Lo que más me gusta de esta oficina es que no hay ladrones. Tengo diecisiete años de trabajar aquí y nunca se me ha perdido nada. No es como en otros lados que uno no puede dar la vuelta porque ya se le perdió el lápiz o cualquier otra babosada. Además, me gusta que aquí cada quien tenga sus conquistas, aunque alguien conquiste lo conquistado por varios. Allá ellos.
Es cierto que algunos han reportado la pérdida de dinero, o de alguna prenda de vestir. Bueno, éstas (las prendas) se pierden en cualquier lado, pero lo más lógico, lo más sensato, es decir que fue en la oficina donde se extraviaron.
El dinero se gasta en cualquier cosa. Un regalito para la mamá, el hijo, la sobrina, la novia, o en el costo de algún sitio para descansar... A veces unos traguitos caen bien y cuando te venís a dar cuenta ya se fue el pan de los patojos o las medias de tu mujer. Pero no sólo de pan vive el hombre; también necesita de algunas cositas para sobrevivir.
Pero insisto en que esta oficina es sana. No hay ladrones. Algún que otro extravío, puede ser. Pero yo más creo que son olvidos y, claro, como en la oficina se pasa la mayor parte del tiempo, puede pensarse cualquier cosa.
Vos podés sacar tus conclusiones: perder una camisa, un suéter, pues pasa, pero las otras prendas, sobre todo las íntimas, lo más probable es que no te las hayas puesto por la mañana. Tanta carrera, tanta responsabilidad acumulada, bien pueden ser las causantes del olvido. Pero no, uno siempre le echa la culpa a la oficina.
Yo creo que las autoridades tienen la culpa de estas acusaciones: dan mal ejemplo. Sí, aunque parezca increíble, es cierto. ¿Cómo es posible que piensen, por ejemplo, que el papel higiénico no se gasta? Cuando tres días después de puesto el rollo alguien se encuentra con la desagradable sorpresa de que ya no hay, sale iracundo diciendo qué barbaridad y las autoridades aducen que alguien debió habérselo robado. O cuando después de tres meses un lápiz se termina, la administración insinúa que el hijo del empleado lo debe tener en la escuela. Es increíble, pero de aquí nace la idea de que en la oficina se pierden las cosas.
En esta oficina no hay ladrones. Lo que pasa es que todos tenemos nuestras necesidades fisiológicas y de vez en cuando trabajamos. Claro, las cosas se gastan.
Vos podés decir, y yo también, que nos robaron el dinero en la oficina. En nuestra casa dirán qué barbaridad, qué indecencia de oficina, pero sólo vos y yo sabemos quién tiene ahora los billetes. Esto mejor no comentarlo.
Alguien contó una vez que le robaron su sueldo. Está bien que pusiera el grito al cielo, porque un sueldo, aunque no sea mucho, es un sueldo. ¿Pero cómo te explicás que después de hacer el gran relajo le llegó a su casa un sobre con la mitad del dinero? Es increíble. A saber si le preguntó a su mujer quién llevó el sobre.
El otro día, por ejemplo, reportaron el robo de muchísimo dinero, con el agravante de que fue sustraído de una bolsa de mujer. Las autoridades, para curarse en salud, atentaron contra los derechos de los empleados trayendo un cuerpo de investigadores, quién sabe de dónde lo sacaron.
Después de tres días de arduo trabajo, luego de tomar las huellas digitales a quienes “voluntariamente” quisimos, el flamante cuerpo de detectives no logró descubrir nada.
Por eso insisto en que en esta oficina no hay ladrones. En todo caso, a lo mejor están gozando de sus vacaciones.
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