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Poemas de Gustavo Lespada

miércoles 6 de febrero de 2019
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Interrogantes

¿qué hora es la que ahora no te encuentra?
¿qué lugar será mundo sin tu abrazo?
¿junto a qué cama quedarán mis sandalias
interrogándome como dos huérfanas?
¿y sobre qué respaldo yacerá mi saco?

¿acaso no percibes lo eterno de tu no?

¿ignoras la jauría que me abruma
mendigando tu aliento? / ¿no ves que ya no llueve?
¿es que no te das cuenta de que definitivamente ya no llueve?
(cae agua a veces / pero llover
no llueve).

¿cómo puedes girar la llave
del otro lado? / ¿cómo abres la mano
y me dejas caer como si fuera un manojo
de llaves? / ¿con qué premura has de llenar
el hueco? / ¿pegarás un recorte de diario / una
fotografía vieja en la página en blanco?
¿qué húmedo vértigo te subirá a la cara
al asomarte en el brocal del pozo
donde echaste mis manos?

¿por qué toda pregunta es una ausencia?

y cuando sea silencio / ¿cantarás
bailarás sola? / ¿cómo harás la mudanza
para no ver mis versos? / ¿cómo te irás callando
de mi voz / con qué voces? ¿y cuando te desveles
cuando pendan tus velas en medio de la noche / bajo
una calma chicha? / ¿y cuando te despiertes en la mitad del día?
¿y cuando siempre siempre sea atardecer / domingo?
¿y cuando nada tengas / es decir
seas vos misma?

(de Naufragio, 2005)

 

Puedes irte

hoy descubrí otra cosa
como un archipiélago un cabo o un mar dulce
una montaña o istmo / algo nuevo ha ingresado
al mapa de lo cierto:
……………………………..puedes irte.

puedes tomar el picaporte e irte
abrir la puerta e irte por el pasillo irte
por las baldosas y por la calle irte


….puedes irte
……………irte como a las nueve y donde
antes estabas quede pared de yeso y el agua
de la ducha no me lave la huella de tus pasos
y hasta la luz inmóvil sea una guía ciega
y ni mozart me calle tu silencio / irte
a las diez las once / y no parás de irte
doce y la nada funda templo en el cuarto
puedes irte y el pan se reseca en la mesa
y la canilla arroja un chorro de presencia
obediente a las leyes constantes de la física
irte y la silla aguarda con servilismo inútil
irte cuando a la una el cadáver del teléfono
irte aunque la luna cuelgue su osamenta
detrás de las cortinas y los libros aprieten
cada hoja entre sus lomos tiesos y los ladridos
muerdan puntuales las ventanas / irte
y el cenicero reproduce las promiscuas colillas
y la botella baja mientras irte / las dos y todavía
irte / y voy al reloj como a un abrevadero seco
irte / y todo escora es cama y es deriva

pero irte puedes irte y ahora / aunque volvieras siempre
no dejarás de irte / siempre a trasluz el yeso
porque aún si estuvieras aquí al irte
a tocar en su duda / el dedo sabe
ahora / que siempre
puedes irte

(de Naufragio, 2005)

 

Cuaderno de bitácora

I

escribir o nadar, casi es lo mismo:
hendir el agua
que ha de unirse a mi paso, nuevamente
el agua
penetrable, que todo lo penetra
que envuelve y se desliza por la mano
inevitablemente hacia otra agua
hacia la inmensidad
del agua.

escribir o nadar o deslizarse
estirando los brazos al abismo,
perder pie,
flotar donde no hay huellas
ir hacia lo que no soy
para emerger igual
pero distinto.

 

II

La sabiduría no reside tanto en la estructura de la idea
como en eso que se proyecta sobre su sombra.

Al pie de todo perfil crecen los brotes de la intolerancia.
Todo andar desplaza fluidos, formas, referencias.
El ser es movimiento.

¿Acaso ser no implica impactar en el otro?
¿Qué cuerpo se ilumina sin arrojar la sombra?
El ser siempre es opaco.

 

III

al igual que la carne, mucha escritura
se corrompe; mórbida, se desprende con el tiempo.
algunas —las menos— tienen hueso,
carozo llevan dentro como a su propia muerte.
pero hay una escritura que empuja hacia los bordes,
una que te cercena en la intemperie:
sólo esa permanece.

 

IV

el verdadero ser
se olvida de sí mismo.
compartir la palabra
como el pan y los peces
obra el milagro
de hacerla inagotable.

 

V

nada se muere nunca mientras cuenta —lo supo Sherezade—,
pero llega un momento en que el murmullo vibra,
estalla y arroja las esporas cual si fueran
vestigios de otros mundos olvidados.
entonces algo se arranca las escamas
cambia de piel, despacio
lentamente,
atranca las fallebas,
cierra puertas, ventanas
y permanece mudo,
al acecho.

 

VI

cada signo que empujo conmueve un universo.
separo un hilo para ignorar el caos del enredo,
y olvidar al insecto extraviado del enjambre,
o el persistente andar hacia el abismo.
sigo la caravana de mis huellas
(la hilera consecuente)
donde se deposita, inexorable,
la costra del sentido.

entender, paso a paso,
palabra por palabra,
aprehender los conceptos
para saber al fin
todo aquello que nunca
sabremos; que nos abra los brazos
la carencia apacible, familiar.

 

VII

Cuánta nada hace falta para hacer que algo sea.
Cuántas mueren a mares, cuántas
nonatas criaturas siquiera alcanzan
el contorno discreto de la forma,
cuántas apenas nadan un instante
como un temblor fugaz
antes de hundirse
para siempre en la sombra.

Cuánta ausencia rodea la palabra.
Cuánto silencio saja del olvido
las venas de su nombre
que se levanta siempre
de la tumba.

 (de Tributo de la sombra, 2013)
Gustavo Lespada
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