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El reino de lo sensible, una estética de lo bello y lo sórdido en la obra de Sonia Ramón
(sobre el libro Imagina una mujer y una hoguera)

sábado 8 de agosto de 2026
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Sonia Ramón
El universo literario de Sonia Ramón erige una variable al levantar escenarios en donde el ruido del exterior llega a nublar la relación con la interioridad.

La relación de los sentidos con la memoria y el despertar de mundos interiores hasta entonces ignorados, ha hecho parte de la literatura en obras como Ulises, de James Joyce: Gabriela, clavo y canela, de Jorge Amado; Al faro, de Virginia Woolf, y, desde luego, En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, con la escena de la magdalena. La literatura contemporánea, a menudo herida por el afán de nuestros días, ha relegado estos despertares sensibles a un segundo plano, dándole premura al verbo y a una fe desmedida hacia la acción. No obstante, Imagina una mujer y una hoguera, primer libro de la escritora colombiana Sonia Ramón (Bogotá, 1978), se inscribe en una línea literaria de un gobierno de los sentidos, en un franco retorno a lo mejor de la literatura clásica.

Los dieciséis relatos que componen Imagina una mujer y una hoguera no podrían existir sin el imperio de lo sensible en tanto que la vista, el tacto, el oído, el olfato y sobre todo el gusto, se envuelven en un protagonismo sutil, pero determinante, sin el cual la historia no podría avanzar dado que carecería de sustento estético. Tal es el caso del relato que sirve de apertura, “Pecking order”, cuyo título hace referencia a la pintura de la norteamericana Andrea Kowch y en el cual una mujer sobrevive al mundo y a sí misma a través de la cocina, del mundo contenido en la técnica que aspira a ser arte, en la calma de la belleza y la delicia. El mundo de afuera se derrumba, así como la racionalidad de la protagonista, mas ella sostiene las murallas de su ciudadela interior, sobrevive al tedio, a la locura, incluso al tiempo, a través del acto de cocinar. Si no fuera por el espectro de lo sensible, la historia no podría sostenerse, pues el gusto cumple una función tan dramática como trascendente.

La relación entre la pluma de Sonia Ramón y lo sensible propende también hacia una noción de destino en el sentido griego, en donde los protagonistas suelen situarse en una situación de vértigo o de caída inminente, sin que por ello se resignen al desenlace, por predecible o inevitable que parezca. Ocurre así en relatos como “Una vida en un vaso”, en donde una mujer busca una adivina que le hable de su hijo no nacido, del hijo que pudo haber tenido. Sin poder hacer nada por ese niño, tomará acción sobre un perro maltratado y condenado al sufrimiento. En otros relatos como “Desgracias al desayuno” la sordidez es más evidente, y en “El bosque de los ciervos” se atisba una posibilidad de liberación de las prisiones de la sociedad y de la supervivencia ante la locura.

“Imagina una mujer y una hoguera”, de Sonia Ramón
Imagina una mujer y una hoguera, de Sonia Ramón (CLU, 2025). Disponible en la web de la editorial

Imagina una mujer y una hoguera
Sonia Ramón
Cuentos
CLU Editores
Bogotá (Colombia), 2025
ISBN: 978-628-96849-0-2
126 páginas

Los héroes griegos, al igual que los personajes de Sonia Ramón, asumen la desgracia, no para resignarse a la misma, sino para significarse en ella, para tomarla, no necesariamente como una pedagogía identitaria, pero sí como una piedra de toque, pretexto para enfrentarse al destino y a todo lo que ha sido tejido por las Moiras. Desde luego, quien quiera enfrentarse a los hados deberá estar listo para sacrificar su vida y asumir la totalidad del conflicto que derivará invariablemente en la libertad o en la destrucción. Todos los personajes de Imagina una mujer y una hoguera asumen esta lucha, ya sea desde la música, las brasas del fogón o la contemplación de la nostalgia.

Desde el inicio de ésta podría afirmarse que, tanto el ritmo como las frases, responden a una relación de espejo y reflejo entre la exterioridad y la interioridad. “Imagina una mujer afeitando el planeta tierra” y “Pecking order” son muestras de lo que se ha señalado anteriormente en cuanto a la pérdida del mundo y a la resistencia, o bien recuperación de la ciudadela interior, por tomar la expresión de Marco Aurelio. ¿Qué espejos y reflejos ocurren en estos relatos? Podríamos remitirnos al poema “Correspondencias”, de Charles Baudelaire:

La Natura es un templo donde vividos pilares
Dejan, a veces, brotar confusas palabras;
El hombre pasa a través de bosques de símbolos
que lo observan con miradas familiares.

Dos mundos entonces, escindidos en principio, no por la pérdida del yo ni de la inminencia del delirio, sino por la sensibilidad. Lo que ocurre en el mundo de los sentidos resonará en el mundo de la ciudadela. Lo que se medite en la interioridad encontrará su correspondencia en el mundo de afuera, un encuentro de aparentes contrarios que termina por encontrar una síntesis en lo sensible, en lo bello y también en lo terrible. El universo literario de Sonia Ramón erige una variable al levantar escenarios en donde el ruido del exterior llega a nublar la relación con la interioridad. ¿Qué hacer entonces cuando el escándalo cotidiano impide que los antagonismos se correspondan? Replegarse hacia la cocina, la música, la escritura, los santuarios que todavía son capaces de pactar con la muerte.

Sin embargo, esta correspondencia de la sensibilidad y de lo táctil va más allá de la conjunción poética de dos mundos, dirigiéndose hacia la salvaguardia del yo, del mundo indivisible que busca proteger la piedra angular del lenguaje. En “Imagina una mujer y una hoguera”, y sobre todo en “Imagina una mujer afeitando el planeta tierra”, hay siempre un riesgo de locura, manifestada en el recurso de una primera persona que escribe con la velocidad y los estímulos precisos para no perderse a sí misma, para no quedarse sin idioma y deshacerse en el delirio. Es posible que el lenguaje no se pierda, lo cual, como muy bien sabía Virginia Woolf, es la locura real, pero los personajes sí deberán realizar concesiones, y es por ello por lo que Sonia Ramón, en muchos de sus relatos, toma la primera persona, la interioridad de una batalla librada en tiempo presente, la intención de una lucha por mantenerse en el mundo, por unir las correspondencias en un sabor o en una nota musical, en cualquier orden que no implique una tiranía.

Será acaso la prisa del mundo aquella que la escritora quiere precisar en su obra general, la velocidad del mundo que, según Byung-Chul Han, nos ha arrastrado a su delirio del afán por el afán, de la rendición del sujeto en aras de la apariencia y el exceso. Los sentidos libran una lucha en tanto que actúan como portales de significado, pero Sonia Ramón se remite también, al igual que lo hizo Raymond Carver, a las batallas diarias, a las gestas que muchas veces se traducen en la simple supervivencia de un cuerpo o un alma a punto de romperse, haciendo eco, una vez más, en lo clásico, cuando Seneca afirmó en Las cartas a Lucilio que a veces simplemente vivir es un acto de coraje, tal y como lo demuestran los personajes del relato “Desgracias al desayuno”.

¿Cómo sobrevivir a la locura? Además del repliegue y de la lucha desde lo estético y lo sensible, Imagina una mujer y una hoguera propone, además, desde el ritmo de la prosa y el manejo de los símbolos y metáforas, un pulso de ternura, un latido sutil y a veces imperceptible, pero sin el cual ningún personaje podría sobrevivir, de la misma forma en que los relatos tampoco podrían hacerlo, aplastados por su propia carga dramática, la carga del mundo. En el relato “No habrá otro día” esta ternura se teje también con cierto hálito de esperanza, de la misma batalla librada desde la sensibilidad, del amor como una categoría que, aunque vilipendiada, sigue manteniéndose como la medida de todo cuanto existe, de todo por lo que vale la pena luchar, cocinar, y escribir. En esta primera obra de Sonia Ramón, cada personaje desafía el derrumbe de dos mundos, del escándalo interior y exterior del afán contemporáneo, y es quizá por ello por lo que su escritura, a diferencia de lo que suele hacerse hoy, busca la demora de lo sensible y prescinde de cualquier prisa innecesaria.

Enfrentados al destino, a los combates diarios, al sempiterno anhelo de la libertad o de una vida en otra parte, sólo queda atravesar los umbrales de lo sensible, fortalecer lo que yace detrás de lo aparente y hallar el silencio, la pretendida idea de encontrar una respuesta, una piedra para apoyarse y atreverse a volver a mirar el sol por la mañana. ¿Acaso no todos sobrevivimos así?

 

Obras consultadas

  • Baudelaire, Charles (2001): Las flores del mal: Bogotá. Panamericana Editorial Ltda.
  • Han, Byung-Chul (2012): La sociedad del cansancio. Herder Editorial.
  • Marco Aurelio (1983): Meditaciones: Barcelona. Gredos.
  • Séneca (1986): Epístolas morales a Lucilio, volumen 2. Madrid, Editorial Gredos.
  • Woolf, Virginia (1993): Diarios (1925-1930): Madrid, Siruela.
Juan Fernando Aguilar Cárdenas

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