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Seis poemas de Sergio Ortiz

lunes 18 de mayo de 2020
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Las despedidas

Es más difícil despedirse
cuando la boca no puede inhalar.
Más dificultoso albergar sueños
transportados por vientos alisios
donde la esperanza naufragó

sobre los arrecifes de la vanidad
cuál Seppius temblores levitando
sobre el éxtasis provocado
por un Nerón de calle medio ladrón.

Es mejor que suelte este aire turbio
que no me deja respirar antes
de que se me moren los labios
y lágrimas lluevan como granizo.

A la luna Seppius la enterró
en algún volumen de un diccionario
lingüístico sin que mis mejillas
pudieran despedirse. Lo mejor es
no ofenderse.

Somos libres
de agonizar
igual que agonizan
las banderas sobre astas
a la espera de que cesen
las tormentas.

 

Eros y su amante discreto

Sí, estuve atrapado en fechas
y calendarios, en el misticismo
del aroma de lavada. Me le acerqué
a Eros para intentar curar su locura.
Llegué hasta su toldo con el sonido
de mares lejanos habitando
mi pecho. Llegué hasta donde el temor
no parpadea porque ya aprendió
a morir y a definir los puntos cardinales.
Una aguja de una antigüedad
insospechada ensartó todas mis lágrimas
con agrio placer. El mundo perdido
en la indiscreción de tiempo y espacio,
aturdido, atolondrado por el discurrir
de las arenas. Llegué hasta su cama
y me entregué a ella, callado y ausente.

 

Cuarentena
o
Shadows don’t use safety nets

Mientes tan bien
Sin Bandera

para silenciar aullidos.
La miró y me tengo que cubrir la cara.
Sé que debajo de su mascarilla
hay una sonrisa humillante, dictatorial
que ella sabe del buen vestir. La Barbie super-star
del Covid-19 mirando a Ícaro volar
desde su balcón Fortaleza
cantando su cumbaya a toda boca.
Cierra los ojos para ver si siente
el Espíritu Santo escribirle un soneto.
Enfurece cuando lo que escucha
es la balada de su fracaso
interpretada por un coro de niños.

 

Wanda y Johnny el men

Wanda era una amargada.
Se hacía pasar por mujer sofisticada
cuando iba al ballet. Ponía una almohadilla
sobre sus muslos para que se acostara
su perra chihuahua,
su conciencia.

Johnny (el men) era un viejo que
sabía mucho de la mitología.
Era experto en Sisyfus y toda esa parafilia de empujar peñones cuesta arriba.
Tenía un parecido al pastor que le robó
medio millón
de dólares a Iris Chacón.

Eran un equipo.
Él encajaba divino
con los chicos
a la vez que jugaba
pelota dura
con las damas.

Wanda se emocionaba al ver
a semejante maestro ayudando
a los cisnes volar.

La vida no trata
de cuán duro
se pueda morder.
¡Trata de cuán doloroso
te sea el mordisco
de la venganza!

 

Si lo ven
u
Otro día de cuarenta

Díganle que no estoy.
Que le agradezco todo pero no
contestaré sus llamadas.

Que mi sueño es profundo,
está lleno
de todas las veces que me he reinventado.

Que en las madrugadas
no miro
hacia lo que fue
su lado de la cama.

Es otro mundo.
El mundo donde nos pusimos
a limpiar y a botar
para esperar la muerte.

Que se deje de cuentos.
Yo a pesar de estar solo
no he muerto.

Morir es una mentira.

 

Violines
o
Visitas al pasado en la cuarentena

Tenía siete cuando me enamoré
del violinista
de mi iglesia.
Sentí
la piel partir
dejándome desnudo.

A los siete si me leen
¿quién me entendería?

¡Solo, fueron años caminando solo!
No me pidan
esconder tantas
mentiras

porque caminé
abrazando al aire desde los siete
y no los perdono.

No me da el corazón
para más.
Ahora tengo setenta
sé quién y por qué
soy así.

Sergio Ortiz
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