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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Burrada

martes 9 de marzo de 2021

El tipo se baja del taxi y se queda duro mirando el frente de su casa. Adentro esperan su señora y sus hijos. Duda. No sabe bien qué hacer, cómo explicar lo que le ha pasado. En el momento le pareció lo más natural del mundo; ahora le da vergüenza. El taxi se aleja mientras el conductor lo mira por el espejo retrovisor hasta doblar en la siguiente esquina. Piensa en las cosas raras que ha visto, y decide que esta es una de las más extrañas.

El tipo cruza la verja tratando de imaginar una solución. Toca el timbre. Piensa que tal vez nadie lo note, que con un poquito de suerte pasará desapercibido. Sin embargo, no tarda en darse cuenta de que eso es imposible, de que tendrá que decir algo y que tendrá que ser algo razonable. Respira hondo y pone su mejor cara mientras espera a que su señora le abra la puerta y le sonría un instante antes de darse cuenta y preguntarle con cara de sorpresa:

—¿Y tus zapatillas? ¿Qué pasó?

Al tipo se le borra la expresión tranquila del rostro y mira un segundo a su mujer como un chico que trae malas notas de la escuela. Luego baja los ojos, tratando de decidir qué contestarle. Mira otra vez sus pies desnudos como si en ellos pudiera encontrar algo.

Sabe que si no es verdad, tarde o temprano se enterará de qué ha sucedido realmente.

Pero no hay nada, no sabe qué decir. No se anima a contarle la verdad. Prefiere la culpa de la mentira a la culpa de la verdad. La conoce, sabe que no es momento de ser honesto, que si acaso lo fuera podría encontrarse ante un verdadero escándalo. Y no la culpa. Quizás, en su lugar, haría lo mismo. Aunque sabe que ella no sería capaz de hacer algo como lo que él hizo. Y por eso la comprende, por eso sabe que debe mentirle, que lo mejor es una historia inventada en donde él sea víctima y no victimario, que debe generar empatía, hasta compasión.

Pero, ¿qué historia? ¿En qué clase de relato cabe que vuelva sin zapatillas a su casa? ¿Cómo lograr que su mujer evite imaginar lo que seguro está imaginando? Asume que no tiene muchas opciones y que debe recurrir a lo más sencillo.

—Me robaron. Fue a la salida. Me vine por el pasaje para cortar camino y ahí me agarraron entre tres. No me pude resistir: me pegaron un par de piñas, me tiraron al suelo, me sacaron las zapatillas y se escaparon.

—¿Solamente las zapatillas?

El tipo la mira rogándole que no pregunte más. Sabe que si habla mucho, puede pisarse en su historia y quedar en evidencia. Le gustaría poder llorar, tal vez así conseguiría ser más convincente. Aunque también podría resultar tan extraño que llamaría la atención de su esposa, así que prefiere no contestar nada, bajar de nuevo los ojos y esperar a que le crea y que se olvide de todo este incidente.

—Bueno, no importa —dice ella—. Lo importante es que vos estás bien.

Se le acerca y lo abraza lo más tiernamente que puede. Quiere creerle a pesar de que la historia no le resulta muy convincente. Le acaricia la cabeza, le ofrece calentarle la cena y se va a la cocina. Sabe que si no es verdad, tarde o temprano se enterará de qué ha sucedido realmente.

Mientras tanto, el tipo va hasta su habitación a buscar unas ojotas. Se sienta en la cama y respira hondo aflojando el cuerpo. Sólo un instante le dura la tranquilidad.

—Hola, pa. Ya son las diez, vamos a ver el resumen de la fecha.

Su hijo no espera respuesta. Desaparece del marco de la puerta y lo deja petrificado al borde de la cama. ¿Y ahora? ¿Qué excusa poner? ¿Cómo decirle a su mujer que no caliente la cena, que se va a dormir? Se queda pensando con desesperación cómo convencerla de que se quede con él, lejos de la televisión y del resumen del partido, no vaya a ser que justo aparezca el momento en el que el árbitro se dirige al costado de la cancha con las dichosas zapatillas en la mano y que ella las reconozca, nuevitas como estaban, si apenas se las compró hace unos días y él no tuvo mejor idea que tirárselas al referí después de que el animal haya cobrado una tremenda burrada.

Matías Blasco
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  • Burrada - martes 9 de marzo de 2021