
Así llamó Ramón Gómez de la Serna a sus aforismos literarios: “greguerías”, que él mismo definió con su famosa fórmula “humorismo + metáfora” y cuyo proceso de creación explicó, en su ingenioso estilo, en el prólogo a Total de greguerías (1955): “Desde 1910 —hace cuarenta y cinco años— me dedico a la Greguería, que nació aquel día de escepticismo y cansancio en que cogí todos los ingredientes de mi laboratorio, frasco por frasco, y los mezclé, surgiendo de su precipitado, depuración y disolución racional, la Greguería”.
Dada la conocida vinculación del madrileño con Buenos Aires, donde estuvo exiliado desde 1936 hasta su muerte, no parece tan casual que haya sido un bonaerense instalado en Madrid desde 1976 quien haya recuperado el género para verter, a través de él, con mucha agudeza e ironía, su pensamiento político-económico, circunscrito técnicamente al liberalismo, cuyas dos acepciones en el Diccionario de la lengua española son: “1. Doctrina política que postula la libertad individual y social en lo político y la iniciativa privada en lo económico y cultural, limitando en estos terrenos la intervención del Estado y de los poderes públicos. 2. Actitud que propugna la libertad y la tolerancia en la vida de una sociedad”.
Al margen de las controvertidas cuestiones ideológicas, en las que yo no voy a entrar, pero sobre las que obviamente reflexiona el autor (eso sí, advirtiendo en su epílogo de que “las greguerías liberales despotrican mayoritariamente contra el socialismo, pero no deben ser entendidas como denuestos contra un partido político en concreto ni tampoco contra la izquierda en general, sino como contra el antiliberalismo hegemónico al que, por volver a Hayek, podemos aludir como ‘los socialistas de todos los partidos’”, pág. 79), esta obra es reseñable, entre otras cosas, por el hecho de ser un estupendo resultado del gran desarrollo moderno en nuestra lengua y su literatura, la hispánica, de la microtextualidad, en coexistencia con los largos discursos, tratados y manuales, géneros con los que, de igual manera, ha trabajado Carlos Rodríguez Braun; ejemplo de ello son sus libros, aparecidos en la misma editorial LID: Panfletos liberales V: mi defensa de la libertad en la política, la economía, la cultura y la moral (2022); El pensamiento de Milei: liberalismo contra estatismo (2024), o La cultura de la libertad: el poder transformador del liberalismo (2024).

Greguerías liberales: ideas afiladas para tópicos blandos
Carlos Rodríguez Braun
Ensayo
LID Editorial
Córdoba (España), 2025
ISBN: 978-8410221659
84 páginas
En este nuevo libro de “ideas afiladas para tópicos blandos”, lo que nos encontramos, sin embargo, es una colección de más de doscientos setenta microtextos (aforismos, greguerías), algunos de ellos acompañados de ilustraciones en blanco y negro de Rafa Sañudo, “quien ha creado cientos de portadas de discos, videoclips, campañas publicitarias y viñetas” (cito de contraportada), que es lo que en realidad aparece en Greguerías liberales: viñetas, frutos minificcionales de la brillante conjunción entre los microtextos de Braun y las pequeñas ilustraciones de Sañudo, y en la senda de los ya clásicos viñetistas españoles contemporáneos como Chumy Chúmez, Mingote, Peridis, Forges, El Roto o Puebla.
En su prólogo del libro, el conocido periodista y locutor de radio Rafa Latorre destaca varios aspectos de la obra y de la trayectoria de Carlos Rodríguez Braun.1 En primer lugar, conecta la producción de este último con la larga tradición del humorismo hispánico, en la que Ramón es, indiscutiblemente, uno de los máximos exponentes: “Ambos autores [Gómez de la Serna y Rodríguez Braun] están más emparentados de lo que parece [...]. Ambos entendieron que el humor es el excipiente de enseñanzas amargas. Entre la soflama, la monserga y el sermón, formas habituales del discurso público, nuestros autores han elegido la guasa. Frente a la gravedad joviana de tanto predicador, ellos son mucho más divertidos y, por tanto, eficaces” (pág. 11). Y, en el caso de Braun, tanto literariamente como en el ámbito radiofónico, en el que ejerce como asiduo colaborador en los programas Más de uno y La brújula de Onda Cero: “El profesor consiguió dominar el medio, la radio, gracias a un subgénero editorial de su propia invención. Se trata de una célula mínima de opinión con la que apostilla un titular de prensa o un párrafo selecto. Es una interjección maliciosa [“un artefacto al que nadie todavía le ha puesto un nombre”], generalmente sarcástica, con la que advierte al oyente de alguna trampa discursiva” (págs. 10-11).
En segundo lugar, reconoce la labor pedagógica de nuestro autor, catedrático de Historia del Pensamiento Económico, en el tratamiento y la explicación de los arduos temas de economía, facilitando a sus oyentes radiofónicos y a los lectores de sus artículos, ensayos y ahora también de Greguerías liberales, la comprensión de aquéllos: “Antes siquiera de que se hubiera acuñado el término influencer, cuando de la viralidad sólo hablaban los epidemiólogos, antes de que hubiera nacido el primer twitcher, el profesor ya acercaba complejos conceptos de economía al alcance del común. Siempre lo ha hecho con la misma generosidad didáctica y con la cortesía añadida de la diversión” (pág. 11). Economía fácil, economía para todos. No es de extrañar, así las cosas, que microenunciaciones suyas que tanto repite hayan ido entrando a formar parte de la fraseología popular, como “¿Saben quién va a pagar esto? Usted, señora”, o “El mejor amigo del hombre es el chivo expiatorio”, incluida esta en Greguerías liberales.
Y, en tercer y último lugar, sitúa la obra de Braun en pleno centro del marco político, económico, cultural y social del pensamiento liberal, para cuyo entendimiento Latorre proporciona una definición de corte psicoantropológico: “Eso significa [ser liberal] que renuncia a un preciado recurso narrativo. El liberal no anticipa paraísos, no promete utopías venideras, salvíficos mesianismos ni tierras prometidas. El liberal sabe que al final del camino de la política sólo espera la decepción; de ahí que uno de los rasgos que descubren al liberal sea la falta de entusiasmo. El profesor va por la vida con ilusión, pero sin hacerse ilusiones” (pág. 12). Otra de sus características es la ruptura con la convencional dicotomía izquierda vs derecha, siguiendo la estela de pensadores como el filósofo José Ortega y Gasset, a quien Braun cita en su epílogo: “Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral” (p. 79, cita extraída del prólogo para franceses de La rebelión de las masas).
En cualquier caso, en todo contexto democrático, nos ubiquemos en uno u otro punto de los ejes ideológicos de Eysenck, siempre estará bien escuchar y leer a otros que, incluso estando en nuestras antípodas, algo nos podrán aportar, y, sobre todo, si lo hacen brevemente y con gracia (“lo bueno, si breve, dos veces bueno, y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintas esencias que fárragos”, decía Gracián), como ocurre con Carlos Rodríguez Braun en Greguerías liberales: ideas afiladas para tópicos blandos.
- “Por la vida con ilusión, pero sin hacerse ilusiones”: pensamiento liberal en minidosis
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Notas
- Por cierto, dicho sea de paso, de ambos hay entrevistas en el famoso videopodcast El Purgatorio, realizadas por Carlos Padilla: el 11 de julio de 2025 al primero y el 31 de octubre de 2025 al segundo, donde se habla precisamente de Greguerías liberales.


