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Poemas de Oswaldo Gómez Toledo

viernes 13 de noviembre de 2015

Tras sus recuerdos

“Quité el velo de mis ojos y allí logré observar que dentro del silencio todo es posible”.
Mauro González Quarti: Azorado

Agarré del alambre las camisas y los pantalones,
Llené el morral con mis penas y me marché
Atrás quedó el rancho al cuidado de los perros, el loro y el espejo;
Antes de cerrar el broche del quitaipón liberé las cadenas, la jaula y la luz.
Cogí la punta del camino a la deriva y caminé hasta despuntar la luna,
La que acompaña mis pasos errabundos en cada anochecer.

Así, partí aquel día.
Dejé en el patio mi mochila colgando del horcón
Apagué las brasas, retiré la leña del fogón y guardé los corotos en la alacena;
Entonces, arranqué la foto donde estás con mi perro y la guardé en un bolsillo.
Pasé al kiosco del patio, donde manos invisibles mecían la hamaca y la desguindé,
Para no imaginar que eres tú, durmiendo infalibles sueños rezagados.

Desde la colina, veo el rancho recostado sobre el suelo, por la puesta del sol
El cedro ha madurado, vistiendo con flores magentas el otoño de tu ausencia
Las torcazas ya no descansan sobre las cuerdas del telégrafo a canturrear
El viento ya no se enreda con sus susurros entre las hojas de los tamarindos
Y ya no se escuchan los gallos anunciando las madrugadas, todo está inmóvil.
El pueblo está quieto, la iglesia sin sus golondrinas peregrinas en su campanario
No solo a mí me dolió tu partida, el tiempo también siente tu ausencia

A veces me dan ganas de volver
Y esperar para ver tu figura tangible entrando por el portal del rancho
O salir al camino, cuando los aullidos de los perros me anuncien tu llegada
Luego me pongo a pensar y entonces no vuelvo, por temor a la soledad;
Por miedo de sentirme solo, ver tú café enfriándose sobre la mesa triste
Escuchar al loro parloteando tus locuras, pararme frente al espejo y ver tus ojos
A eso le tengo miedo, vivir de tus recuerdos atados a las paredes del rancho.

 

Mis temores

Cuando besas la comisura de mis labios
No es solo mi boca la que te recibe
Es también mi alma la que te siente
Te abre la puerta para que recorras sus rincones
Y descubras los temores, pelees con ellos y los destierres
Hazlo tú, ya que yo… les tengo miedo

Y se mueven como gigantes abatiendo mis sueños

Cuando besas mis labios, me das fuerza para llenarme de motivos
Motivos para reír, para amar, compartir y ser feliz
Eres mi motivo, el que quiero y deseo, el más bello que tengo
El más profundo que siento

Te regalo las palabras, la sonrisa, la alegría, los sueños y la magia
Olvida las dudas y la tristeza
Ellas son dos viejas amigas que de vez en cuando vienen y me visitan

Las atiendo en la sala y les cuento mis confidencias
Ya les hablé de ti y sé que sienten celos
Por eso apresurémonos amor
Que ellas no descansan.

 

Ven…

Ven dancemos sobre todos los silencios
hasta exprimir la nostalgia que cuelga de nuestra piel
Orlando Medina: Ven

Y me dijo, ven que estoy acá, así como me ves,
Con el cabello alborotado y la piel suave
Acá estoy esperándote,
Deseándote.

Estoy acá, así como me conoces.
Los senos pequeños,
Las manos grandes,
Con mis caderas de violonchelo.
Y el fervor entre mis piernas.
Así, como me deseas.

Ven, que estoy acá, esperándote.
Amante furtivo,
De remotos imperios has venido,
Y de cercanos presagios te has vestido.

Ven, deja tus amarras,
Ven, desnúdate,
Suelta la espada y déjate caer;
En mi cama,
En mi cuerpo,

Ven, déjate caer sobre mí.

Acá estoy, pero no prometo amarte,
Solo tocarte, besarte y dejar que te entregues,
Libar el sudor de tu cuerpo,

Eso sí, prometo amarrarte a mí y amarrarme a ti,
Hasta que nos fundamos en una sola mixtura,
Hasta que te moldees a mi cuerpo,
Hasta que te amalgames a mi textura,
Hasta que ya no nos reconozcamos.

Ven, que acá estaré esperándote.

 

Tu adiós

A Álvaro Novoa, QEPD
Si muero,
dejad el balcón abierto.

Federico García Lorca: Despedida

La muerte es tan curiosa que juega siniestra con nuestro destino
Tocó primero a tu puerta; sin ni siquiera avisar
Llegó primero arrestando tu vida

Estoy triste, pero sé que estás cerca, aún siento tu voz
Estoy triste no por ti, sino por mí
Porque te extraño, te extrañamos mucho
Te extrañaremos por largo tiempo, por siempre
Hasta que tus recuerdos nos den las fuerzas para persistir

Sé que no estás lejos, aún se escuchan tus carcajadas que nos trae la brisa
No estamos lejos, todavía queda en el ambiente tu onomatopeya
Esa del “Tarara rara…”, cuando celebrabas tus aciertos y triunfos

Volveremos a vernos, No sé
Me despido de ti con gran nostalgia
Los muchachos te recuerdan
Mi corazón te dice ADIÓS
¡Volveremos a vernos! No sé.

 

Réquiem…

Y fuimos al cementerio
Vimos el féretro, mientras lo enfilaban hacia tu última morada
Vimos esos charcos estancados, después que el cielo lloró tu partida
Todos lo vimos, vimos la bruma triste que encapotaban los olivos

Escuchamos el llanto, la tristeza merodeando el ambiente
Vimos el dolor en el rostro de tus hermanos, familiares y amigos,
El amargo silencio de tu esposa y el sollozo inconsolable de tus hijos,

Lo vimos todo,
Todo esto, lo vimos

Sufrimos tu cortejo triste,
Sin embargo amigo,
Aún no creo que hayas muerto…

 

Ímpetus…

Esta tarde y de repente, ni más, ni menos
Me senté en esta silla y con la mirada en la distancia, te recordé
Recordé cuando pasabas por la vera del camino alegrando al viento;
Sonreías y mi voz se escapaba en un susurro lisonjero llamándote

Hoy te he vuelto a extrañar
Pero ya con calma pude hasta cerrar los ojos, sin sentir nostalgia
Y entre tanto, pude pensar y recordar esos momentos felices
Con sus días claros, sus noches serenas y una calma sempiterna

Porque mis pensamientos te regresan a mí,
Yo creo que algún día este camino volverá a sentir tus pasos de popelina
Sin prisa llegarás y yo volveré a verte
Y mis labios dibujarán otra sonrisa, que guardaré en mi memoria
Para poder tenerte, disfrutarte y hacerte sentir, sin desbordar mis emociones

Hoy, en resumidas cuentas, te he vuelto a pensar, pero para sorpresa mía,
No te he vuelto a extrañar, ya no es lo mismo, creo que son mis dudas.

 

Final

No hay un momento oportuno para el adiós,
Para una última mirada,
Para quedarnos con el recuerdo ajeno
No existe fecha predestinada para el olvido,
Ni una señal que nos avise que es hora de partir

El final es siempre inoportuno,
Es como la mosca en la leche que daña los días,
El amarradijo del hechizo que borra toda ilusión
Y nos abraza inseguro en el tiempo,
Nos besa frío y aprieta en el pecho como filo de navaja.

Llega sin más, solo llega
Obligándonos a verle directo a los ojos,
Y aceptar su presencia.

Llega, y se queda sin avisar
Mientras cada uno de nosotros se aleja

Debes decir adiós…
Si tus dedos se han cansado de escribir
Y tus suspiros ya no te ilusionan,
O cuando sientas que a nadie le importas

Debes saber decir adiós,
Cuando tus poemas se han perdido en la nada
Y las palabras se te van de la boca,
O cuando ya nadie te extrañe cada mañana al salir el sol

Oswaldo Gómez Toledo
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