Saltar al contenido

Mi vida en una baranda

sábado 7 de septiembre de 2019
¡Comparte esto en tus redes sociales!

Papa, papá —grité desde el pequeño balcón del apartamento.

Mi padre volteó y me vio allí caminando encima de una baranda de cemento. El sol iluminaba todos los tejados de Caracas. Bocinas se escuchaban desde la profundidad de las avenidas.

Papa, papa —le gritaba orgullosa caminando sobre mi barra de equilibrio imaginario al lado de un precipicio.

—¡Cuidado, hijita! —gritó.

A un lado el balcón, al otro una calle. Ventanas debajo de mis pies, yo con los brazos estirados, y una multitud de gente que parecían taparacos, diez pisos debajo de mí.

Papa, papá —yo orgullosa de que me vea hacer equilibrio.

Mi padre se acercó como un felino hacia mí, lento, en cuclillas, con los brazos estirados, sus manos como garras; no quería asustarme.

—¡No te muevas, hijita!

Temía que me fuera a caer al otro lado de la balaustrada y terminara estampada contra el pavimento.

—No te muevas, hijita.

Yo di medio paso atrás.

La melena rubia de mi madre asomó por la puerta del balcón. Me vio allí riéndome con los pies al borde del abismo.

—¿Vienes a los brazos de papá? —temía que yo fuera a negárselos, a dar otro paso atrás pero equivocado. Mi madre gritó: “¡Hija!”.

Y yo me asusté. Di un paso hacia adelante. Reí. Y me tiré en los brazos de papá.

Susana Montesinos
Últimas entradas de Susana Montesinos (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio