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Ficciones de la vida real, primeras impresiones

sábado 14 de septiembre de 2019
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Carlos Andrés Torres
¿Escribe Carlos Andrés Torres ficciones con visos de realidad o realidades con disfraz de cuento?
“Ficciones de la vida real”, de Carlos Andrés Torres
Ficciones de la vida real, de Carlos Andrés Torres (Editorial Artística, 2019).

Ficciones de la vida real
Carlos Andrés Torres
Cuentos
Editorial Artística
Gatineau, Quebec (Canadá), 2019
ISBN: 9780995306769
144 páginas

Esta obra constituye una primera colección con diecisiete relatos por el escritor Carlos Andrés Torres, originario de Colombia y radicado en Canadá, quien fuera uno de los tres autores del conocido libro A tres manos (Editorial Artística, segunda edición, 2017). Pero ¿escribe, el autor, ficciones con visos de realidad o realidades con disfraz de cuento? ¿Propende Ficciones de la realidad hacia un “realismo mágico” al estilo del autor de Cien años de soledad? ¿O se inclina quizás más hacia lo “real maravilloso” de quien escribiera Los pasos perdidos? A veces, los pasajes de prosa nítida y transparente sugieren estar más cerca de lo primero; pero en otros, la narrativa elaborada, con abundancia de vocabulario preciso y especializado, parece acercarse más a lo segundo. Aunque, quizás de forma algo paradójica, lo que realmente permea toda la obra es la sensación de estar, a cada paso, leyendo francos relatos de crónica de vida. Así es como respondía a la pregunta del inicio su editora, la escritora Roxana Orué, directora de Editorial Artística, en la presentación de la colección: “Claro que el autor siempre podrá decir que todas sus historias son inventos y se remitirá a la primera palabra del título de la obra para justificarse: ‘Ficciones’. Entonces yo le diré que no le creo y me remitiré a la segunda parte del mismo título: ‘de la vida real’. A cada lector le tocará deslindar lo real de lo ficticio, o simplemente entregarse al solaz de disfrutar de una literatura única e ingeniosa”.

 

La ambulancia

En el primer cuento, el autor teje una ingeniosa trama entre la imaginación inocente de un niño y la realidad mucho menos inocente de los adultos que le rodean, incluso al éstos tratar de manipular la fantasía del niño en su propio y oscuro beneficio. Y dicha combinación de realidades el autor la logra no sólo en la historia que cuenta sino en cómo la cuenta: luego de sólo siete líneas de realidad adulta y objetiva, el narrador (sin perder su condición adulta y omnisciente) narra el resto de la historia adaptando su percepción a lo que sería el punto de vista del niño, pero siempre desde afuera, sin “entrar” en él o hacerle hablar (excepto una sola vez en que se dirige a su tío). Para ello el autor no vacila en introducir, en su narración siempre adulta, las imágenes y el lenguaje infantil. Ello resulta en divertidos dobles sentidos y una caricatura ora simpática, ora irónica, de la familia, la sociedad y la naturaleza humana. Además, el texto incluye deliciosos momentos metafóricos como las sequoias y su follaje o ese túnel siempre necesitado de reparaciones.

 

Cadáverest

El título de la colección cobra inusitada vigencia en el segundo cuento referido a la explotación de los cadáveres abandonados en el Everest (el título es una ingeniosa palabra utilizando la coincidencia de cinco letras entre las palabras “cadáveres” y “Everest”). El resultado es también muy crítico respecto de la naturaleza humana, aunque en este caso aumenta la duda acerca de si en este relato no habrá de verdad algo más que la mera existencia —bien real ésta— de esos cadáveres congelados desperdigados por las laderas del Everest. La conocida experiencia del autor real como escalador de montañas se agrega a estas sospechas. El relato presenta a las culturas propias de la región con las mismas conductas y vicios más prevalentes en el mundo globalizado actual —lo que no resulta difícil de creer en un lugar tan expuesto a excesos, como sólo es capaz de crearlos la conjunción extrema entre la necesidad, la mitología del dinero y las limitaciones humanas. El “enfrentamiento del ser con los elementos…” da inicio a un inspirado párrafo y los oportunistas citados hacia el final del octavo párrafo son de una perfecta ironía, tan real como dolorosa. El narrador presenta la historia en forma de relato omnisciente, pero en el último párrafo se revela en primera persona, dotando al relato de visos de inusitada realidad al sugerir que la historia le ha sido contada por uno de los personajes durante uno de sus viajes a la región, aumentando con ello la posible verosimilitud y el dramatismo del inesperado pero lógico final.

 

Gatos en Gorgona

Cuento de horror (sin estrictamente serlo dentro de la propia narrativa del texto…). Gato, y encerrado, además, es lo que tiene la isla Gorgona, que lo que menos tiene son gatos… El cuento se halla relatado casi todo en forma de diálogo entre un barquero y un periodista mientras ambos se acercan a la isla en una lancha (“una canoa”) a motor. Una vez llegados a destino habrá que sacarle el motor a la canoa y cambiar ciertos “fusibles” (lo que claramente impedirá una partida de urgencia). Pero el verdadero cuento de horror comienza en la imaginación del lector al momento del desembarco en la isla, al leer la última palabra del cuento, que es cuando la expresión “hambre es hambre” (reiterada en el texto) cobra todo su espanto.

 

Tan sólo un segundo

Cuenta la historia de Decario (¿nombre aleatorio o de significado oculto?). Se trata de un curioso personaje plagado de “percances de carácter secundario” dentro de un relato sumamente ingenioso. Difícil no sonreírse ante el carácter trágico de la historia (“La mente humana está diseñada para poder disfrutar del sufrimiento ajeno”, insiste la psicóloga criminalista Julia Shaw). Y es que el arte del autor tiene la virtud de hacer que el lector inhiba su sensibilidad y disfrute del lado oscuro de su propia humanidad. La descripción en el texto de cierta “celebérrima trampa” es una gema adicional. Ciertamente una lectura indispensable toda vez que el lector decida hacer una pausa en un café ‘Second Cup’…

 

Secreto a dos corazones

Historia de una despedida prolongada, sumamente poética y desgarradora en su belleza y al mismo tiempo en su realismo. Con un final que incluye una poderosa metáfora sugerida, al obligar al lector a relacionar entre sí dos instancias en la historia en la que algo termina en el suelo y barrido “como si nada”, revelando además al final la herida nunca cerrada de uno de los personajes, o quizás las de ambos. Escrito como diálogos intercalados con párrafos narrativos, las secciones en estilo indirecto libre de algunos de estos últimos resultan remarcables. Un cuento para ser releído saboreando el idioma en el contexto de una aceptación existencial casi sisífica (según Camus).

 

La Melle

Es el relato de la relación del narrador (el relato es en primera persona) con su abuela Melle y el final de la vida de ésta. Un cuento de gran sensibilidad, que revela conocimiento de las relaciones familiares, incluida la percepción de una abuela. El texto está escrito en la forma de un diálogo, pero —curiosamente— sin interlocutor aparente. Recién a mediados del quinto párrafo —como al descuido— se descubre que el narrador-personaje tiene un interlocutor al que se dirige en segunda persona (¿quizás el lector?). En el párrafo trece se descubre que no, que le habla a un familiar de menor edad que él. Pero hay que esperar a la última línea para enterarse de quién se trata. Los signos y síntomas de la enfermedad de la abuela resultan difíciles de ensamblar en un síndrome médico único o un diagnóstico positivo, pero su descripción clara les otorga indudable verosimilitud.

 

Carolina

El narrador cuenta, en primera persona, su encuentro casual en Montreal con quien sería luego su profesora de guitarra flamenca. El reconocido gran nivel del autor como instructor y concertista en guitarra española dota a este cuento de un indudable carácter de anécdota personal (pero también, conociendo su arte narrativo, no se logra abandonar del todo la idea de que Carolina pudiera ser, por lo menos en parte, una idealización fruto de su imaginación). El texto no sólo se halla exquisitamente escrito, sino que revela una erudición musicológica digna de una enciclopedia. Todo ese léxico —necesariamente jitanjafórico para el lector lego en la materia— se impone naturalmente y sin discusión, y al pobre lector sólo le queda imaginar a Carolina (en este caso bien real) leyendo y emocionándose con este, su cuento.

 

Meló

Otro cuento al estilo “Carolina”, esta vez con un djembefola, relatando, sin decirla, la tragedia interna del músico nato “que necesitaba dinero”. Incluye frases evocativas tan rítmicas como el propio djembe: “Algo controlaba mis movimientos en esa suerte de hipnosis creada por el embrujo del sonido y la obstinación del ritmo”.

 

Prueba de lenguas

Eficaz cuento erótico y humorístico logrado con base en un calembour en el que se mezclan el aprendizaje de lenguas extranjeras con el de otras menos exóticas por parte de un joven estudiante latino en Montreal luego de tres años vividos en Toronto.

 

Tres cuentos jacobeos

“El embuste” se remota a la inquisición en España, pero reverbera en la época actual al final del Camino de Santiago orientando el rezo más hacia al pobre Pelayo, hecho mártir “por su bien”, que hacia el mismo Santiago de reliquias asaz dudosas.

“San Cristovo do Xeral” relata el pasaje de dos caminantes del Camino de Santiago por un pueblo abandonado y misterioso, donde ni lo que “vive alegre” da alegría, y cuyo misterio —personificado en cierta anciana— es mucho más profundo que aquello que “hace parte del camino”. La descripción del “silencio imperante” es digna de ser releída.

“Encuentro al final” es la crónica de un último encuentro al regreso del Camino de Santiago. Plagado de sorpresas literarias, es una crónica tanto de viaje como de una incipiente relación de pareja, tan fugaz como imperecedera. El largo correo electrónico que aparece como epílogo hace dudar mucho de su carácter ficcional (pero no bien “guarda su llanto”, el estilo amenaza con delatarlo, así como las tres enseñanzas a las que se refiere el correo).

 

Bella incorregible

Una historia de amor adúltero y libre vivido a través de Canadá con “incorregible libertad”, contada con la espontaneidad y ligereza que más conviene a tamaña incorregibilidad.

 

Después de los dones

Un relato teofilosófico que explora aspectos dogmáticos y oscuros en las prácticas de congregaciones religiosas cristianas (pero que vale para todos los cultos). Aunque ello no se explicita en el texto, claramente se trata del epílogo, años después, del relato “Los dones” del mismo autor en el libro A tres manos (2017), en el que “Los dones” representa la primera parte de un tríptico escrito “a tres manos” (cada parte escrita por un autor distinto) titulado “El día que Dios cambió”. Son los mismos personajes, pero en un contexto muy cambiado en el que no sólo se reivindica la gran injusticia cometida años antes hacia el narrador (¿el autor?) y la música, y no sólo en la dialéctica sino en la falta de arrepentimiento de los perpetradores, los que quedan así sin posibilidad alguna de perdón cristiano. Si bien el cuento tiene su propia unidad, la lectura previa de “Los dones” parece altamente recomendable para captar las referencias al pasado, así como la psicología de sus personajes y poder apreciar, en su total e insospechada magnitud, la mutabilidad de lo inmutable.

 

Cruento microcuento de autodefensa

Críptico “cruento microcuento” (o “cuento microcruento”…) en el que el autor retorna con cierto humor negro al tema de la felicidad post mortem. Quien conoce al autor a través de sus textos es probable que sospeche un significado oculto, quizás evidente sólo para iniciados.

 

Romantimmies

Un cuento corto… casi feminista y muy canadiense, relatado en primera persona por una narradora (“colombiana” ella, pero a la que no le “gusta el café”). Cuenta su relación con un personaje (este sí muy canadiense) fascinado por el double-double (café de filtro con doble leche y doble azúcar, un favorito de la cadena de cafés Tim Horton), quien termina siendo víctima (sin darse cuenta) de su propia fascinación, al hábilmente usar a su compañera como artilugio para conseguir sus propósitos.

 

Sin ache y con hache

Una delicia académica, ese intento de un filólogo del castellano por erradicar la letra hache del idioma (algo que hace tiempo ya hiciera el idioma de Dante —excepto en la “ch”— y que para el castellano propusieran en el pasado varios académicos muy reales). La hache muy probablemente representa una secuela de cuando Hispania (con hache…) hablaba un idioma prolífico en sonidos átonos o aspirados cercanos a la jota o efe actuales, y que en el lenguaje oral castellano pasaran luego a silenciarse, y en el escrito fueron recordados con la adición de una hache. Pero el protagonista ofrece como explicación una cita de Umberto Eco (sin hache por ser italiano). La cita parece muy verosímil, y de ser fruto sólo de la imaginación del autor —como apunta la negativa en toda búsqueda al respecto— revelaría una gran creatividad así como un estudiado conocimiento del brillante semiótico y filósofo Umberto Eco, quien es conocido por su literatura combinando historia y ficción, y del que el autor de Ficciones de la vida real se erigiría en claro paralelo al citar, él también, lugares y personajes históricos (“monasterio de Casalle de la Sierra”, “Bernardo de Caraval”, creador de la también mencionada “Orden Cisterciense”), así como temas relacionados con “lo hermético”, todos elementos innegablemente caros al autor de El nombre de la rosa. En todo caso, ese paralelo de incertidumbre académica se agrega a la inteligente ironía que impregna todo el relato, la que se remata con un “lapsus para algunos, pero para otros, brillante sarcasmo” en el que el protagonista, de forma explosiva, deja de lado sus principios más caros; sarcasmo, además, que no puede sino hacer explotar en una gran carcajada a todo lector que haya prolijamente leído el texto hasta el punto final.

 

En conclusión,

En el prólogo que introduce Ficciones de la vida real, la escritora Camila Reimers concluye que el autor, luego de plantearnos ya desde su título la misma pregunta del comienzo, nos hace “luego sonreír y aceptar que ese detalle no importa. Lo que vale es dejarse llevar y entrar en un mundo donde las emociones, la risa y el análisis del escritor nos enriquece”. Y es que se trata de una colección de cuentos que asombra por su compleja variedad tanto temática como estilística, relatada en una narrativa por momentos de gran erudición, y en otros de exquisita sensibilidad, al tiempo que irreverentemente irónica e inteligentemente crítica de la naturaleza humana, sus mitologías y sus excesos. Una joya literaria que transita sobre el filo entre realidad y ficción enriqueciendo a ambas. Una mágica crónica de vida contada con maravilloso realismo en tiempo de fábula de cuento. Confirma a un gran autor de narrativa breve, al tiempo que eleva el umbral (sin hache…) incesantemente creciente de la literatura en castellano en el Canadá.

José Campione Piccardo
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