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El árbol que yo veo

miércoles 19 de julio de 2017
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I
Guatemala pura

Hoy como nunca
te presiento:
te veo aparecer
en la ventana azul del cielo,
con sonrisa melodiosa
de marfil
y profundos ojos
cual caminos en la selva.
Te veo diáfana y pura
como gota de rocío
en la alborada
sobre el verde primigenio de una hoja.
Del rocío eres cuna
del árbol eres vida
por inhalación del infinito.
Eres hoja verde
en la rama de un tronco portentoso.
Eres isla sonora
en el silencio del tiempo
y la distancia:
arcoíris vital
de esta pervivencia esplendorosa:
refugio de los ojos de las aves,
tremenda explosión
de la belleza.
Extensas planicies,
montañas portentosas te nacen desde adentro
del calor de tus entrañas.
Eres cuna de bosques majestuosos,
de verdes, de colores de nostalgia
y de alegría:
emanación de vida y de esperanza
como verde nacido en el desierto:
cual pensamiento nacido en la tiniebla.

 

II
Guatemala desnuda

De tu cielo lloras agua
transparente y cristalina
con profundo dejo de tristeza
algunas veces,
con llanto entristecido
mas con vitalidad esplendorosa
en difíciles momentos.
Eres madre
de vidas y esperanzas,
cobijo de la luz
y las tinieblas:
tierra impregnada
de raíces
de lagos
de volcanes
de ríos
de montañas
de noches estrelladas
y de días luminosos:
eres patria
eres hogar
lucha cotidiana
y reposo continuado
de las almas:
eres la patria mía
que me enseña la alegría
y la tristeza
la vida y la muerte
natural o provocada:
muerte tranquila
o llena de torturas
de saña y de odio
envuelta en halos de pólvora
o en filos de cuchillos.

 

III
Guatemala enferma

De tus raíces nace el agua:
no el agua satisfecha de la vida
sino el jugo de tu dignidad pisoteada,
las gotas de tu dolor atormentado.
¿Cómo es posible
entre tu sol y tu cielo
entre el verde de tu campo
y el agua de tus entrañas
que sucedan cosas así?
¿Por qué tus células
células de tu sangre
degeneran en ríos de odio
de saña y de tortura?
¿Acaso todas
no han nacido de ti
esplendentes hacia la vida?
Por eso has derramado el agua
de tus raíces profundas:
como gotas destiladas del dolor
y el sufrimiento:
por el aumento desmedido
de cicatrices que se transforman
en castrante tumor,
en foco de infección atosigante.
Mas sé que tienes fe,
que tus células sanas
son más numerosas y con fuerza vital
para abrazar la vida.
Sé que vencerás. Que el camino recorrido
a través del tiempo y la distancia
es sólido: ¡la ruta hacia la victoria apetecida,
hacia el triunfo del verde
del sol y de la vida!

 

IV
Guatemala, me conmueves

Eres esperma de toro robustecido:
semilla de tierra florecida,
trozo de verde esperanza.
Me conmueve el cantar de las aves,
la salvaje pulcritud de tus selvas,
el color amarillo, rojo, verde
o el azul robustecido de tu cielo.
Explotan en mí los arrecifes orgullosos
de tu cuerpo
y las olas transparentes de tu viento
se abren al paso de mi pecho.
Me conmueven tus ríos poderosos
Y los riachuelos de agua clara
que te peinan con cariño;
las veredas húmedas
las flores a sus veras
que el sol refleja en la eterna primavera
de tus días.
Me conmueven las lágrimas del cielo
vertidas para la vida:
pero más me conmueven
las derramadas lágrimas de tus mujeres,
los ayes de tus niños
el pecho partido de los padres,
la sangre derramada.
Escucho el surtidor de llanto
que mana del corazón de las madres,
los ríos que arrastran a las viudas,
a los huérfanos
y veo la tierra abierta que recibe a los hermanos.
Veo a escuálidos niños
con lago de parásitos entre el vientre:
un halo de alma pura
con un cuerpo deshaciéndose a pedazos.
Mas te veo como esperma de toro robustecido:
con tu verde esperanza más intenso
bajo el azul incontenible de tu cielo.
Por eso de frente yo camino:
te recorro en lo profundo de tus selvas
y he de verte florecer
con flores hermosas para todos.

 

V
Guatemala, te vistes de esperanza

El árbol florecido que yo veo,
es feliz porque en su tronco corre tierra:
tierra bebida de la tierra misma
a través de sus raíces.
Es feliz
por el esmeralda vestido de sus ramas
nacidas de su tronco hacia la vida,
desplegadas firmemente hacia la luz
del silencioso y solemne firmamento.
Es refugio de pájaros que cantan,
que vuelan bajo el sol
y por el sol entonan himnos
desplegando sus alas con el viento:
el árbol que yo veo
tiene la felicidad de sus raíces profundas,
de su tronco firme desplegado hacia las nubes,
de sus ramas abiertas hacia el sol,
del canto de las aves y su vuelo.

Antonio Cerezo Sisniega
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