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Dos relatos de Rosa Vía Bazalar

martes 16 de octubre de 2018

Marea insaciable

Las olas desprendían su perfume característico, los flamencos se alineaban con los patos mientras las embarcaciones parecían pedirles permiso para el arribo sobre tierra firme, aquella que hace cuarenta días y cuarenta noches no palparan.

Las embarcaciones nuevamente zarparían y aún el hambre, en las entrañas, ardía.

Jalaban con amarras improvisadas el peso de cada bote, sólo madera desgastada por la brisa y espíritus hastiados que armonizaban con la escasez de pesca, acostumbrándose a la pobreza.

La caleta de san Andrés revelaba rostros de hambrura mientras radios locales no dejaban de propagandear a los aspirantes al sillón edil. En almuerzos dentro del municipio se discutía la cesión de terrenos y el tráfico de dinero que ensalzaría como ganador al próximo alcalde, en medio de la falsa algarabía, rostros llenos de ira dejaban en la puerta de la iglesia, colindante a la alcaldía, un artefacto extraño, sospechoso, un armado rudimentario de fierros viejos y estructuras oxidadas, que a la mañana siguiente se observaba esparcida junto a las extremidades cercenadas, de aquellos que encerrados en su mundo de poder y egolatría, sorteaban la suerte de centenares de vidas.

Las embarcaciones nuevamente zarparían y aún el hambre, en las entrañas, ardía; pero con la muerte de la desidia gubernamental se podría aguantar, al menos por unos días más.

 

Un simple ser humano

—¡Detente ahí! —exclamó exaltado, como si dispusiese de ese último aliento para retenerlo.

—¿Para qué me necesitas? Total, ya has aprendido cómo es esto.

—¿Acaso deliras como yo, todas las madrugadas? ¿Crees que estoy preparado para enfrentar este mundo?, donde el embustero es aplaudido y seguido por halagos, mientras que el honrado es abusado hasta que su alma se acostumbra a ser lastimada; en este mundo donde el infiel es respetado y pasado por alto, donde el leal es visto como expatriado; donde lo evidentemente malo es lo acostumbrado y donde cada acto benevolamente humano es considerado extraño. Dime tú, acaso, ¿me crees preparado?

Correteos, ambulancias, perifoneos, olor nauseabundo a éter, llantos aguantados, solicitudes vehementes, pasos, de ida, de vuelta, de retroceso.

—Has caído en cuenta sobre lo que necesito de ti en este mundo, eso basta para que atravieses las barreras del espectro, donde lo único real serán tus actos, manejados por tus deseos, por tus intenciones y además por tus arrebatos… Entonces, sí, estás preparado.

Un nuevo año empezaba y la maternidad estaba atiborrada de embarazadas y puerperas a punto de enloquecer de amor, de dolor o de miedo, entre la preocupación de ser madre, de no estar sola, de estar sana, de salir de ahí viva. Todo aquello que sólo el embarazo es capaz de cofluir en la psiquis femenina, un tumulto de emociones que sólo desencadenarán lágrimas, lavando sus angustias, las precarias y las transformadas.

Correteos, ambulancias, perifoneos, olor nauseabundo a éter, llantos aguantados, solicitudes vehementes, pasos, de ida, de vuelta, de retroceso y finalmente un prototipo de gemido que en unos veinte años se convertirá en pastor de iglesia, en un político sin reserva, en un médico abortista, en un abogado de defensa abierta a la narcoeconomía, un sicario sin nombre, un cura pedófilo, un administrador honesto de una viña donde los obreros se acercan a pedir consejo y clemencia, un semidiós de los pobres que los palmotee de día y los cholee de noche… todo ello podría ser, empero siempre estará seguro de que nunca estuvo listo para este mundo.

Rosa Via Bazalar
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