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El ladrillo opina
(sketch londinense en dos actos)

martes 18 de marzo de 2025
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A los Monty Python

Acto I

Escena: Una calle londinense. Un reportero se acerca a un sombrero hongo encasquetado en la cabeza de un diputado británico (lo lleva a la altura de las narices) y le planta la alcachofa. El diputado sigue caminando como si nada. Se trata de una simbiosis perfecta entre sombrero hongo y representante ciudadano.

REPORTERO: Buenos días, veo que lleva un día muy ajetreado. Aun así, ¿podría concedernos unas palabras para el canal local de noticias? ¿Qué opina de la sit...?

SOMBRERO-DIPUTADO (molesto): Oiga, no me importa opinar de lo que sea pero resulta que tengo un gran problema con el mecanismo.

REPORTERO: El mecanismo, claro.

SOMBRERO-DIPUTADO: Verá, yo aprieto el botón rojo, el de “on” y, ¿a que no sabe lo que pasa?

REPORTERO: Ni idea. En realidad quería preguntarle acerca de...

SOMBRERO-DIPUTADO: Pues no pasa nada. De hecho he seguido las instrucciones. Mire, aquí lo pone: enchufar y listo (señala a unos papeles). Tan sólo es necesario apretar el “on”.

REPORTERO: Fantástico.

SOMBRERO-DIPUTADO: ¿Sabe lo peor de todo? He probado con el “off” y tampoco se enciende. No hay más botones. Malditos transistores, siempre se estropean cuando más lo necesitas. ¿Se imagina tener que asistir a una sesión parlamentaria sin mi ración diaria de heavy metal? Y no es mi único problema. Déjeme que le cuente lo que me ha pasado hoy. Verá, se trata de una mierda que he pisado en el parque. Ha estado a punto de engullirnos a ambos.

REPORTERO: ¿Sabe quién ha sido? ¿Algún can?

SOMBRERO-DIPUTADO: No, pero he oído un sonido extraño: grrrrr.

REPORTERO: ¿Grrrrr? ¿Podría ser el hombre-lobo?

SOMBRERO-DIPUTADO: Podría.

REPORTERO: Disculpe, ¿cómo ha dicho que se llamaba?

SOMBRERO-DIPUTADO: Grrrrr.

El sombrero-diputado sale corriendo por una callejuela. Poco después se oye un tremendo aullido.

 

Acto II

Escena: En la calle nuevamente. El reportero se dirige ahora a un ladrillo que sobresale de una vieja cervecería y le aproxima la alcachofa.

REPORTERO: Bien, dirijámonos ahora a este simpático ladrillo. Esperemos que se muestre más colaborador que nuestro peculiar sombrero hongo. Buenos días.

LADRILLO: Buenos días.

REPORTERO: ¿Su nombre, por favor?

LADRILLO: Alfred, Alfred W. Ladrillo.

REPORTERO: Alfred, habla para el canal local de noticias. ¿Qué opina de la situación política actual?

LADRILLO: Opino que es poco constructiva según los cánones arquitectónicos. Hay que preguntarse por qué existen sillas en las que no puede uno sentarse ni con la ayuda de un faquir o cojines que acaban por fagocitarte sin contemplaciones.

REPORTERO: ¿Considera factible un pacto o ve más probable un gobierno en solitario con apoyos puntuales?

LADRILLO: Por experiencia sé que la unión es lo más sólido que existe, especialmente entre pasajeros de autobús malhumorados desprovistos de chicles. El pacto es la argamasa de las relaciones sociales sobre el que se sustenta nuestro mundo. Para aguantar una legislatura completa lo ideal es el mortero romano.

REPORTERO: Ayer entrevisté a una zarigüeya con gafas. Salía de la óptica y me manifestó que aprecia en la situación actual un aumento considerable del astigmatismo. Luego me habló del peligro de una implosión política que acabe disgregando a los partidos tradicionales. ¿Qué opina al respecto?

LADRILLO: No creo que exista ese peligro. Hace unos días hablé del tema con una teja y era de la misma opinión. Ella sabe lo que se cuece por allí arriba. Eso sí, hay que huir de las posiciones extremas, puede uno acabar descantillado.

REPORTERO: Gracias por su colaboración.

LADRILLO: De nada. ¿Puedo saludar?

REPORTERO: Por supuesto.

LADRILLO: Saludo a la tercera dovela del arco del museo y a la teja decimoctava del tejado de la vieja fábrica que da a la avenida y a sus adoquines treinta y treinta y uno que maldicen siempre los taxistas novatos y a mi tío, un jarrón de la dinastía Ming que es muy rico y acaba de desheredarme, y a una gárgola de la catedral que tiene la costumbre de mandar a todo el mundo a hacer gárgaras, incluido el señor obispo, quien se jacta a todas horas de llevar unos magníficos tapones en los oídos.

The End
Aarón Andrés
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