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Ojos negros

miércoles 5 de agosto de 2015
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Te busco con la mirada,
mi cuerpo parece seguir una coreografía mal ensayada para aparentar normalidad.

Te escucho y vibro,
puedo sentir un ardor recorrerme hasta ruborizarme.
Al verte me van quemando las noches de junio que me ofrecen tus ojos.
¡Que alguien abra las ventanas de par en par!
El aire se extingue simultáneamente con el espacio cuando te acercas a mí.

Tu aroma me arrastra suave y espumosa,
el mar me entra por la boca pero no tengo miedo de ahogarme.

Una voz ajena me arranca del ensueño,
mojada veo que te alejas, pequeños peces se agitan atorados en tu ropa.

***


Revoloteante y luminoso
dulce
cálido
aterciopelado
suave aroma de hierba serenada
me enciendes desde el centro de mi cuerpo-universo
penetro la profundidad de las noches que cuelgan bajo tus cejas
como un móvil sobre la cuna de mi infancia
los labios se abren
vibran las gargantas
un beso imaginado se aleja contigo.

***

No me enamoré de ti,
no tengo necesidad de hacerlo.

Levántate de tu silla,
rodea la mesa,
acércate a mi oído y dime cómo apago este deseo que enciende mis pupilas.

***

Cuando todos parpadean al unísono
o son presa de una distracción en masa,
cuando la distancia perfecta
para disimularlo nos separa,
sé que me miras.

***

Pensarte es despertar de madrugada con la tierra mojada engarruñada a la luna. Mi cama se convierte en barco. Navego entre la piel bajo mis dedos y el fin del mundo de mi cuerpo. Tú, eterno y nocturno, abres tus ventanas y detienes todas las manecillas del mundo. Nos respiramos con la mirada como dos animales salvajes, y nos deslizamos a las estrellas como si nunca nos hubiéramos visto. Paso la noche inagotable reproduciéndote bajo el párpado de mi tercer ojo, ese que guardo en la palma de mi mano.

***

Brindo por las noches oscuras
sin luna ni lámparas de aceite
profundas como el hocico de un lobo,
salvajes y hambrientas.

Brindo por su olor a tierra mojada
a sexo, a mar y a tormenta,
por penetrarme con sus relámpagos
y romper el silencio de las horas
con el estruendo de los dioses.

Brindo por la furia de esas noches
intangibles e invasivas,
aunque no pueda saber nunca
si me seducen o me castigan.

***

Que se acaben las horas
que caduquen las leyes y las creencias
para que en esta vida
porque hay una sola
tus vientos exploren la orografía de esta tierra infecunda
y me llenes entonces de Pacíficos, de Atlánticos y de Índicos
las cavidades marinas de las entrañas
y todo lo que palpita
sobre estos pies descalzos entre la arena húmeda

que nos desaten el cuerpo
y que Dios se beba el mar rojo que nos separa
porque yo sólo ardo deseando
que me habiten tus noches
que me habiten.

Elena Herrera
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