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El embalse de las Rozas

miércoles 8 de enero de 2020
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I

Parece que el embalse
se seca en el verano.
Sus aguas son tranquilas
y esperan los otoños silenciosos
que vienen con la lluvia, con el beso
callado de la lluvia y su caricia.
Y sabe el Aviséu
que viven estos bosques
callando los secretos de los osos
que encuentra el cazador en su aventura.

 

II

La noche de las minas
parece hablar duendes,
de viejos nibelungos
que esconden sus tesoros y sus joyas,
igual que los sumicios, porque suelen
robar en cada casa lo que encuentran.
Y saben los sumicios
que viven estos bosques
callando los secretos de los osos
que encuentra el cazador en su aventura.

 

III

Pues dice la palabra del poeta
sus versos a la luna,
llegada ya la noche.
Y quiere la poesía dejar claros
los brillos del misterio de la zona
que ya habitó la gente en la prehistoria.
Y saben los mineros
que viven estos bosques
callando los secretos de los osos
que encuentra el cazador en su aventura.

 

IV

Los viejos profesores
vendrán a su trabajo,
llegando desde Asturias,
de tierras castellanas, si hace falta
(las tierras de secano tienen gente
que quiere la humedad de estos lugares).
Y saben los muchachos
que viven estos bosques
callando los secretos de los osos
que encuentra el cazador en su aventura.

 

V

Y pronto el azabache
que brilla con la noche
me dice, como Shakespeare,
el sueño de una noche de verano,
la música de Mendelssohn, su magia,
la magia de la Asturias siempre próxima.
Y dicen en los bares
que viven estos bosques
callando los secretos de los osos
que encuentra el cazador en su aventura.

 

VI

Y el alba silenciosa
vendrá con una antorcha
de luces encendidas.
Entonces, los colores de la aurora,
querrán, como quisieron los crepúsculos,
teñir con roja sangre el horizonte.
Y sabe el panadero
que viven estos bosques
callando los secretos de los osos
que encuentra el cazador en su aventura.

 

VII

Y, ya en el instituto,
con libros bajo el brazo,
hablamos de la niebla,
del vuelo de la niebla en los caminos,
que no todo son ciencias y escritura
ni el canon de los sabios y filósofos.
Y sabe el camarero
que viven estos bosques
callando los secretos de los osos
que encuentra el cazador en su aventura.

 

VIII

Y, luego, caminando
sin prisa hacia mi casa,
la lluvia del verano
parece saludarme con su risa,
parece repetirme con su brisa
que ya éramos amigos en Asturias.
Y saben los amigos
que viven estos bosques
callando los secretos de los osos
que encuentra el cazador en su aventura.

 

IX

Y pienso en las Asturias
y sé que son mi tierra,
y tengo aquí la tierra
que acoge, sin embargo, mi trabajo,
que acoge mi labor y se conforma
con todos los defectos que tuviere.
Y sabe todo el mundo
que viven estos bosques
callando los secretos de los osos
que encuentra el cazador en su aventura.

 

X

Y sueño en el embalse
con esa Asturias mía,
con esa tierra mía
que tengo siempre próxima a mi pecho,
que anida en lo profundo de ese pecho
que quiere ser Asturias, si es que vive
lejano de su tierra,
acaso tan cercano,
bebiendo el agua misma de la lluvia
que asoma a cada mar y a cada monte.

José Ramón Muñiz Álvarez
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