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La broma

martes 14 de septiembre de 2021
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“A Fedoséi Nicoláich también se le ocurrió gastar una broma por el primero de abril”.
Fiódor M. Dostoievsky
“…toda la historia de mi vida comenzó con un error, con la estúpida broma de la postal…”
Milan Kundera
“Los monólogos [de Madame Psicosis] parecen fruto de la asociación libre y, al mismo tiempo, complejamente estructurados, bastante similares a las pesadillas”.
David Foster Wallace
“Ser asesinada y mutilada, ser torturada y maltratada física y mentalmente; ser violada, ser golpeada y ser forzada a casarse, éste es el destino de las mujeres”.
Monique Wittig
“Ahora que tengo más edad, ya no comprendo para qué decía aquellas palabras. Para qué hacía aquella broma…”.
Antón Chéjov

Las tradiciones y costumbres de la antigüedad casi siempre resultan brutales para las civilizaciones que las estudian en retrospectiva (desde la antropología o la historia), pero muy poco se ha podido investigar sobre las reacciones histéricas que experimentan las sociedades más retrógradas cuando encuentran algún resquicio lógico para mirar al futuro. En esos extraños casos, lo que sobreviene es el sufrimiento paradigmático que implica despojarse de los fustanes mentales de nuestra propia época… del duelo por la inocencia perdida ante la certidumbre de un mañana incomprensible, quizá no deseado.

Esto les pasa a quienes leen este relato ante la aparente pesadilla que vive Eva el día que cumplió su mayoría de edad, ya que al salir del trabajo sospecha que le han organizado una fiesta sorpresa en su casa, pero cuando llega encuentra un entorno que le hace creer que todo es una trampa de su novio para abusar de ella con el consentimiento de familiares y amigos… pero es una broma… claro, en el futuro el humor ha cambiado.

Pero para lectores contemporáneos, educados en la cultura de la violación, cuando Eva dirige sus ojos desencajados hacia quienes la rodean, como buscando algún apoyo, debería notar que hasta su madre la mira con un placer semejante al de un felino ante una presa moribunda, como si incluso ella la hubiera traicionado.

Eva pertenece al futuro y no al presente de quien lee.

Debería entenderse —se dice quien lee en este momento— que Eva ha perdido todo puente de confianza en otro ser humano… que se ha abierto una hiancia con la sociedad… que se ha demenciado ante la amenaza de que los demás seres humanos se vuelvan en su contra en un momento de debilidad suya.

—¿Qué sentido tendría seguir viviendo rodeada de personas en las que ya nunca más podría volver a confiar? —piensa quien lee que Eva pensaría, mientras debería embargarla una profunda rabia contra sí misma y paralizarla el dolor emocional—. No podría ser cierto que la vida fuera sólo una broma de mal gusto, una pesadilla, que acaba en una violación… en un feminicidio real o simbólico.

Pero Eva pertenece al futuro y no al presente de quien lee… por lo que en vez de satisfacer el morbo de nuestra época con una actuación desesperada, explota en antirrisa: una hilaridad delirante luego de un instante de zozobra y angustia… sin duda una rémora del período patriarcal en el que el miedo a la violación era parte de la subjetividad de ser mujer… porque sabe que puede confiar en sus familiares, en sus amigos… en desconocidos, y que si bromean con algo así es porque se burlan de quienes los miramos desde una época casi prehistórica, como a la remota explosión de un sol moribundo de otra galaxia, a través del cristal obscuro de la imaginación.

—No deseo casarme —responde Eva con un gesto de desdén, mientras deja caer el ramo de lirios que le ha entregado su, ahora, ex novio.

Diego José Zárate Montero
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