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El movimiento de la tierra (extractos)

lunes 5 de diciembre de 2016
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De izquierda a derecha, Federico Díaz-Granados, Andrea Cote Botero y Santiago Espinosa

La presente selección es muy especial. Se trata de tres poemas pertenecientes al inédito poemario El movimiento de la tierra, de Santiago Espinosa, con el cual ganó el Premio de Poesía Jaime Sabines, según el veredicto difundido el 10 de noviembre. El jurado estuvo formado por los poetas María Baranda, Ricardo Yáñez y Eduardo Hurtado. En palabras del propio poeta, la poesía debe estar cerca de la gente y trasmitida de una forma sencilla. La ceremonia de premiación será este martes 6 de diciembre en Chiapas, y el 7 y 8 de diciembre dará lecturas de poesía. En la fotografía (a la derecha) aparece con los poetas Federico Díaz-Granados (Colombia) y Andrea Cote Botero (Colombia).

Fernando Salazar Torres
Responsable de la selección

 

Urapanes

“…As one leaf passes its shudder
To another”.

Charles Simic

Dos árboles.
Tan cerca el
uno del otro
que las hojas
se estremecen.

Quisieran
haber sido
barcos,
en esta hora
en la que
todos
se marchan.

La savia
les duele
a lo largo
del tronco

arriba de los
ladridos y
las chimeneas.

Dicen que ya
estaban aquí
antes del parqueadero
o el supermercado
pero también ellos
llegaron algún día.

Trataron de ajustar
sus relojes cuando
el otoño se hizo
demasiado largo.

Árboles náufragos
con sus azules
llamaradas,
su juego de llaves
que no llevan
a ninguna puerta.

También ellos
secaron la tierra
para oscuros
navegantes.

Desplegaron una
sensualidad amarga,
pensada para otros
que no son los que
a diario circulan.

Alguien recordará
en sus ramas
un pueblito japonés

o un barco que
se eleva muy
lejos de las costas.

 

Mariposa nocturna

…espera que cada uno se realice y consume
con su poder de silencio y de palabra…
Drummond de Andrade

Es inútil que escribamos sobre todo.
Hay que saber esperar.
El poema nace en el vacío
que desplaza otro poema.
Pienso en las mariposas nocturnas
persiguiendo su sombra sobre el techo.
Se alejan y la sombra se perfila,
cuando se acercan demasiado
pierden la imagen en el vuelo.
Es más o menos así.
Sombras que buscan la luz
para permanecer como sombras.
A veces el silencio es el último
cumplido sobre las cosas que amamos.
Su manera de estar a nuestro lado.

Para Tania G.

 

John fabricante de helados

Lo aceptemos o no, el reto estaría en permitir
el contacto. Entrar en lo que ha estado disperso.
Pienso en esa persona con la que coincidimos
una mañana, extraños el uno para el otro
como ocurre en los sistemas de transporte.
Se presentó como John, de Staten Island,
yo como alguien que viaja desde otro país.
Hubiéramos podido callar pero la escena
seguiría intacta: dos hombres que miran la marea.

John me habla de su familia que está a algunas bancas
de distancia. Su esposa, sus nietos. Se sorprende del
dominio de estos chicos con las nuevas tecnologías,
para él incomprensibles. Me habla de su madre
que está entera a los 90 y vive en las playas
de Long Island. El mundo se ha vuelto numeroso
pero el frío conserva sus historias,
la de John, nos mienta o no desde su voz carrasposa,
quien asegura haber tenido una fábrica de helados
no muy lejos de allí, “el mejor trabajo del mundo”
sostiene, mientras sus ojos se abstraen a otro horizonte.
Piensa, sin decirlo, que un joven cualquiera
podría entenderlo mejor que su madre,
de pronto ser la muerte con su abrigo de extranjero,
justo en el más caluroso de los inviernos.

Cuántas cosas ha visto John, cuántas verdades
que quedaron en suspenso. Los recuerdos lo persiguen
como un furgón de cola que no termina de encajar.
Y él allí, siempre adelante de ellos.
Pero ahora hablemos de su voz, algo apagada por los años.
Como si las palabras nos espiaran del otro lado del hielo,
como si no hubiera garganta sino una guitarra de despojos,
abandonada por los suyos entre las piedras y la nieve.

Sus frases tenían la luz de lo que ya está a punto
de desvanecerse. John, pensamos, no le hablaría
a otra persona con la misma confianza, sólo a un extraño.
De pronto la muerte fuera él y esta la última estación,
un símbolo, John de Nueva York y de ninguna parte,
el mar se desplaza bajo el Ferri como dos sedas divididas.

Nos despedimos algo antes de tiempo,
hubo amistad entre los dos. Lo felicito por su familia
mientras él, cálido sin embargo,
………………………me habla desde la escarcha y me desea un feliz viaje.

Santiago Espinosa
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