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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Poemas de María del Carmen Villaverde de Nessier

• Miércoles 28 de febrero de 2018

Grito

Está gritando el verde
en cada copa.
Es todo verde el patio
y aquí, dentro,
brota mi corazón
y yo ¡suspiro!

Verde, verde otra vez
luz de la vida
¡VERDE..! , grito,
y brotan palabras nuevas
en mi boca.

Quiero saltar,
vivir de nuevo
en cada copa
la vida verde de mi patio
que era cristal sin hojas.                                
Hoy hay un nuevo prisma
verde-añil,
¡el patio brota!
Un tiempo nuevo
y un vértigo hacia arriba
irrevocable, definitivo,
un grito verde en mi boca.

 

Yo tenía una casa…

Yo tenía una casa
construida en jardines.
hacia atrás, a la sombra
de moreras y olivos
una quinta de almácigos
con lechugas muy tiernas,
rabanitos rosados
zanahorias y acelgas,
perejil y un aljibe.
Una vid hacia el este
de las uvas del niño
que en diciembre eran jugos
de los seis que formábamos
esa casa en jardines.

Yo tenía una casa
Con olor a jazmines
Con una rosa blanca
Y otras seis de arcoíris…

Yo tenía una casa
llena del sol de abriles
que espejaba sus rayos
sobre la chimenea
con leños luminosos
y estrellas federales
cortadas por mi madre
en mañanas de oro
cuando junio se tiñe en carmines…

Yo tenía una casa
con limoneros verdes
durazneros de sombra
higueras de diciembre
y un castaño erizado
de frutos con historias
de Jijón y de Mieres…

Yo tenía una casa
que ya no tiene abriles
ni padres, ni jazmines,
ni niños, ni arcoíris…

Yo tenía una casa
que ya no tiene historias
de eneros, de diciembres,
de junios o de abriles…

 

Mamita

El hilo de tu voz
ya casi inerte
se acurrucó por siempre
en mis oídos
y ha quedado quebrada en mis pupilas
la claridad celeste-verde
de tus ojos tranquilos.

Yo no quiero pensar
En tus tristezas,
En el dolor agudo
De tus huesos gastados,
En la sola
Muy sola, SOLEDAD,
después del pueblo,
del pueblo de nacer
que se quedó en un “sí-no”.

¡MADRE!
¡cuánto lloraste sola
en el último tramo del camino!
Con un poco de miedo
Y mucha espera
En el celeste cielo
De ser-niña.

¡MAMITA!, te llamaba
junto a mis tres hermanos
en el tiempo de escuela,
y en el de estar ¡DE PIE!
Frente al destino.

¡MAMITA!,
aquí te despedimos
esperando nos marques el camino
de seguir siendo hijos anhelantes
de tus ojos de trigo.

 

¡Ay, mi niña!

¡Ay, mi niña litoral!,
mi niña que de mañana
quiso ser
pero no fue
porque se fue por el agua.

¡Ay, mi niña litoral!,
quédate en la superficie
y canta…

Tuve apenas el dibujo,
casi-ser
y no ser nada.

Voy a buscar el ayer
en los hilos de mi historia
y en las burbujas del alba.

Pero carmín ni cristal
no pudo ser tu llegada.

Mírame,
respiro amor
y en cintas de oro o de plata,
no te encontré,
porque tu dibujo-ser
¡no estaba..!

¡Qué poco
duró mi flor..!

Miro allí, miro su SER
y encuentro su no ser nada.

 

Ese mundo

Hay un mundo capaz de revelar
al hombre oculto,
mostrándole lo que no fue
porque hay poca esperanza
y mucho tiempo de morir
cualquiera de estos días.

Hay un dolor
que amarra las historias
sin entender lo vivo,
reuniendo con clamores
candentes distancias de suicidio.

Como un pozo profundo
el hombre, hoy,
momifica su rostro en los caminos.
Ha olvidado el amor
y permanece
al borde de su boca…

El hombre,
así,
ya no tendrá
ni sol, ni azul, ni vientos, ni manos,
ni vamos, ni ahora,
ni tierra propia que pisar
aunque haya sido prometida.

 

El amor tiene una rama

Detener el impulso
azul del viento
la vista, el gusto, la distancia…
y contemplar
el cauce vivo de dos cuerpecitos agitados
¡y en amores idílicos..!
es estar en la fiesta de la vida
¡Pajarita, pajarito..!,
¡Pico-pico..!
¡Pico… pico..!
En las tardes de mi patio
se colma de luz el cielo
junto al concierto de las avecillas.

 

Árbol viejo

 “Hay que concordar las palabras con la vida”.
Séneca

Allí está el árbol viejo
junto al tiempo eterno
con un rostro verde-pasto
sobre la piel rugosa de los campos.
Como antes de la historia
Parir allí la vida de los árboles con pájaros
es todo ¡GLORIA..!
Gloria de tierra,
de trigo rubio, de trabajo nuevo.
Yo te siento en mi piel
árbol viejo.

María del Carmen Villaverde de Nessier

María del Carmen Villaverde de Nessier

Docente e investigadora argentina de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Profesora de letras especializada en literatura infantil y juvenil y lectura. Experta en literatura infantil y juvenil, teatro para niños y educación primaria. En la UNL dictó durante diez años la cátedra Literatura Infantil y Juvenil, integrando luego la cátedra Lengua y Expresión Estética en el Taller de Expresión Estética Integral. Posee amplia experiencia en educación primaria, secundaria y universitaria. Dentro y fuera de su país forma parte de diversas instituciones dedicadas a la lectura y a la literatura infantil y juvenil. Ha obtenido premios en sus especialidades, nacionales e internacionales, y escribe en revistas nacionales e internacionales. Pionera en su país en la formación de formadores en el área de literatura infantil y juvenil y lectura viva. Textos suyos sobre el tema han sido publicados en el Boletín del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc) y en las revistas Candelita (Venezuela) y La Obra (Buenos Aires), entre otros medios. Ha publicado los libros Para cantar y contar (1971, libro audiovisual), Pepe Cuis (1978, premiado en Múnich y seleccionado en Boloña para su traducción al italiano), Historias de ayer (1991), Circunnavegando la palabra (1997), Casi mil libros (1998), Bichos y dichos (1999, tres tomos), Aventuras de entre casa (2000) y Cincuenta poemas (2004), entre otros.

Sus textos publicados antes de 2015
193227
María del Carmen Villaverde de Nessier

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