“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Del flamenco:
poemas de Francisco Cuaresma Borrero

domingo 20 de febrero de 2022

Guitarra

Sonaba mi guitarra diferente
cuando estabas a cuando no estuviste.
De la prima al bordón, la nota triste
suspira una nostalgia muy reciente.

El alma de madera llora y siente
por sufrir junto al alma que coexiste,
aquélla con sus dedos, que la embiste
y en la que se derrama plenamente.

Viejo ataúd para enterrar mis penas,
¿Alguien habrá que como tú me quiera?
Al corazón doliente ¡qué bien suenas!

Ante el amor oculto ¡qué sincera!
Para el dolor, ¡qué notas tan serenas!
¿A quién consolarás cuando me muera?

 

Taranto

Cuando el sol por los mares asomaba
naciente de auroras Andalucía,
grito, sudor y muerte en galería,
la sangre de un minero derramaba.

Con el vacío tono te doraba
la guitarra y la voz de la elegía,
el gigante bordón la prima hería,
el cuerpo oculto y sucio se inmolaba.

Las campanas doblaron su amargura,
la fría ausencia que todo lo llena,
eclipse que torna la luz oscura.

Las madres con lágrima de azucena
se abren para siempre a la locura,
mientras la tarde sola se serena.

 

Esperanza

No arañes alma mía la esperanza,
respeta indemne su tersura plena:
quien desespera el corazón lo llena
de hastío hacia su propia semejanza.

Hasta cuándo en mi mar no habrá bonanza
ni paz en la zozobra que envenena
mi corazón, que nunca se serena,
que no desprende amor ni confianza.

Líbrame ya Señor de esta locura
y enséñame de nuevo otro camino
a puertas de una dicha más segura,

a hacer y deshacer sin desatino,
a pasar y volver sin amargura,
a hastiarme y descansar sobre mi sino.

 

Búsqueda

A Dios por los rincones noche y día,
mi alma confusa y consternada espera,
sin hallar luz que esperanza me diera,
cuando un tiempo, mi fe resplandecía.

¿Es que he perdido acaso la alegría
del hijo amado que su Padre espera,
sin sentir paz ni un momento siquiera,
viendo turbada esta existencia mía?

El que negare el Espíritu Santo,
ni en este siglo, ni en el venidero,
se podrá perdonar. Dios mío, qué espanto.

porque Tú sabes que al mundo no quiero,
Me has dicho que camine sin quebranto
y que sólo el Amor sea mi sendero.

Francisco Cuaresma Borrero
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