Hoy es día sagrado de la parrilla
Aquí en el jardín hoy tenemos mucho trabajo, sobre todo las obreras. La esposa del maestro parrillero ha colocado los cuchillos en cruz, para que no llueva. Es la manera más efectiva de controlar esas lluvias impertinentes que pueden acabar con la fiesta y con nuestro trabajo.
No sabemos si harán carne o pollo, pero sí sabemos que hay mucho pan. Así que ordenadamente, sin prisa pero sin pausa, comenzaremos a recoger y llevar a nuestro hogar todo lo que podamos recolectar. Los bachacos son nuestra mayor preocupación ya que son más fuertes y hostiles y siempre buscan la manera de quitarnos lo que con tanto esfuerzo y método logramos llevar a la colonia. Sin embargo somos muchas, no tan aguerridas como nuestras parientes de la selva y la montaña.
Nuestro hormiguero es cómodo, confortable, grande y, sobre todo, organizado para satisfacer y proteger a nuestra reina, y lo más importante a sus huevecillos que serán nuestra generación de relevo. La colonia es una familia fuertemente unida; nosotras, sus hijas adultas, las nuevas reinas y los machos, podemos pasear por la colonia por corto tiempo. Tenemos varias galerías laterales sin salida que destinamos al almacenaje de la comida y disponemos de cuartos de estar y por supuesto de un basurero cerca de la superficie.
Hemos tenido épocas difíciles, inundaciones y, además de nuestros enemigos comunes, debemos estar pendientes de una viejecita de cabello blanco que cada cierto tiempo nos ataca con chorros de kerosene, con los que se daña nuestra comida almacenada. Por suerte en épocas de lluvia la anciana deja de aparecer. Hoy nuestro gran proveedor particular, el maestro parrillero, empezó a cocinar con un whisky en la mano. Comenzó a sellar las carnes, poner en las brasas los chorizos de ajo y cortar abundantes rodajas de pan canilla, cuyos pedazos y migajas son lo primero que empezamos a transportar rápidamente a nuestra bodega de almacenamiento.
Todo transcurre con normalidad en este día primaveral. Nuestras hermanas van y vienen por ese túnel de olor que es nuestro sendero forrajeo. Pero de repente, en un sector del mismo, todo se alborota, comenzamos a olfatear el olor del peligro. Otra feromona comienza a sentirse en este momento, es la de alarma, que sugiere que algo no anda bien. Algunas nos vamos huyendo al nido, otras dejamos la carga para adoptar una postura defensiva, y orientamos nuestras poderosas mandíbulas para defender a la colonia del peligro potencial. Se trata de una mosca pequeña de unos dos milímetros, que llamamos “fórido”, uno de nuestros enemigos naturales, pero fue una falsa alarma, aunque estábamos listas para la lucha e incluso una captura a la mosca con nuestras potentes mandíbulas. Lo mejor de todo son los niños, que nos dejan abundantes raciones en buen estado para resguardar y consumir. Únicamente debemos continuar adelante, sin perder tiempo, sin parar ni un solo momento. Sabemos que, a pesar del gran calentamiento, de que no somos las dueñas absolutas del jardín, como creen serlo los humanos, tenemos una gran población que alimentar, y que lucharemos para permanecer por mucho tiempo, porque como decían nuestros ancestros desde el principio de los tiempos, “el que guarda siempre tiene”.
Doble turno
Esta mañana me encontré con mi vecino Danilo. Venía algo demacrado. De inmediato le pregunté qué fue lo que le pasó. Su semblante estaba muy blanco, y pensé que ese muchacho tenía que ir para la playa.
“Anoche me robaron el carro, partieron el vidrio trasero, y al parecer el tipo quiso sacar el reproductor MP3”.
“Bueno, menos mal que no pasó nada más”.
“El vigilante escuchó cuando rompieron el vidrio”.
Es muy raro que con todo ese escándalo nadie se hubiera dado cuenta.
“En fin..., todo se recupera menos la vida, lo que me preocupa más es que hoy tengo que casarme, y no creo que pueda hacerlo en este estado”.
Realmente vi que no estaba en condiciones para eso. Le faltaba un brazo, del cual había quedado un muñón seco y desgarrado. También su garganta mostraba moretones y sangre seca. Pensé que era difícil que asistiera a una boda en ese lamentable estado.
“Hermano, creo que primero deberías ir al hospital, o algo así, tu novia comprenderá”.
“No lo creo, tú no sabes cómo es esa mujer de regañona, y generalmente lo que dice se cumple”.
Busqué al vigilante para decirle que Danilo estaba en unas condiciones muy extrañas, pero no lo encontré. Vi la pantalla de la computadora donde están las secciones de las diversas tomas de las cámaras de seguridad. Por curiosidad o instinto busqué la imagen para ver qué fue lo que le sucedió al vecino esa madrugada.
Se ve llegando a golpe de una. Abre la reja para estacionarse. Una sombra negra se va acercando al pequeño vehículo, luego se ve el parpadeo de la alarma del carro. No se puede ver exactamente qué fue lo que sucedió. Se distingue al final un inmenso perro o lobo que sale con un brazo de Danilo entre sus fauces. No podía creer lo que veía, retrocedía una y otra vez la escena. Salgo de la garita sin saber qué hacer o decir...
“Alejandro, ya es hora de levantarte, llegarás tarde a la oficina”, le dice su esposa que todavía bosteza.
“Está bien, está bien, quédate tranquila, tuve una noche muy pesada”.
Con mucha calma, con cierta flojera, se levantó, se duchó y se puso el traje para ir a trabajar. Tomó un café negro amargo, bajó al estacionamiento y miró el carro de su vecino. Alarmado vio el vidrio roto, fragmentos de vidrio por todo el estacionamiento. “Qué vaina con esta inseguridad”. Marcó el código para desbloquear el carro y meter el maletín de la laptop. Abre la maleta y con cierto asombro y desagrado se encuentra con un brazo desgarrado y lleno de sangre.
De vuelta a la torre
Finalmente Rapunzel se había escapado de la torre. Se fueron a vivir “felices por siempre” con los padres de ella.
El padre de Rapunzel le dijo que ya estaba bueno que “Flynn esté de vago, no trabaja, no hace nada”, y ya varias cosas del palacio se habían perdido. Además se la pasaba atacando a la suegra, y descaradamente le dice al rey que “su mujer está más buena que su hija”. Pero Rapunzel no le creyó y decidió que mejor se iban a su propia casa. Hicieron un recorrido por todo el reino, pero el déficit de vivienda estaba muy fuerte, y más después de las lluvias; casi todo el mundo vivía en los refugios alrededor del palacio.
Buscaron inscribirse en la Misión Vivienda. Pero nada. Cansados de buscar, y de que Flynn no hiciera nada más que beber con sus amigos, los morochos, en el bar, se presentó sartén en mano y le dijo: “Mira, mijo, no hay otra, vámonos de nuevo para la torre”.
Cabalgaron en Maximus hasta llegar al pie de la torre. Rapunzel trató de abrir la puerta con la llave que se había llevado al morir su madrastra. Pero algo estaba mal, la cerradura estaba cambiada. Golpearon con fuerza la puerta; al rato, una mujer gorda con un pañuelo en la cabeza se asomó: “¿Sí, diga?”. “¿Quién es usted?”, pregunta furiosa Rapunzel blandiendo su sartén.
“¡Roberto, Roberto! Allá abajo hay una mujer tocando”. El hombretón, con cara de estar borracho, se asoma también, y les dice: “¡Váyanse de aquí, esta torre fue expropiada por el gobierno, y nos la asignó!”.
Rapunzel se volteó y le dijo: “¿Y entonces, Eugene?”.
“Ni idea, mi amor”.
- Tres cuentos de fábula - martes 27 de agosto de 2024
- Victoria final - viernes 31 de mayo de 2024
- Tres cuentos de El Padrino - jueves 2 de mayo de 2024


