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La confusión

sábado 17 de febrero de 2024
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No sé cómo hablarles para que me entiendan. Todo lo que les he dicho es cierto y comenzó cuando, hace alrededor de setenta y cinco años, abrí los ojos y pude ver, por enésima vez, la luz intensa a mi salida después del viaje a través de una de las rutas disponibles, y por eso ahora entiendo eso de la luz al final del túnel por el que regresaré, cuantas veces sea necesario, al sitio que el universo nos depara para disfrutar lejos de este mundo temporal, en lo que espero de nuevo mi retorno para cuando me corresponda hacerlo. Porque estoy claro que venimos de algún recoveco del universo y regresaremos a él por el mismo camino o por otro, buscando el origen de la existencia.

De repente vi el quehacer de este mundo, que había visto tantas veces, con gente yendo a sus trabajos, otros no hacían más que moverse, hablar, gritar, reír, bailar y no sé cuántos verbos más y comencé a notar por doquier los vestigios de su presencia en este mundo. Sí, digo vestigios porque esos entes no reflejaban más que las acciones de sus antecesores que, repito, tantas veces había visto yo y no eran más que producto de la imitación de pretéritas existencias. Dentro de mí me comprometí a buscar todos los indicios que me permitieran averiguar la verdad sobre la presencia de esos seres que, en ese momento, no sabía si eran reales o producto de mi sueño.

Cuando uno se sorprende, como me sucedió a mí, no queda más que admirar el barullo de la vida, o lo que se supone vida, porque aún no sé si los hechos fueron producto de mi tendencia onírica, hasta el punto de poner en duda si mi salida del túnel era real o tergiversada por mi mente que suponía el sueño como una realidad.

A no ser por la belleza de la naturaleza, creería que estoy en uno de los apartados del infierno.

Ahora, después de tantos años, aún no sé de qué se trata lo que me rodea porque, a no ser por la belleza de la naturaleza, creería que estoy en uno de los apartados del infierno, si éste existe, porque se ve cada situación que no sabe uno cómo reaccionar: muertes violentas, enfermedades incurables, maltrato infantil, hambruna en el llamado mundo, distorsión de la realidad, entre muchas otras circunstancias que me hacen suponer que esto no es la vida sino un mal sueño y me dan ganas de volver lo más pronto posible a mi origen, que no sé en realidad dónde se encuentra, pero ha de estar en cualquiera de esas rutas que se dibujan en el universo.

Si me lo preguntan, he de confesarles que para mí la muerte no es más que el traslado de los hombres a otra dimensión en la que han de pagar por sus pecados, si éstos existen, o disfrutar de la belleza y la conformidad en otra vida o sueño o lo que sea, porque lo que veo en el mundo actual no puede llamarse vida sino, como dije antes, mal sueño.

Por eso les digo que no creo en la creación divina, porque no es posible que un dios todopoderoso haya implantado tal desigualdad entre los hombres, a no ser que esa haya sido su intención para demostrar que él todo lo puede, creando desde adonis hasta esperpentos, dándoles comida y dinero de sobra a algunos y la miseria a borbotones a los demás, salud inquebrantable a unos y enfermedades incurables a otros. Tal parece que quisiera demostrar que es capaz de dar ejemplos de todo lo bueno y malo que se le ocurra.

Espero que estos argumentos valgan lo suficiente para que me entiendan que la vida no es vida y mucho menos creación de un ser omnipotente que, por eso mismo, si hubiera querido, pudo crear un mundo igualitario y bueno para vivir en él o para soñar con ello. Si esto es, como me lo imagino, sólo un mal sueño acaecido después de mi viaje por la ruta que me tocó seguir para llegar aquí, espero el retorno a la brevedad posible para gozar de la tranquilidad a que nos lleva la convergencia de las diferentes rutas que siguen los humanos cuando su existencia se apaga.

Es cierto que los placeres terrenales son extremadamente buenos, pero los no placeres, es decir la mayoría de la vida, transcurren entre dimes y diretes, hambre, enfermedades, luchas por el poder cuyo objetivo es explotar a la gente y todas esas actividades nada edificantes para un ser creado por la divinidad.

Menos mal que la inteligencia o la malicia del hombre le ha permitido crear o inventar iglesias, esos lugares donde se expían los pecados o el proceder inadecuado de unos hacia los otros, según los que se sienten con la autoridad de juzgar, y vuelven a los individuos adocenados, completamente privados de su libre albedrío y sujetos a las indicaciones de los sacerdotes y pastores religiosos que han inventado los deslices de los hombres para dominar el mundo. Se dan el tupé, los líderes religiosos, de “perdonar”, en nombre de Dios, a los que llegan a confesar su actuar “pecaminoso” por el mundo y los guían por los derroteros que conducen al corral en el que los quieren tener.

Espero que ahora sí me entiendan lo que les digo y comprendan la posición de un individuo que, como todos, llegó a este mundo sin saber a lo que venía y, después de ver la vida como algo portentoso, se da cuenta de que no lo es, sino un mal sueño de sufrimiento y desigualdad, que tiene a la humanidad sumergida en el fango y a la que un grupito de religiosos quiere mandar, decirle qué deben hacer y qué no, echando por tierra el famoso libre albedrío.

Uno se da cuenta de que el paso por este mundo es experiencia de lo que no se debe hacer.

La vida, soy consciente, tiene varias etapas como nacer, crecer, reproducirse, estudiar para ser “alguien”; en fin, uno se da cuenta de que el paso por este mundo es experiencia de lo que no se debe hacer, como la actividad de los políticos al explotar a la gente, los adinerados que guardan el dinero que no alcanzan consumir ni en tres generaciones suyas, los pobres que no salen de ahí por no atreverse a combatir la negligencia o la opresión de los que ostentan el poder, que provocan los intentos de destruir el planeta en base a guerras, discriminación, hambre, muerte violenta de los que menos pueden.

En fin, les confieso, el mundo es el sitio menos adecuado para llevar una vida edificante, con libertad, oportunidades, que los religiosos se encargan de “orientar” a través de sus iglesias, en realidad corrales de los oprimidos, y consideran a los hombres libres, que aplican el libre albedrío, como escoria de la sociedad, porque no pueden hacer con ellos lo que quieren, pues éstos no permiten que los encierren en espacios donde otros deciden lo que deben o no deben hacer.

Por eso es que repito, y si no lo he dicho lo hago ahora, que mi más ferviente deseo es regresar a la paz inconmensurable de donde vine como un viajero que no sabe lo que le espera, pero tiene la esperanza de algo mejor que lo que se encuentra en este planeta. Un lugar donde se es libre, se disfruta de la naturaleza, de las nubes, del cielo, la tierra.

Espero que ahora entiendan el porqué de mi frustración, y que quiera a toda costa cumplir con las etapas de la vida, donde la muerte —etapa final— será el renacer en el lugar de donde vengo, listo para una nueva aventura, pero no en la tierra, espero, sino en otro mundo lleno de oportunidades.

Antonio Cerezo Sisniega
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