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El rock ha muerto

martes 7 de mayo de 2019
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Billy Knoxville tenía cincuenta años y acababa de regresar de un coma diabético cuando llenó el barril de su Taurus calibre 22, colocó la punta del cañón contra su pecho y se reventó el corazón de un balazo.

Su mujer, Eva Lin, que lo encontró muerto horas más tarde al regresar del gimnasio, confirmó la muerte ese mismo día y la noticia dio la vuelta al mundo en cuestión de horas.

“Una muerte muy elegante, muy a lo Knoxville”, declaró la Rolling Stone.

A las ocho de la noche Eva Lin dio una conferencia de prensa en donde confirmó que Billy se había suicidado.

 “Directo al Salón de la Fama del Rock”, publicó AP en su número de homenaje.

Mientras que MTV y VH1 anunciaron programas especiales con sus mejores canciones desde que cantaba con Cryingwhore y también como solista. El New York Times, la CNN y demás noticieros comenzaron a telefonear a Kirk Douglas, su representante, que a su vez llamó a Eva para saber algo más, a lo que ella respondió que por favor espere, que aún estaba conmocionada.

Así comenzaron las especulaciones: una posible recaída en las drogas, la millonaria demanda en su contra por tocar canciones de Cryingwhore en Japón, el deterioro de su salud debido a la diabetes, entre otras cosas. Incluso se llegó a decir que Eva Lin lo asesinó, pero eso fue desmentido más tarde.

“Hizo bien, una bala es poco”, declaró Tim Brasco, ex guitarrista de Cryingwhore, que lo había demandado.

Los otros dos miembros no declararon nada puesto que ya habían muerto.

A las ocho de la noche Eva Lin dio una conferencia de prensa en donde confirmó que Billy se había suicidado, que ni ella ni su hija comprendían por qué puesto que todos los problemas económicos y legales ya habían sido superados. También dijo que Billy Knoxville trabajó en algunas canciones a lo largo de todo el año. Finalizó diciendo que la carroza fúnebre recorrería la avenida principal de la ciudad hasta el cementerio judío en donde estaban enterrados los padres de Billy Knoxville.

Un reportero preguntó si Billy había dejado alguna carta de suicidio y cuando ella respondió que sí, Kirk Douglas interrumpió diciendo que el contenido de esa carta era de carácter privado y que la familia la haría pública en su momento. Luego se levantaron y se fueron, dando por terminada la conferencia.

Horas antes Kirk y Eva Lin hablaron por teléfono sobre el contenido de la carta, en la cual decía: “El rock ha muerto”. Por lo que Kirk le aconsejó no decir nada hasta estar seguros de lo que aquello significaba.

A primera hora del día siguiente miles de fans se aparcaron en los costados de la calle esperando la carroza fúnebre y entonaron algunas de las mejores canciones de los Cryingwhore como No Regreats, Wasted Years y la mejor de Billy como solista: Little Broken Dream. El desentonado coro de múltiples voces se escuchó dominar la calle por encima de las sirenas de las patrullas que flanqueaban a los vehículos negros.

Muchas mujeres se levantaron la blusa enseñando las tetas al paso de la carroza o se bajaron los pantalones dejando ver tatuajes con el rostro de Billy Knoxville en sus nalgas. Una incluso saltó sobre el parabrisas y restregó sus pechos contra el cristal, pero fue rápidamente neutralizada por los oficiales de policía.

Detrás de la carroza fúnebre, en un auto de cristales oscurecidos venían Eva Lin, Kirk Douglas e Ivy Knoxville, hija única. Contra las ventanas de su auto también se restregaron toda clase de tetas, traseros y rostros llorosos. De pronto Kirk dijo que los fans necesitaban un disco póstumo de Billy Knoxville, que con ello se podría asegurar su legado como uno de las más grandes estrellas del rock de todos los tiempos, pero Eva no contestó; seguía pensando en el contenido de la carta, en la frase “El rock ha muerto”, en la imagen de un hombre que no parecía su marido pues ya no portaba la melena larga y rubia ni las botas vaqueras, ni el chaleco de cuero negro con un cráneo en llamas bordado en la espalda, sino una bata de baño y un boquete en el pecho.

Volteó a ver a su hija, que no hacía más que textear por el celular y reírse; luego miró a Kirk que de la solapa del traje sacó un papel y le dijo que era el contrato para realizar el disco póstumo de Billy, pero Eva Lin no respondió.

Antes de bajar, Kirk volvió a insistir con la firma del contrato y extendió el papel y una pluma hacia ella, que sólo pudo mirar la hoja para después quebrarse en llanto. Su hija no se dio cuenta hasta que Eva gritó que no quería hablar de eso ahora y Kirk Douglas por fin guardó silencio.

Los Billys falsos agitaron sus pelucas rubias, las manos cornudas se levantaron hacia el cielo.

Afuera del cementerio había gente disfrazada como los miembros de Cryingwhore, cientos de Billys gordos, con guitarras acústicas dirigiendo el inmenso coro de gente que berreaba palabras ininteligibles al ritmo de las tonadas que compusiera en vida el verdadero Billy Knoxville. También había cientos de camarógrafos y reporteros de la prensa internacional cubriendo el evento. Sólo en este momento Ivy Knoxville guardó su celular, se puso los lentes negros y desfiló hasta la tumba de su padre cuidando sus pasos como si estuviera en una pasarela. Kirk Douglas sólo las acompañaba.

Cuando bajaron el féretro se escucharon miles de voces entonando la balada Little Broken Dream a coro.

Un rabino los esperaba junto a la tumba, con un micrófono.

Al llegar a la tumba, cuya lápida estaba cubierta por una capa roja, Kirk Douglas se paró junto a la lápida y tomó el micrófono anunciando que este era el homenaje a la estrella de rock más importante de la era. La gente respondió a las palabras de Kirk Douglas aullando con más fuerza. Luego tiró de la capa roja y debajo del nombre Billy Knoxville se pudo leer la leyenda “¡Viva el rock&roll!”.

La voz de Kirk se escuchó de nuevo en las bocinas diciendo a la multitud que eso decía la carta del legendario Billy Knoxville. Todo el mundo estalló en aullidos y aplausos, y se vieron más tetas y traseros por todos lados. Los Billys falsos agitaron sus pelucas rubias, las manos cornudas se levantaron hacia el cielo.

Eva Lin se puso de pie y regresó al auto a paso lento, tarareando Little Broken Dream, que fue repetida por tercera ocasión.

Al terminar la canción, el rabino comenzó a hablar y todos guardaron silencio.

Saulo Aguilar Bernés
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