Era una noche perfecta para hacer lo que hicimos. La luna estaba baja, pues no era todavía tarde; el cielo, desprovisto de nubes, mostraba orgulloso sus retoños. A lo lejos, un aullido. De lobo o de perro, no interesaba, añadía magia a la ya de por sí mágica noche.
El camino fue corto, una docena de pasos y llegamos. Nos sentamos en el borde, metiendo los pies en el agua, enfriada bajo la luz nocturna. Era una noche perfecta para hacer lo que hicimos. El agua, fría, el aire, cálido. Tú de un lado, yo de otro. El agua como línea divisoria y unitaria. Como recipiente vacío, esperando a llenarse.
Nosotros, llenos, esperando vaciarnos. Vaciarnos de ideas y de historias, de personajes invocados por la luna, danzarines sobre las aguas. Y así, las ideas escaparon de nuestras mentes, abriéndose paso por nuestras bocas hasta caer al agua, y allí permanecer.
Historias jamás contadas, personajes que continúan a la espera de ser liberados de las gélidas aguas en las que conviven con tantos otros personajes. Fantasmas de otra vida, de otro mundo, de una enorme biblioteca de ideas alojada en nuestros cerebros.
Era una noche perfecta para cometer el error que cometimos, el error de abrir la puerta a aquel mundo, y dejar libres a esos fantasmas, a esos entes que no dejarán de perseguirnos hasta que les demos cuerpo con nuestras plumas.
Sí, era una noche perfecta para hacer lo que hicimos. Y nosotros, vaciados, al tiempo que más llenos que nunca. Y nosotros, habiendo, por primera vez, dado forma externa a nuestras ideas. Y nosotros, hermano y hermana, en silencio bajo la luna, observamos el agua llena de historias.
- Era una noche perfecta - sábado 9 de noviembre de 2024
- Una vieja amiga - jueves 20 de abril de 2023


