Saltar al contenido
Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Extraña mujer

jueves 29 de abril de 2021
¡Compártelo en tus redes!

Estaba tranquilo en mi casa, mirando una película, una de esas películas que, por alguna extraña razón, nunca podés terminar de ver. En fin, estaba allí sentado en el sillón, tomando una Heineken. La película ya estaba terminando, cuando de repente tocaron el timbre.

—No estoy —grité.

Tocaron de nuevo y me levanté. Mierda, mierda, mierda. Nunca terminaría de ver esa puta película. Abrí la puerta. Una hermosa mujer estaba allí parada frente a mí en la puerta de mi casa.

—Hola, Leonel.

Yo estaba algo ebrio y tenía sueño. Sólo pude escuchar mi nombre y su voz, tan sensual.

—Soy yo, ¿qué pasa?

—Disculpa, soy Zaira, ¿te acordás de mí?

—No.

Contemplé a esa mujer y, la verdad, me quedé pasmado. No pude decir que no.

Zaira era una chica hermosa, morocha, con piernas largas y carnosas y senos prominentes. Me pareció rara aquella situación. ¿Qué mierda hacía una chica tan espectacular en la puerta de mi casa preguntándome si la recordaba o no? ¿Acaso la conocía? ¿Acaso habíamos tenido sexo alguna vez y me olvidé de ella? ¿Tan borracho estaba? Enseguida sospeché de aquella preciosidad, aunque si una mujer de tal calibre te dice que la sigas hasta el fin del mundo, cualquier hombre la seguiría.

Así que ahí estaba yo, frente a una mujer hermosa, con mis ojos puestos en su escote y preguntándome quién carajo era.

—¿Cómo es que no te acordás? —dijo.

—Perdón, no me acuerdo.

La chica comenzó a reír, yo la miré confundido. Realmente no la recordaba, nunca la había visto en mi vida.

—Disculpame —dije—, pero jamás podría olvidar a una chica como vos.

—Ja, ja, ja… sin embargo lo hiciste.

—¿Quién sos?

—¿Por qué no entramos y te hago recordar?

Intenté resistirme a su excitante figura. No podía dejarla entrar, era una completa extraña para mí, pero entonces contemplé ese escote, aquella pequeña musculosa blanca que apretujaba su cintura, contemplé aquel short de jean que hacía lucir aquellas impresionantes piernas y marcaba su prodigioso culo, contemplé a esa mujer y, la verdad, me quedé pasmado. No pude decir que no. Las mujeres escaseaban para mí por aquellos días.

—Sí, pasá.

—Gracias.

Esa impresionante mujer había ingresado a mi humilde hogar. Yo estaba lo suficientemente ebrio como para lanzarme sobre aquella jugosa blonda.

—Sentate —dije—. ¿Querés algo para tomar?

—¿Qué tenés?

—Cerveza, agua, té o café.

—Hmmm, una cerveza.

—Bien.

Fui a la cocina y serví dos vasos. Ella estaba sentada en el living, frente a los títulos de la película que ya me había perdido miles de veces.

Me senté a su lado. Ella echó un trago, yo también.

—Bueno, ¿vas a decirme quién sos?

—Bueno —dijo terminando su trago—. Soy Zaira, nos conocimos hace un par de semanas en un bar, vos estabas muy borracho y te acercaste a mí, hablamos y fuimos a mi departamento…

—Mierda, no me digas que estás embarazada.

Tomé un trago largo.

—No, quédate tranquilo, no lo hicimos.

—Uff… —tomé otro trago—. ¿Y vos querías?

—Bueno, sí, pero vos te enfocaste en otra cosa.

—¿En qué?

—En mi amiga.

—No me digas que tu amiga está embarazada.

Tomé un trago.

—No, no, nadie está embarazada.

—Ah… ¿y qué haces acá entonces?

—Estoy acá para devolverte tu camisa y tus documentos. Ahí estaba tu dirección, así que vine a devolverte tus cosas.

La verdad es que cuando mezclas alcohol con una broma de esas no surge nada bueno.

—Ah… así que ahí es donde estaban.

—Sí…

—Bueno… te pido perdón por haberme enfocado en tu amiga, no sé cómo pude haber sido tan ciego.

Enseguida pensé que si ella estaba buena seguro su amiga era una bomba.

—Bueno, a mí me pareció raro que te fijes en ella porque, bueno, no es “ella” en realidad.

—¿Qué?

—Bueno, mi amiga, no es en realidad una mujer.

Me quedé helado.

—¿Estás diciéndome que me cogí un travesti?

Tomé un trago largo, muy largo.

—Algo así.

—Es una broma, ¿no? —dije.

—Lo lamento, pero no.

—Disculpame —dije dejando la botella en la mesa ratona.

Me levanté, fui al baño y vomité.

—¡Uy, no! —dijo la chica—. ¡Era broma, era broma! ¡Perdón!

Lavé mi cara y mi boca. La verdad es que cuando mezclas alcohol con una broma de esas no surge nada bueno.

—Uy, la puta madre, qué broma de mierda.

—Es que, estoy enojada. No puedo creer que no te acuerdes de mí después de la noche que pasamos.

—¿Entonces nosotros… lo hicimos?

—No, pero pasamos una noche hermosa. Vos estabas muy borracho, lo entiendo, y creo que también estabas drogado, pero pasamos una noche hermosa.

—Bueno… ahora que lo decís, me acuerdo que un día me desperté en un departamento y me fui lo más rápido que pude. Aunque no había nadie.

—Seguramente estaba en el gimnasio, voy tres veces por semana todas las mañanas, te dejé una nota, evidentemente no la viste.

—¿Qué decía?

—Decía: “Me fui al gym, vuelvo a las 11, no te vayas”.

—Uy, perdón. No la vi.

—Me di cuenta.

—Tengo una idea, ¿qué te parece si terminamos lo que empezamos esa noche?

—Hmmm… no sé si sea buena idea.

—¿Por qué?

—Es que, creo que sos un idiota.

—Ah, buena razón.

—Aunque… tal vez pueda darte otra oportunidad.

—No te vas a arrepentir.

Nos acercamos lentamente el uno al otro.

—¿Me lo prometes? —dijo.

—No, pero voy a tratar.

Ella rio y nos besamos. Fuimos a la cama y lo hicimos, fue cálido y estremecedor. Luego lo hicimos otra vez, la segunda vez fue aún mejor.

Tal vez estaba un poco loca, aunque, todos estamos locos.

Estábamos allí en la cama, acostados, yo fumaba y ella jugaba con mi verga. Hablamos de ella, hablamos de mí, de nosotros, de la vida, de todo. Se quedó un par de días. Cocinaba estupendamente y el sexo era increíble. Un día, así como si nada, suspiró profundamente y dijo:

—Tengo que irme.

—No digas eso, nena, quedate.

—No puedo, tengo que trabajar mañana.

—¿Trabajar?

—Sí, las personas normales trabajamos.

—Ey, yo trabajo, lo que pasa es que no me reconocen todavía.

—Ya van a reconocerte y vas a ser el mejor escritor de la historia.

—No sé si de la historia, pero del siglo seguro. No hay mucha competencia hasta ahora.

Entonces se levantó de la cama y comenzó a vestirse. Pude ver aquel sensacional culo ocultarse bajo aquel jean.

—¿Voy a verte de nuevo? —le pregunté.

—Eso espero.

Se acercó a mí, me abrazó y me dio un beso.

—Te amo —dijo.

Me quedé sin palabras. ¿Te amo? Tal vez estaba un poco loca, aunque, todos estamos locos.

—Gracias —dije.

—Ah… —dijo dando un suspiro.

—¿Qué?

—Nada, sos un idiota.

—¿Qué?

—Mejor me voy.

—Pero…

—Chau.

Se alejó de mí, jamás la volví a ver.

Siempre fue así, las veo entrar y salir de mi vida. Mujeres, son lo más extraordinario en este mundo. Por lo menos había quedado su aroma entre mis sábanas, siempre queda el aroma, nunca se va.

Sería una larga noche. Me quedé solo, me hice una paja y dormí. Sexo casual y amor con una extraña. Clichés, me tienen harto. Lo peor de todo es que no pude terminar de ver aquella película de mierda.

Germán Villanueva
Últimas entradas de Germán Villanueva (ver todo)