XXXIII Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe
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Cuatro microcuentos de Sebastián Lalaurette

• Sábado 23 de mayo de 2020
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Renacido

Estuve muerto durante siglos, pero ahora he renacido. La larga oscuridad ha dado paso a un breve sueño líquido y luego, a una quietud iluminada. Vuelvo a tener cuerpo y ojos para ver; figuras envueltas en blanco me observan a través de una pared transparente. Hablan de ADN y de milagros y de Dios. Algunas se aproximan, hacen gestos, manipulan luces. A mí se me escapa el sentido de su maravilla y su ajetreo. Las dejo hacer mientras floto en mi despertar acuoso. Soy medido, pesado, inspeccionado, el primer dodo en un mundo imposible de comprender.

 

Propuesta

La miro y apago el celular: “Soy tuyo por una noche”. Desnuda, gatea hacia mí, me rodea, se abraza a mi espalda. Su aliento chorrea en mi oído: “Dibújame un cordero”.

 

Game Over

—Entonces ¿ha sucedido?

—Así parece.

Todo lo que pude abarcar con la mirada era polvo y silencio. Me ardían los ojos, la piel; pero estaba entero. El mundo, en cambio, se había ido. Primero había sido la luz infinita; luego el trueno que envolvió todo el planeta. Ahora, el aire quieto, irradiado.

—Dijeron que sólo las cucarachas podrían sobrevivir a esto —argumenté fútilmente.

—Sí.

También él estaba entero. No me explicaba cómo. Los dos, solos, vivos, en medio de la nada. Sobrevivientes del ruido y la furia. Los únicos.

El horizonte era gris, rojo, verde, violeta, gris otra vez.

—Nosotros no somos cucarachas —objeté.

—Eso es lo que tú crees —dijo Gregorio.

Empezó a soplar un viento muerto.

(Finalista del VI Concurso de Microrrelatos ELACT Lola Fernández Moreno)

 

Todos hemos perdido algo bajo el agua

—¿Dónde, niño, dónde?

Retumba mi pregunta exasperada. Hace rato que busco; la cámara en mi escafandra le permite ver, desde la superficie, lo que yo veo aquí abajo.

No eres el único, niño, pienso; todos hemos perdido algo bajo el agua. Pero sería cruel decirlo. El mundo ha cambiado y él no tiene la culpa.

La radio me trae su voz cargada de alegría. Ha visto algo.

—¡Allí mismo! Un poco a la derecha. ¡Allí! ¿Ves? Allí está mi casa.

La veo. Es bonita y está muerta, ahogada en el mundo tibio.

Sebastián Lalaurette
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