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“Todo anda bien” y otros chistes

sábado 3 de agosto de 2019
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En este preciso instante, Sally se siente incómoda. El cordón umbilical se ha enrollado alrededor de su brazo causándole un terrible dolor. En sus intentos de acomodarse, se mueve y choca con Saulo, su hermano mellizo. Saulo, furioso, deja escapar una patada dentro del vientre de Mary, su madre. Mary no la pasa bien, se ve obligada a dejar caer el último plato de porcelana intacto que restaba de la colección Royal Swan obtenida de los bienes gananciales que le heredó su abuelastra.

Ya había separado el primero de sus sueldos de su nuevo cargo en una pelota de fútbol Super Duplo T que le regalaría a Saulo, su futuro hijo.

—Carajo —dice.

Mary no tiene quien le ayude a recoger la porcelana. Su señor esposo, Víctor Alfredo García Rojas, se encuentra firmando la última página del contrato que lo convierte en gerente de ventas de la distribuidora de muebles Cositos&Cositas. Víctor Alfredo ni siquiera le comentaría la noticia a su esposa Mary, pues primero tiene pensado celebrar con Daniela Costa, hija del director ejecutivo. Ambos tienen planeada una cita en el hostal El Paraíso, de dos estrellas y media, y Víctor Alfredo ya ha comprado el pisco perfecto.

Pero Víctor Alfredo García Rojas no es ningún insensible, ya había separado el primero de sus sueldos de su nuevo cargo en una pelota de fútbol Super Duplo T que le regalaría a Saulo, su futuro hijo. Lo que no sabe es que, 12 años y 2 meses más tarde, Saulo estaría vendiendo la misma pelota en sus intentos de ahorrar para la operación de cambio de sexo que planeaba hacer desde los 8 años.

—Me das asco —le diría su hermana melliza, Sally—. Mamá dice que Dios sólo creó a hombre y mujer.

—Eso ni siquiera viene al tema, babosa —le respondería Saulo—. Y no le vayas a decir a mamá o a Carlos.

Sally le dice a Carlos, el famoso “gurú inmobiliario de Villa María del Triunfo” con quien se logró casar Mary tras encontrar dos condones usados envueltos en papel higiénico dentro del segundo bolsillo interior de la camisa de Víctor Alfredo.

—Puedo explicarlo —le había dicho su ex esposo. Pero no pudo.

“Estas huevadas no me estarían pasando si no me hubiera casado”, vuelve a pensar mientras decide abandonar a su esposa embarazada en medio de la tienda.

El gurú inmobiliario se alarma ante la acusación de Sally. Sabe que sería un mal padrastro si va con el chisme a la madre de Saulo, y un mal esposo si le guarda el secreto a ella. “Estas huevadas no me estarían pasando si no me hubiera casado”, piensa Carlos mientras recordaba la última tarde que pasó alimentando a su pez Pepe, el único consuelo que tuvo durante su miserable educación primaria.

En ese entonces, el gurú inmobiliario era molestado por Félix, el hijo de la puta Tula Cantonera (nombre artístico). El pleito había iniciado cuando todo 4º B se enteró de que al gurú inmobiliario le gustaba coleccionar rompecabezas Clementoni.

—¡Eres un marica! —le gritó Félix en medio del tumulto.

Treinta años después, el gurú inmobiliario vuelve a escuchar las mismas palabras. Mientras él y Mary buscaban cunas en Cositos&Cositas para el bebé que esperaban, es atacado por los insultos y provocaciones de Víctor Alfredo.

—¡Carlos, haz algo! —le grita Mary ante la amenaza de su ex esposo. Pero el gurú inmobiliario no se mueve. “Estas huevadas no me estarían pasando si no me hubiera casado”, vuelve a pensar mientras decide abandonar a su esposa embarazada en medio de la tienda. Tres semanas después, Mary estaría perdiendo al bebé en un aborto involuntario.

Nadie se siente menos afectado por esta pérdida que sus hermanas Sally y Saulo, quien ahora prefiere ser llamada Sara. Ambas reciben la noticia en medio del retiro de ayuno y purificación Mente Sanasa, que acontece en Calca.

¿Te das cuenta de que pudimos haber nacido en cualquier otro cuerpo y pudimos haber tenido cualquier otra vida?

—Todo me sale mal. Ningún hombre me quiere —les llora su madre Mary por el teléfono—. En un abrir y cerrar de ojos ustedes ya habrán cumplido 20. Toda mi vida he estado sola.

Sally no sabe si es debido al efecto que le causó la ayahuasca, pero le cuelga. No se siente con ganas de seguir escuchando sus lamentos. Las dos hermanas se retiran del lugar y se sientan al lado de un árbol añejo. Sara llora. Sally la consuela.

—¿Qué sucede? —pregunta Sally.

—Sucede todo.

Ambas se quedan calladas, pero nunca se siente incómodo. En cierto momento, Sara detiene su llanto y se queda observando el sol ocultándose entre el Sahuasiray y el Pumahuanca.

—¿Te das cuenta de que pudimos haber nacido en cualquier otro cuerpo y pudimos haber tenido cualquier otra vida? Por ejemplo, mira ese vendedor ambulante abajo en la plaza: es todo viejo y triste, ¿no? ¿Pero qué pasa si él estuvo pensando exactamente lo mismo que tú a tu edad? ¿Qué pasa si ese fuera tu posible futuro?

—Son huevadas, Sara. Son huevadas.

Ehzer Córdova
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