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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Poemas

• Viernes 12 de agosto de 2016
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Jorge Aguilera López

Jorge Aguilera López posee una buena calidad lírica y reflexiva en sus versos. El primer poema de la presente selección, “Reflexiones antes de los 30”, puede considerarse un acta poética tanto por los temas que supone como por el proceso de formación del sujeto de la elocución, que es propiamente el autor. Algunas de las preocupaciones expuestas en dicho poema se desenvuelven a lo largo del resto de la obra, tales como: crítica social, evocación, escritura, poesía, historia, pasado. El poeta tiene un interés por trabajar la estructura del verso, mismos que se adecuan al tema o anécdota, tal es el caso del último poema, “Tríptico de guerra y caballería”, que sin serlo planamente, está próximo al octosílabo.

Fernando Salazar Torres
Responsable de la selección

De la serie Voces actuales de México

Reflexiones antes de los 30

A Fernando Franco Delgado, asesinado en Sucumbios, Ecuador.
A Enrique González Rojo Arthur.

Tengo un pasado, pero todos tenemos uno.
Tengo un presente, y eso no todos lo tienen,
Fernando lo sabe.

Pienso en el futuro, y ahí es donde la angustia
………..se me trepa a la frente.
Cuando bebo, las manos se me caen
de vergüenza. Cuando fumo, la lengua
se me hincha de vergüenza. Cuando me desvelo
intento robarle horas al día, restarle ocios a la noche,
………..ganarle la partida a la madrugada.
Lo malo es que la mañana siguiente
siempre me gana por nocaut.

Perdí la inocencia de lector en Cortázar.
Perdí la ingenuidad en el Marqués de Sade.
Me volví escéptico en Marx y Engels.
Me volví rebelde en Vallejo, irreverente en Girondo.
Creo que Maples Arce es el dios y Arqueles su profeta.
Pero el chingón chingón es List Arzubide.

………..Soy músico frustrado, cuentista frustrado,
economista frustrado, politólogo frustrado,
guerrillero frustrado, luchador frustrado,
conductor de radio frustrado. Viajo en metro
porque no soporto el tráfico. Viajo en micro
porque no soporto el metro. Creo que Sabina
se acabó los ácidos. Creo que hay genios anónimos:
se llaman Teixeiro, Catana, Mastuerzo, HACS, José Cruz.

Me gusta la poesía en crudo, con limón y sal.
No soporto el champagne del endecasílabo sáfico,
del serventesio heroico. Detesto la poesía pura,
la pureza está bien para las monjas.
Un amigo me contó de Mario Santiago.
Desde entonces la realidad es un inframundo.
Un ratón me comió la lengua. Desde entonces
un grito de gato hace fiesta en mis encías.

Perdí mis discos de Piazzola, de Armstrong,
de Coltrane. Sólo me quedo la síncopa.
Leo a Roque Dalton, A Juan Gelman, a Paco Urondo,
a Ernesto Cardenal, una traducción de Bertolt Brecht.
Pero no puedo con Octavio Paz: soy fan de la lucha libre.

Ayer tuve un sueño: una mujer de pelo rojo me tarareó
all you need is love. Desperté a su lado gritando let me be.

Analizo mis palabras más que mis actos.

Soy cobarde, pacifista violento y erotómano.
No quiero saber qué hay más allá de los treinta, hoy no.

Quiero gritarle “hijo de puta”
a cualquier hijo de puta que me hable de la salvación.


Yo tenía una muñeca, pero nunca se vistió de azul.
Vestía de rojo, y gritaba que el pueblo
y que la miseria. Se peinaba de cola de caballo
para poder montarme por las tardes,
se maquillaba de negro para oscurecer su ternura,
iba del brazo a la pierna, cada mañana
………….(así era de obsesiva).
Nunca la vi en televisión, pero tenía más espectadores
que la comedia de las nueve.
Fue a la costa, y vio que no era buena;
fue al cerro, y vio que era infinito;
fue al techo de su casa y vio
que Dios no era alto,
pero que en cambio era un tenis en un cable,
es decir que siempre estuvo allí,
incluso antes que nosotros.

Mi muñeca no me veía,
mi muñeca se anudaba las orejas
………..y no me escuchaba.

Somos marxistas, de la tendencia Groucho,
decía, y se iba como duende en los ojos de su gato.
Mi muñeca nunca vistió de azul,
pero cuando vestía de rojo era furia en las manos.

Entonces yo no tenía otro remedio:
desvestirla, despeinarla, sacarla del gato.
Y dejar que el Tenis bendijera
………………………………………nos.


En noches como esta, en que el frío
cala hasta los ojos y la sensatez.

En noches como esta, en que la obscuridad
es un abismo, una llaga, una daga al hígado.
En noches como esta, en que el miedo
se trepa al cuerpo y destroza los nervios.

En noches como esta,
en que me gustaría que Dios,
ese desgraciado,
no estuviera muerto.

En noches así de brutales,
digo, pienso que no hay mañana,
aunque la haya; que no hay futuro,
…………aunque lo haya.

Mas de pronto, de nada,
de todo, me llegan tus ojos,
su luz tibia, su coraje,
sus ganas de amanecer.

Y es entonces que pienso,
si es que puedo pensar,
que algo salva, que algo llega,
que alguien espera.

Y abro la madrugada
Para que pueda entrar tu luz.


Sin costuras se inició la mañana.

Allende la sala, una maravilla de 390 meses repetía el mantra de las noches perdidas:
soledad, aluvión, resina en las paredes y giro en las entrañas; nada se olvida, pero todo pasa.

Crecí con la certeza de los meses añadiendo semanas a los días,
llegué al silencio como quien encuentra el fuego escondido en el subterráneo,
sin notarlo, hasta que la explosión destruye la ciudad y sólo amanecen las ruinas para contarlo.

Pero aún creo en la maravilla, en los 390 meses y en lo que pasa, no en lo que se olvida.

Se cierra la luz, se zurcen los días.


Escribes como quien recibe un soplo de luna en las mejillas.
No es eso a lo que llaman inspiración, es cierto,
es apenas la ley de gravedad que hace caer las palabras en su centro.

Escribes y yo reparo cacharros, pienso que siempre he sido útil
para las cosas que no sirven.

Escribes para jugar a las adivinanzas, escribes acerca de falsedades y apariencias
porque no hay verdad que valga en tus palabras.

Escribes y yo sigo el paso gastado de los cables rotos,
creo que mi talento no alcanzó nunca para reparar lo inservible.

Escribes de la nada, de la insignificancia, del absurdo.

Escribes y encuentro la vocación de mis puños.


Tríptico del profeta

I

Dice que los pájaros son poéticos, dice.
Dice que las flores son una metáfora, dice
(pero no dice de qué).
Dice que las hojas y los árboles y los bosques y…

Dice que come vegetales orgánicos,
que prefiere la bicicleta y la energía eólica.
Ayer, sin ir más lejos, llegó hasta los ríos
Churubusco y Mixcoac.

Porque un día le dijeron que los ríos y los montes eran tema
del Encuentro Nacional de Poesía y
que podía ganar el primer lugar de los juegos florales
(y la metáfora estaba en el premio y no en el poema).

 

II

Los magos son poetas, dice.
Pero no piensa en los clásicos:
Rodi, Frank, Chen Kai, Ari Sandi.
Y no pensó en El Boticario,
aquel que fracturó el espacio de la representación.

El vidente es un poeta, dice.
Y Walter, Esteban, Amira y Giovanita
piden ser llamados para informarnos que las esferas celestes
tienen una revelación por comunicarnos,
a razón de 30 pesos el minuto.

 

III

Dice que el poeta es un profeta, dice.
Que el todo incluye la parte y la parte es el todo, dice.
Las palabras de la tribu, la videncia,
la magia y la profecía
suman páginas,
curriculum:
lo que hace al poeta.

Al cabo, el profeta es el poeta,
no el poema,
no la poesía.


Tríptico de guerra y caballería

I

Cuando un rayo / parte
la cabeza / se disloca
el mundo / cambia
el día / sucumbe
el encierro / de la lengua
parte en colores el mundo
y una voz desteñida
vuelve a poblarse
de humanidad.

Es entonces una pugna /
un yo abierto al mundo
desangra el grisáceo /
hueso fracturado y a rastras,
ergástula que encerraba /
las manos y las palabras
a cuyo encuentro
todo cambió.

Esa es la historia.
Un rayo ya /
tan inesperado, ya /
tan en guerra.
Un rayo, una posibilidad
de alumbrar el mundo,
de pelear el mundo.

 

II

Sucede que un hombre
mide la distancia del cuello a la caída
y es entonces un animal mítico
—alas desplegadas, cuerno multicolor—
quien recuerda,
asiste la antigua ceremonia:
velatorio de armas,
juramento de lealtad
(ya no hay castillos,
pero siempre quedará Nueva York).

Aunque, claro, no hay Dulcineas ni Rocinantes.
No hay estirpe,
queda solo el antes hombre
ante las dudas de su afán.

Pero los colores, otra vez los colores.
El animal mítico ha granjeado /
poblado territorios de venas
en circulación /
de verde se visten las tardes,
de rojo las piernas.

Es entonces que el caballero
—antes hombre,
figura descolorida—
imagina una nueva guerra /
sin retórica mediante /
y se tiñe,
se alumbra / se enciende /
el mundo.

Otra vez.

 

III

Así es la cosa.

Un recuerdo súbito,
una tarde sin pasado
abre ventanas
—ojos como puertas—
e inicia el rito /
antiguo de tan nuevo.

Pero incluso en la guerra
hay reglas.

Solo la nobleza /
el expuesto hueso /
salva la barrera impuesta
en ánimo de futuro /
se libran batallas.
Un animal mítico /
y un caballero descolorido /
pugnan, se enfrascan
en búsqueda y encuentro
del color /
la perla de la actitud.

Las horas, entonces,
a distancia,
son combates cuerpo a cuerpo:
así es como descubro /
que detrás del color está /
el mundo que alumbra:
un animal ya
tan rayo ya
tan místico /
abre las ventanas,
derrocha color.

Queda solo el diálogo /
Animal y caballero enfrascados /
en guerra colorida ya tan sin prisa.
Una su voz dice:
“en realidad, solo el asco me salva de ti”
Otra mi voz replica:
“Hay un momento en el cual perderte el respeto
resulta la única actitud caballeresca posible”.

Jorge Aguilera López

Escritor mexicano (Ciudad de México, 1979). Maestro en letras mexicanas por la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), donde cursa el Doctorado en Letras. Fue merecedor de la medalla “Alfonso Caso” al mérito universitario por sus estudios de maestría. Es profesor de tiempo completo del Centro de Enseñanza para Extranjeros de la Unam. Ha impartido cursos en la Facultad de Filosofía y Letras de la Unam y en el Posgrado de la Pontificia Universidad Católica de Ecuador. Es miembro fundador del Seminario de Investigación en Poesía Mexicana Contemporánea, del cual fue coordinador durante el periodo 2012-2014. Artículos suyos han aparecido en diversos libros colectivos, entre los más recientes: En la orilla del silencio. Ensayos sobre Alí Chumacero (México, Fondo Editorial Tierra Adentro, 2012), América diversa. Literatura y memoria (Perú, Editorial Altazor, 2012), Ensayando el ensayo. Artilugios del género en la literatura mexicana contemporánea (México, Eón/El Colegio de Puebla/Grand Valley State University, 2013), Mito y utopía en las literaturas andinas contemporáneas (México, Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la Unam, 2013), Otros raros (México, El Colegio de San Luis, 2014) e Historia crítica de la poesía mexicana, tomo 1 (México, Conaculta/FCE, 2015). Es autor del poemario Glosar rupestre (México, Versodestierro, 2014).
Jorge Aguilera López

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