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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Cinco sonetos de Francisco Cuaresma Borrero

lunes 2 de noviembre de 2020
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Recuerdo tu mirada

Recuerdo tu mirada sorprendida
mientras yo confesaba mi pecado.
Pero si Dios no me hubo condenado,
¿no fue acaso pecado y despedida?

Yo, mártir de mi osada acometida,
en la cima de aquel abril floreado,
sereno, mi delirio encarcelado
dilataba tus ojos a la vida.

Cuánto desde ese día tu mirada
se ha hundido en este manantial profundo,
Cuántas veces, soñada, recordada

por este mi existir tan vagabundo
Ay, semblante de niña impresionada
¡Mi sueño más excelso en este mundo!

 

Desaire

Quiero dormirte siempre en mi recuerdo
como notas de una balada triste,
con esos ojos, con los que pusiste
razón y sentimiento en desacuerdo.

Yo quisiera olvidar pero me acuerdo
de la rosa incolora que prendiste,
de aquel mirar sin ver con que pusiste
un corazón muy lejos de lo cuerdo.

¡Cómo dueles!, herida del olvido
¡Cómo cortas!, cuchillo de la nada
¡Cómo quemas!, rescoldo de despido

¡Cómo ahondas!, desdén tornado espada,
¡Cómo lloras!, corazón aburrido,
¡Cómo sufres!, mi pobre alma ignorada.

 

Soneto del amor puro

Tú siempre tan allá sin tu respuesta,
yo acá la voz de un ángel siempre espero,
pupilas sin el brillo de un te quiero,
miradas sin rencor conmigo a cuestas.

Amor con tal pureza a flote puesta
sólo deja una huella en su sendero:
nota en el canto y brillo en el lucero;
rima en el verso y color en la fiesta.

Pero un amor así también da fruto,
pues la caricia ausente pare al verso.
¿No es el alma de poeta negro luto?

Yo, apóstata y sólo a ti converso,
por tu mirada a un diablillo astuto
he vendido mi alma y mi universo.

 

Trigal

Era al principio verde y con herida,
y más tarde de fuego sosegado.
Era fruto del viento enamorado,
y por su amor su alma fue torcida.

Pero no fue pasión correspondida
por su galán variable y alocado.
Oro ofrecía a su inconstante amado,
sin miedo a ser gavilla desprendida.

Así te quise yo, como la espiga
a ti, viento de junio que te fuiste
diciendo: “yo te quiero como amiga”.

Pero hubo razón que no entendiste:
dos almas en origen que Dios liga,
y luego el mundo corta a puñal triste.

 

Derrota

Tu corazón es como una muralla
con altas torres y amoratado cielo.
Mi corazón es un enorme suelo
con nacientes saetas de batalla,

diminutas para tan alta valla.
por lo que no habrá cerco por mi anhelo,
que sólo tiene un arma: el desconsuelo,
daga para un amor que sufre y calla.

Ya puedes arrojar desde tu almena
un fuego que me alivie de este peso,
que me torne en cenizas con mi pena,

que derrita mi carne con mi hueso,
que sólo deje al fin un alma ajena
a este mundo que me mantuvo preso.

Francisco Cuaresma Borrero
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