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Coincidencia

viernes 10 de febrero de 2017
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Dos ancianos, sentados en un banco de color marrón de un museo de la capital, observan la nada y el todo de sus zapatos.

—¿Sabes qué es una coincidencia? —pregunta él.

—Claro que lo sé.

—Pero no sabes lo que significa para mí.

—Lo dices como si alguien pudiese conocer algo de lo que pasa por esa cabecita tuya —ella sonríe y le observa por el rabillo del ojo, cual adolescente tímida.

—Cierto —él hace lo propio pero es incapaz de apartar la mirada de ella; le parece que está radiante a sus ochenta y tres años.

—Pero dime, ¿qué significa para ti? —pregunta ella.

—Pensar que la vida era amor y descubrir que es odio.

—La luz se esconde a veces tras cristales opacos.

—¿Qué?

—Eso me decía mi madre.

Los dos ancianos alzan la vista y contemplan un cuadro de imágenes concéntricas, como muñecas rusas planas. Juntan las palmas de las manos en medio del hueco que les separa y se quedan en silencio, sin apartar la vista del cuadro.

—¿Por qué es una coincidencia? —pregunta finalmente ella.

—Porque llegué a creer de verdad que era odio.

—¿Volviste al punto de partida cuando me fui?

—Me di cuenta de que llevaba muchos años creyendo una mentira. Y, la verdad, no sé quién me la contó.

—Nadie. —Ella repara en la imagen concéntrica del centro del cuadro, bella y desprovista de adorno—. La verdad se complica con los años. De pronto aparecen falsas verdades y el centro de nuestra vida se opaca.

—¿Sabes por qué siempre te he querido? —él se gira hacia ella, como si estuviese a punto de pedirle matrimonio—, eres como una pieza sensual y sinuosa de jazz: estás decidida a mostrar algo, pero te tomas tu tiempo. Siempre has sido mi punto de referencia. Pero ahora…

—Ahora la vida se ha vuelto un poco más opaca.

—Son sesenta y un años.

—Sesenta y un años de única verdad, de imagen bella y sin adorno.

—Y siete días de imágenes crudas y desfiguradas, como rosas marchitas.

—Pero ahora estamos aquí, en el centro de la imagen.

Se sonríen, cual adolescentes, como si volviesen al punto de partida.

Alfonso Aldín
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