciudad y los personajes sean reconocibles. Supongo que la lectura constante ha influido en mi estilo, pero lo fundamental es mantener una voz cercana y verdadera, que refleje la mezcla de belleza y dureza de la realidad venezolana.

 

“La literatura me permite ser más vulnerable”

—Resulta evidente que tu trayectoria profesional como ensayista y consultor ha marcado tu forma de mirar la realidad. ¿Cómo se relaciona esa faceta técnica con tu voz narrativa, especialmente cuando debes adentrarte en emociones y fragilidades?

—Mi relación con el tiempo y la gestión personal, temas centrales en mi vida profesional, atraviesan mis relatos. Pero al escribir narrativa, procuro dejar atrás el afán de control y análisis para entrar en las emociones, en la compasión y en la memoria. La literatura me permite ser más vulnerable, menos predecible y más abierto al misterio de los personajes.

—En uno de los textos complementarios afirmas que escribir para ti es “narrar para recordar, escribir para resistir”. ¿Qué dirías que has conseguido recordar y resistir tú mismo tras terminar Bolivita?

—Para mí, escribir es una necesidad, la manera de vaciar la mente y resistir el olvido y la tristeza. Bolivita me permitió recordar lo que nos hace fuertes como individuos y como país, pero también lo que duele perder. Cuando recibo testimonios de lectores que recuperan el ánimo, siento que vale la pena el esfuerzo y la vulnerabilidad de escribir desde lo que duele.

—Después de más de dos décadas escribiendo artículos y ensayos sobre la realidad venezolana, y tras estos últimos años en los que tu narrativa breve ha cobrado tanta fuerza para explorar la memoria, el exilio y la resistencia, surge inevitable preguntar por lo que vendrá. ¿Qué temas o formatos te gustaría abordar ahora que has cerrado este ciclo con Bolivita?

—No tengo planes literarios concretos. Sigo escribiendo relatos porque así funciona mi mente: resuelvo ideas y no las dejo pendientes. No me veo escribiendo una novela, aunque lo intenté. Bolivita fue un gran paso, y sé que en algún momento daré el siguiente, sin forzarlo. Mi compromiso, más que con el formato, es con animar a leer y a recordar que siempre hay una salida, aunque sea a través de un cuento.

Jorge Gómez Jiménez

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio