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Poemas de Quetzal Buendía

lunes 4 de julio de 2016
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Piel que sabe a madera

La soledad es un desierto ardiente
en donde la voz no avanza
aunque grites y blasfemes o bendigas,
la soledad no tiene sabor ni olor ni forma definida,
se te enreda y te entorpece,
te vuelve inútil y te apaga la luz de la mirada.
La soledad no sabe a nada,
eso es lo peor que hay en ella,
no sabes si ya se fue o si acaba de llegar
porque no tiene tiempo ni medida,
no hay soledades grandes o pequeñas,
o infinitas o eternas,
Sencillamente hay una y es la tuya.
Yo viví la mía a mi manera
y me entregué a su poder
y baje a los sótanos de la vida para ver si me mataba,
la comí,
la deglutí,
la bebí y traté de encontrar su esencia,
su sabor y su secreto,
fue así que llegué a conocerla y casi pude disfrutarla
pero al final siempre me faltaba el bosque,
la cabaña, la flama de una hoguera
y no podía vivir sin compañía.
Llegué a pensar que la soledad era yo.
Hasta que te descubrí en un resquicio de mis ansias
y pude olerte y tocarte sin prisa
entonces la vencí,
maté a la soledad con el veneno
de tu piel
que sabe a madera,
madera de bosques mágicos y brillantes,
madera que escurre savia de luz y fuego,
madera que se antoja en una cruz
o en una hoguera como último destino.
Tu piel sabe a madera sin tiempo,
cada minuto se inventa y se destruye
para renacer nuevamente cuando la tocan mis labios
y mi lengua,
eres madera y eres piel que me acompaña,
la soledad me perdonó, tu piel me alimentó,
la madera de tu cuerpo me salvó,
eres pareja con el don del complemento,
ya no existo sin tu sabor, por eso te como
y me deleito cada noche para que mi cuerpo se llene
con tu piel que sabe a madera…

 

Lo que queda

Quedan flotando tus sonidos en la habitación,
ángeles invisibles se envuelven en tu aroma
y revolotean a mi alrededor mareándome
con sus giros y piruetas,
queda la luz de tu mirada refugiada
en el espejo del baño
y en los huecos de mi alma,
quedan tus jugos vivos en las sábanas,
en mis poros y en mis labios
abonando los surcos eróticos de
nuestro próximo encuentro.
Queda la terquedad de mi carne,
vibrante y mojada por ti
como testimonio de que te han habitado
mis ansias y mi fuego.
Queda el recuerdo
de ese silencio misterioso
que aparece justo antes del orgasmo
y que siendo tan breve
se nos hace eterno.
Queda la mala hora de tu partida
atrapada en las agujas del reloj
carcomiéndome la esperanza,
recordándome que solo junto a ti
yo soy.
Queda el miedo de no volverte a tener
y de que tu candor y tus caricias solo existan
en mis recuerdos.

 

Lo que soy

Soy la corriente de un río
que baja por tus montañas
y atraviesa tus valles de pasto terso
buscando fundir sus aguas con tus secretos
y volverse fuego.
Soy el viento de tus bosques,
soy la brizna que se mete en cada
rincón del espacio que te inventas
cuando amas a otro cuerpo.
Soy el coro de mil aves
que anuncian tu llegada
a la tierra prometida del deseo
y llueven sus plumas sobre tu lecho
para que descanses después de la batalla,
y tengas paz
y venga el sueño.
Soy la huella de miles de fantasmas
que viajan y flotan agitando sus sábanas
ardientes de soledad para que los amantes
los recuerden y compartan con ellos
sus quejidos de placer que ya han olvidado.
Soy lo que soy o lo que tú quieras que sea,
soy la migaja que alimenta al animal pequeño
pero lo salva de la muerte fría y del silencio eterno.
Soy la sal de tu alimento,
soy la uva de tu vino
la levadura del pan de tu cuerpo.

 

Secretos

Que no sepan tus manos ni tus dedos
que me tienen atrapado sin tocarme,
que no sepa tu oído derecho
lo que le digo al izquierdo
porque a los dos les miento.
Que no sepa tu pecho que lo sueño
que lo extraño cuando estoy despierto
y que lo presiento como presienten
los pobres al hambre y al frío.
Que no sepa tu boca que amo su silencio
porque sin hablarme me cuenta el universo
y sin sonidos me aturde
y su misterio me tiene loco.
Que no sepa todo tu cuerpo
que lo deseo sin conocerlo.

 

Ventanas

Somos como dos ventanas que ven
hacia mares diferentes,
vemos playas con gente distinta y arena
de otro color.
Solo la brisa que nutre nuestros espacios nos es común,
esa brisa que trae aromas de cuerpos y sudores
de otros tiempos,
de otras gentes
de otras camas y paredes
que de alguna manera nos volvieron
lo que somos ahora,
que de alguna manera son culpables
de lo que decimos y de lo que sentimos.
Los sentimientos son lo único que no podemos
disfrazar,
están ahí siempre con su campana sonando
en nuestros oídos,
recordándonos lo que somos,
lo que amamos y lo que extrañamos.
Somos como dos ventanas que miran hacia mundos
diferentes pero que reciben las auroras y los ocasos
con la misma alegría y emoción,
dos ventanas que saben que no pueden ser una sola,
dos ventanas,
eso somos tú y yo.

 

Boca viva

Mi boca junto a la tuya es algo diferente,
es más un instrumento mágico
que una parte de mi humanidad,
me sirve lo mismo para alimentarme
que para disfrutar tus sabores y tus calores,
tiene orillas que se alargan y se contraen
según tu estado de ánimo,
tiene filos y cantos capaces de cortar
el tedio y la desesperanza.
Mi boca junto a la tuya
es rama de una planta venenosa
que engaña y luego es engañada,
que se cansa y se desmaya
pero revive y vuelve a la batalla
de lenguas, de dientes y de ansias.
Mi boca junta a la tuya
es un espacio cerrado e infinito,
un mariposario celestial en donde nacen
los milagros luminosos que me hacen vivir
y en donde los segundos brincan
y los puedes ver, tocar y detener.
Mi boca junto a la tuya es el inicio y el fin,
es como un laberinto en donde nunca encuentras la salida
porque no existe y porque no quieres que exista.
Mi boca junto a la tuya insulta a la virtud
y redefine lo que es el pecado,
enseña a ver el mundo sin ojos
y a decir todo lo que importa guardando silencio.

Quetzal Buendía
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