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Ana Blandiana o la poesía pura existe, sin adornos ni acompañamientos musicales, a pesar de Bob Dylan

miércoles 14 de diciembre de 2016
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El sol del más allá y El reflujo de los sentidos
Ana Blandiana
Poesía
Traducción de Viorica Patea y Natalia Carbajosa
Pre-textos
Valencia (España), 2016
ISBN: 978-84-16453-94-8
276 páginas

La poetisa rumana Ana Blandiana (1942) no necesita presentación. Se trata de una figura comparable a Anna Ajmátova o Vaclav Havel en las letras rusas o checas. Opositora al régimen dictatorial de Ceauşescu, concibió su vocación literaria como una forma de resistencia moral. Autora de catorce libros de poesía, y otros tantos relatos y novelas, traducida a veinticuatro idiomas, es la poeta rumana actual con más proyección internacional. Después de 1989 reorganizó el PEN Club rumano, cuya presidencia asumió (1990-2004). A su vez fundó y presidió la Alianza Cívica (1991-2004), una organización independiente que luchó por la democracia e hizo posible la entrada de Rumania en la Unión Europea. Bajo la égida del Consejo de Europa creó el Memorial de las Víctimas del Comunismo y de la Resistencia en Sighet; se le considera el tercer museo de la conciencia europea después de Auschwitz y el memorial de Normandía. El museo tiene una frase suya como lema: “Mientras la justicia no logre ser una forma de memoria, la memoria en sí misma puede ser una forma de justicia”. Ha recibido las más altas distinciones por parte de la República francesa y de Estados Unidos de América, siendo ciudadana de honor de cuatro ciudades y doctora honoris causa por dos universidades rumanas. Por su parte, su libro Mi patria A4 (Pre-textos, 2014) ha sido galardonado como uno de los grandes libros europeos en aras de la libertad, entre otros muchos premios.

Viorica Patea, de la Universidad de Salamanca, introduce la lectura de estos dos libros de poemas, en su doble versión en español y rumano. El sol del más allá (2000) y El reflujo de los sentidos (2004) son las primeras publicaciones después de La arquitectura de las olas (1990), su último libro de poemas durante la dictadura y el primero que escapa a la censura. A partir de entonces Mi patria A4, refiriéndose al folio A4 en el que escribe, sería el libro de poemas donde muestra su modo de existencia y que definitivamente le consagra. Su poesía adopta así un estilo confesional, que pasa por la estética de la impersonalidad al modo de T. S. Eliot, con la que se aspira a la objetivación y esencialización de la existencia, sin recurrir a falsas impostaciones o simples artificios sobreañadidos. De ahí que Blandiana insista: “La poesía no es una serie de acontecimientos sino una secuencia de visiones”. Con posterioridad a 1989, los motivos de sus poemas siguen siendo sorprendentemente los mismos, pero su dimensión se vuelve más universal y cualquier lector puede reconocer en ellos los problemas del hombre moderno. De todos modos la historia reciente ha dejado su huella en la poética de Blandiana. Estos dos libros ofrecen meditaciones acerca del mundo postotalitario marcado por un tiempo histórico turbulento, alienante y deshumanizante. En estos poemas el yo se define a través exclusivamente de la escritura, convertida así en la única patria del poeta. “Todo lo que no se escribe, no existe”. Sólo la palabra recupera e instituye el significado. La función de la poesía no consiste en adornar, no estriba en un decorado estético ni pertenece a la simple apariencia exterior, sino al fundamento de la vida misma.

El sol del más allá introduce la perspectiva de un tiempo final, el agotamiento de un mundo y de una época. Se deplora la desaparición de un mundo y se adopta la perspectiva del sol de la última posteridad en alusión a la segunda venida de Cristo. Sin embargo su retorno no anuncia la restauración del reino prometido, sino más bien un tiempo de tribulaciones en una desoladora tierra baldía. Por su parte, Blandiana se muestra también compasiva con otro dios, Apolo, el dios de la poesía y del arte, una presencia constante en sus versos. El primer poema de El sol del más allá hace referencia al punto cardinal rector de un mundo en estado de desorientación que ha perdido el “norte”, donde el comportamiento de la humanidad comporta desilusiones. “El poder del sol / rechaza el equilibrio con la noche / luz acechante / que amenaza como el bien absoluto / prueba de que la humanidad / ha condenado a muerte / no a sus criminales / sino a sus santos” (“Norte”).

El reflujo de los sentidos prolonga la misma perspectiva agónica desde el punto de vista de la materia. El flujo y reflujo de los sentidos se refiere al mecerse de la materia dentro de una clepsidra en el continuo transbordo de un cono a otro, en el que el mundo se transforma continuamente mientras que los ideales dan paso a ilusiones y el significado es reemplazado por el absurdo. En el reflujo, la playa se vuelve el escenario del fin del mundo. Dar testimonio de este proceso desde el interior de la clepsidra e intentar entenderlo es la única forma de liberarse de las cadenas de este movimiento de ida y vuelta, y de sus inversiones sucesivas. Precisamente, la incapacidad de entender el sentido oculto del mundo hace que el yo regrese a la idea del sacrificio de uno mismo. El conocimiento humano es siempre fragmentario y efímero, al igual que la felicidad, un conjunto de momentos inconexos. En una época en la que las falsificaciones de la verdad proliferan en los planos histórico, social y cultural, el yo poético asume el deber moral de pronunciar la verdad hasta su última esencia, más allá de las palabras y de las apariencias engañosas. Blandiana es consciente de que predica en el desierto y en vano, pero abraza su misión no tanto como una forma de salvación, sino como una razón de ser. El primer poema de El reflujo de los sentidos hace referencia a la sorprendente “mezcolanza” de atributos que se asigna a la naturaleza: “Bellísimos cuellos / como serpientes resbaladizas / trenzadas / escarapelas de cuerpos con piel de piedra / columnas o troncos / aves con cuatro, seis u ocho patas / bestias aladas con plumas de metal / sofisticada confusión / de criterios / especies / condiciones / mezcladas adrede e incompatibles / en el tiempo que crece como una mancha de petróleo / sobre la límpida superficie de la eternidad” (“Mezcolanza”).

No cabe duda de que Ana Blandiana hizo de la palabra y del famoso folio A4 un modo de existencia.

En ambos libros, la realidad se alterna mediante una desemantización que provoca una decrepitud que alcanza incluso a lo sagrado. El universo se agota en el vacío de la fe, del significado, en el olvido de un fundamento espiritual que debería dar sentido a la vida y, sin embargo, naufraga en el materialismo. El yo lucha contra la degradación de la conciencia y la inercia del mundo. La vida es agredida por un bestiario de formas grotescas. La realidad se compone de fragmentos en un confuso estado de agregación. El reflujo de los sentidos se centra en la imagen del mar personificado como un animal. Expulsado de la polis, lo sagrado no puede ser eliminado de la naturaleza, los árboles poseen los atributos de la santidad. Se anula así la línea de demarcación entre la vida y la muerte. Las metáforas del más allá son ensoñaciones maternales de una disolución feliz en la unidad primordial, un regreso a un estado de armonía y plenitud iniciales. La imaginación cambia el terror ante el fin de la existencia por un destino diáfano, en visión lumínica. La muerte es una fase imprescindible para una nueva vida. La serie de poemas culmina con este último, que recopila todos los anteriores: “Este poema dura / lo que tardes en leerlo / la próxima vez que lo leas / será otro / porque tú también serás otro / y, claro, serás completamente distinto / cuando lo lea otra persona / él sólo existe en el momento / del estado evanescente / que ha forjado / a partir de lo que en ti ha encontrado / canción fugaz / como una hoja de papel / sobre agua que fluye / siempre en otra dirección / sin que importe / quién la ha puesto ahí / y qué ha escrito” (“Este poema”).

Para concluir, una reflexión crítica, sin ánimo de crear polémica. El Premio Nobel de Literatura se lo han dado a Bob Dylan merecidamente, pero la poesía esencial existe, sin adornos ni acompañamientos musicales, por muy acertados que sean. No se trata de cuestionar el resultado, sino de apropiarse un modo de existencia. O se vive en la música o se vive en la palabra. Y no cabe duda de que Ana Blandiana hizo de la palabra y del famoso folio A4 un modo de existencia.

Carlos Ortiz de Landázuri

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