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El encanto de los bosques

martes 5 de febrero de 2019
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—Abuela, ¿cómo me hablas de robles y cedros, de pinos y cipreses, para decirme que forman su mundo tan parecido al nuestro?

—Tal vez porque desde aquí puedo verlos y sentir sus “andanzas”.

—Pero, ¿cómo hacen para crecer en familia, como me cuentas?

—Trataré de explicarlo: la Tierra es la madre transformadora de la energía que nos mueve, ¿no?, ella se encarga del proceso creativo. Así, colocamos una semilla que esté sana de cuerpo y mente en un surco, un poco de agua cada día hasta que aparezca el maravilloso brote. Entonces aparece el padre Tiempo, mueve sus ondas vibratorias especiales con la ayuda del Sol; la Luna y el Viento le irán dando forma al nuevo Ser.

—¿Y los robles…, y los cedros?

—Los robles, cedros, pinos y cipreses, son nombres emblemáticos que obedecen a sus propias características, pero en esencia tienen la misma fortaleza en diferentes proporciones que un grano de maíz, que así como lo ves es capaz de recorrer un largo camino para florecer hasta convertirse en hermosa mazorca. Entonces, amor mío, la flor es el primer regalo perfumado que la Madre Tierra nos ofrece como promesa de un fruto. Así como existe gran variedad de características físicas internas y externas entre nosotros, también en el bosque, en los prados, en los jardines, y hasta en una maceta, se mueven energías transformadoras, vida activa; lo que demuestra que nada muere: sólo se recicla. La materia se descompone para volver a formarse con más entusiasmo. Por eso, los cipreses y las rocas cuentan y cantan historias a sus pequeños, porque alguna vez también lo fueron y lo volverán a ser…

—¿Qué te parece si vamos al bosque a escuchar historias contadas por sus habitantes?

—¡Ah!, y también de algún árbol gruñón, ¡que también los hay!

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