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Hablemos, de Octavio Santana Surez

Pocas páginas para una bella dama

• Miércoles 26 de diciembre de 2018

Imprecisión

José Pedro nació ayer. Abrió los ojos a la vida. Ignacio contrajo matrimonio; Clemencia falleció. El viento siempre estuvo presente; la tierra giró sobre su eje y alrededor del sol. Llovió pero pudo haber sido un día despejado y brillante; el cielo se mostró infinito como siempre. Caminé un día más o quizá desconté un amanecer a mi jornada. Todo esto sucedió ayer. Hoy abrí los ojos.

 

Detalles

Así es,
Tal y como te lo digo.
Vamos transcurriendo
En el tiempo
Entre explosiones de luz
Y de tinieblas.
Por eso yo me fijo
En los pequeños detalles;
Detalles que vienen a ser inmensos
Si se les da el valor que les corresponde.
Siempre la tristeza
Por ejemplo
Es el epílogo de situaciones bellas,
Reconfortantes.
Quiero decir con esto
Que la tristeza jamás es el todo de un individuo
Aunque éste así lo crea.
Existen momentos de luz
Y de esperanza.

También para llegar a la alegría
Se pasa muchas veces por escollos
Que parecen insalvables;
Y esta alegría se constituye en un oasis,
En un remanso de la existencia.
Y así,
Todos los detalles
Todas las situaciones son cambiantes:
Los pájaros de más alto vuelo
Sufren caídas estrepitosas;
Y a los que les cuesta volar,
De repente se encuentran hinchando sus pulmones
Con pedazos de cielo.
Por eso no me extraña nada ese hermoso colorido
Entre tanta aridez del campo.
Es como un oasis
En medio del desierto:
Una fuente de vida entre tanta sequía,
Entre tanta extensión de soledad.
O como la luz que entra por una hendedura
Y que ilumina el alma del presidiario,
O una veta de amor
En medio del odio y la violencia.
Sí, este colorido
Hace restallar los latidos del alma.
Es un pequeño detalle
Te digo
De la existencia.
¿Quién iba a pensar
Que en medio de un desértico campo,
Entre tanta sequía y desolación
Pudiera darse esa belleza?
Me recuerda al sol cuando emerge de la bruma
Después de varios días de temporal,
O el momento de firmar la paz
Luego de mucho tiempo de guerra.

¡Ah, si esos instantes, si esos detalles
Pudieran prolongarse por siempre!
Pero no, siempre hay o debe haber,
La verdad así lo creo, contrastes
Que nos hagan recapacitar sobre lo hecho
O sobre futuras actuaciones.
Contrastes
Que nos permitan ver lo blanco
Y lo negro,
Lo árido y lo fértil,
El amor y la desesperanza.
Por eso insisto en ese botón, en ese resplandor
Que nos llega de en medio de la aridez
Como un rayo de luz y de optimismo:
Por eso mis ojos se ven extasiados
Al posarse sobre esa hermosa flor
Nacida contra todo,
En un alarde de la existencia por mostrarnos la belleza.

 

Hablemos

Sí, está bien que hoy hablemos.
Ahora que tenemos todo el tiempo del mundo
A nuestra disposición;
Porque el tiempo es eterno y nos conmueve por eso:
Por su continuidad.
Podríamos platicar de tantas cosas
Hasta anegarnos de euforia o de tristeza,
De placer o de melancolía.
Porque es tan lindo ver el brote de una flor
Aun en lugares áridos,
O el surgir del agua
Desde el fondo de la tierra;
Es hermoso ver el vuelo de las aves,
La libertad de los animales salvajes
Y aun la carrera desenfrenada de los hombres:
Unos con el vértigo tremendo
De la euforia por la vida,
Otros que han dejado a la tristeza
Que navegue por sus almas.
A mí siempre me gustó atragantarme con la vida:
Llenarme de naturaleza, de tierra, de cielo,
Y volar por el espacio infinito.
Y ¿por qué no decirlo? Admirarme
De lleno con la fertilidad del suelo, con esa
Capacidad de la naturaleza para crear del polvo, realidad.
Me parece increíble
Aún hoy, ver surgir la exquisitez
De una planta,
La salvaje felicidad de un arbusto,
El despampanante colorido de una flor.
Porque la tierra es la madre ancha
Y poderosa
Que otorga libertad y da cobijo;
Que se abre para alojar en su seno
Al hijo amado,
O que expulsa el alimento de sus entrañas
Para perpetuar su existencia.
Siempre fui y sigo siendo admirador
Del gran milagro de la tierra
Que es en sí misma portentosa:
Porque tiene los elementos necesarios
Para perpetuarse,
Y si no obtiene lo indispensable desde el centro de su cuerpo
Sabe ver al cielo y abrirse como alma bondadosa,
Para abrazar en sus entrañas las lágrimas perpetuas provocadas
Por el estallido del espacio en aguacero sordo
Cuando arroja hacia ella la semilla de la vida:
La lluvia.

 

La ruta

Pues yo siempre me crucé con infinidad de caminos
Y múltiples encrucijadas. Porque la vida es eso,
Una red por donde podemos transitar a nuestro libre albedrío.
Hay caminos escabrosos que nos llevan por sus vericuetos
En busca de la paz y la tranquilidad
Y hay sendas fáciles y llanas
Que no conducen a ninguna parte;
Y este ambular nos coloca ante encrucijadas
Donde se decide el final de nuestros pasos.
Yo, te cuento, fui un eterno peregrino
Que se llenó de tierra el alma
Y de savia milenaria alimentó su corazón.
En ese trotar inacabable me llené de espinas
Mas también de aire y verdura tropical;
Fui parte del sol y del destello
Y partícula imborrable de la noche.
Mas la vida es una sucesión de instantes
Y cada instante la luz de la existencia;
Por eso en todo sendero que osaba introducirme
Encontré siempre la señal indiscutible de la naturaleza:
Los seres que unos tras otros se cruzaban ante mí
Con aureola unos,
Cargando oscuridad el otro tanto.
Y fue esa mezcla de destello y de tiniebla
Mi constante transitar por todo el mundo:
De ahí nacieron el sinfín de encrucijadas,
De ahí partió mi ser por caminos diferentes
Buscando luz para encontrar la noche,
O hallando de repente el destello inconcebible e impactante
De una claridad meridiana y pura.
Pero fue mi relación con esa gente
Y el beber cada día esa sensación de amanecer, mi guía;
Mas no pude haberlo hecho solo
Porque el hombre es tan sólo una célula del mundo.
Entre la increíble oscuridad de noches impresionantes
Y la paz indescriptible y radiante de albas esplendorosas,
Mi alma vio el camino y encontró en él la luz:
La luz de la amistad.

 

Admirable

Yo vengo de caminar por los senderos de la vida
Nacidos quién sabe cuándo y en qué circunstancias;
Mas lo importante es que existen
Y que están ahí para que disfrutemos de ellos:
Para que nos alimentemos de origen
Y busquemos la distancia
Hasta empalagarnos de infinito.
Y a través de esos andares míos he visto
Manifestaciones hermosas e impresionantes
Como el brote de una flor,
La lluvia, las estrellas, un destello.
Vemos tanto en ese transitar nuestro,
Tantos fenómenos increíbles que nos hacen meditar
Sobre su origen, su desarrollo, su existencia,
Hasta compenetrarnos con la vida
Porque de lo contrario somos un brote de ausencia
Cosecha de la nada.

Desde que escuchamos un trueno
Vemos un relámpago iluminando el espacio
Sentimos la lluvia sobre la faz herida de felicidad
Observamos el instinto animal de supervivencia,
Nos damos cuenta de que vivimos en un mundo desbordante
De sucesos, de instantes refulgentes
Que murmullo a murmullo construyen
Nuestras fibras más sensibles
Que nos balancean en un trapecio de felicidad y de euforia
Ante el despampanante estallido
De la increíble realidad.
Muchos son los sucesos admirables
Pero me impresiona el vuelo de los pájaros:
Esa capacidad de remontarse a las alturas
Y mantenerse ahí
Como una estrella suspendida de la nada
Observando embelesada la belleza de la tierra.
Me impresiona también el misterio de los mares
Su fuerza increíble
Su tranquilidad preludio de tormentas borrascosas.
Son muchos los fenómenos que me impresionan
Pero hay uno sobre todo muy especial:
Esa cadena ininterrumpida de seres que pueblan la tierra
Sin importar el desaparecimiento físico
De muchos de ellos;
La capacidad de multiplicarse,
De conservar la especie.

 

Belleza

Si tú te fijas en el sol, la luna o las estrellas,
Los ríos, los valles, las montañas,
Los árboles, las plantas y tantas otras existencias,
Vas conociendo, de pronto, la belleza.
Es como arrancarle a la vida pedazos de alma
Y hacerlos circular por el torrente de tu sangre
Para henchirte el corazón de colorido.
Yo siempre he sido su ferviente admirador
Porque es tan lindo ver cómo crecen las plantas,
Nace un niño, el correr de los ríos,
El rugir del mar embravecido y el sol,
Esa tremenda luz que da energía
Y que es de la tierra como el destello del alma.
El hombre también puede hacer, con su actuación, belleza:
Es capaz de remontarse al espacio
De construir hermosos edificios
De hacer esculturas y pinturas maravillosas.

Pero la más grande hermosura
Que puede un hombre realizar es su conducta;
La manera de tejer los hilos de sus sentimientos
Y el libre transitar por los caminos adecuados.
Existe también una belleza despampanante y grácil
Al mismo tiempo que se nos mete a través de los ojos,
Y de los poros y por todos lados,
Y nos hace temblar de deseo y de lujuria.
Es como un suelo fértil para la pasión
Y de ella emerge la vida para sustentar la existencia.
Es la estética más pura y sus contornos
Los más delicados de la creación.
Ya habrás adivinado que me refiero a la mujer:
Sí, a una mujer como tu madre o la mía
Y como todas las mujeres del mundo
Que son como frutas jugosas que alardean con su sabor.
Pero son aún más admirables las mujeres
Que desbordan amor por los poros,
Las que anegan la vida de sentimientos hermosos
Por los cuales sabemos que la belleza es
Además de física,
Del alma.

 

Ver

Hoy abrí los ojos
Hacia dentro.
Buscando en mí
La excelencia de la vida.
¿Cómo es posible tanta perfección,
Tanta belleza?
El palpitar del corazón,
Las inmensas redes de la sangre
Que fluye entre mis venas
Y el cerebro
Ese portento de perfección que nos conduce
Por la vida.
Y así, las piernas, los brazos,
El hígado, los riñones que conforman
La maquinaria perfecta de la vida.
Esa vida que ha de conducirnos
Por todos los recovecos posibles en los que se esconde
La felicidad, la tristeza, la luz, la negrura y el color
Que en forma de destellos le da sabor a la existencia.
Hoy abrí los ojos y vi dentro de mí
Una red de sentimientos,
Sensaciones y vivencias de esas que da el amor,
La amistad y la tristeza que no deja de rondar
Como queriendo sazonar un poco la felicidad.
Pero el río de la vida
Que corre por el cuerpo señalando derroteros
Es invencible y aún después de muertos
Vivimos con la vida y en la vida
Siempre llenos de felicidad.

¿Qué nos pasa después de muertos?
¿Pasamos a otra dimensión?
¿Volvemos a la vida con otro cuerpo?
¿Vamos al cielo o al infierno
Como dicen los negociantes de la religión?

Esa incertidumbre es el incentivo de la vida.
Nos juntaremos los malos y los buenos,
Los letrados y los insulsos
Los sanos y los enfermos
Los negros y los blancos.

¿A dónde iré con mi cuerpo perfecto,
El alma en desarrollo
El amor a cuestas,
La incertidumbre rondando?
Aún no lo sé.
Esperaré.

 

Cosecha

He trotado por los caminos:
Escalado montañas, navegado por los mares en calma,
Sorteado tempestades inmensas
Descansado sobre valles extensos
Sembrados de claridad y de verdura.
He llegado a un punto
Convergencia de variados senderos,
Instante luminoso de mi real existencia.
Se reúnen aquí los grandes fenómenos:
La alegría, la amistad, la belleza
Y los inmensos desiertos del alma
Con sus frutos de necesidad y de tristeza.
Sé con certeza que el resplandor de este punto
Se debe a la combinación de situaciones y de hechos
Que forman de lleno el conjunto de la vida
Y que son la justificación de la lucha y del camino.
Que he llegado a él sorteando tristezas
Abrazando alegrías
Cosechando enseñanzas.
Se dieron en mí a través de la distancia
Un cúmulo de experiencias que abrieron mi alma
En un vergel
Y me enseñaron que todos los caminos perdidos
Los valles, las cimas y extensos desiertos
Se adornan con sendas de amistad, de belleza, de bondad,
Que irremisiblemente nos conducen
A través del espacio infinito alimentándonos de cielo,
En pos de la cosecha del fruto más grande
Del sentimiento más hermoso
E inmensamente puro:
El Amor.

 

Amante

Después de recorrer los caminos que tejieron mi destino
Estoy aquí cargado de recuerdos y nostalgias
Sin un afán preciso,
Como queriendo sacar de mi alma uno tras otro
Los años ya vividos.
No lo sé, no tengo la conciencia suficiente,
Si estos años han brillado con fulgor supremo
O han sido simplemente de tenue brillantez;
Pero lo que sí sé es que fueron admirables
Y que regaron uno a uno mi alma
E hicieron vibrar sus hilos más sensibles.
He visto de todo
He pasado por penas y fracasos, y muchas veces
Alegrías y triunfos adornaron mi camino.
Estoy claro de las bellezas del mundo
Y de los ríos de pobreza y de miseria;
Consciente de fenómenos naturales maravillosos,
De aves de alto vuelo y de reptiles ponzoñosos;
Sabedor de sentimientos elevados de los humanos
Y conocedor de personas incoherentes con la existencia.
He visto correr el agua de los ríos
Y respirado el aire puro del espacio infinito.
Me ha acompañado el amor y la amistad.
Está bien que ahora platiquemos
Y que nuestras mentes rescaten
Los últimos rincones del recuerdo;
Tú sabes cuánto amo yo a esa dama vestida de verde
Y azahar matizada por el oro de su luz;
Cuánto soy capaz de dar
Por abrazar sus volcanes y cobijarme en sus cuevas
O atragantarme con su mar.
Cómo restallan en mí los sentimientos
Al confundirme entre sus amores francos y dichosos.
¡Ah, qué feliz soy al ser amante de esa bella dama;
Amante de la vida!

Antonio Cerezo Sisniega

Antonio Cerezo Sisniega

Escritor guatemalteco (Ciudad de Guatemala, 1949). Graduado en la Universidad de San Carlos de Guatemala como administrador de empresas en 1979. Es autor de los libros de cuentos Círculo, Mis cuentos dispersos, La realidad ideal, Apuntes y algo más, Cuentos de burócrata y, en poesía, Veintiuno e Instantes. Poemas suyos han sido publicados en el diario La Hora. Ha participado en certámenes literarios de narrativa y poesía y obtenido alrededor de veinte galardones literarios entre cuento y poesía.

Sus textos publicados antes de 2015
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