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Escuchando los latidos, de Luis Alberto Ambroggio
(selección)

martes 1 de noviembre de 2022
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“Escuchando los latidos”, de Luis Alberto Ambroggio
Escuchando los latidos, de Luis Alberto Ambroggio (Valparaíso Ediciones, 2021). Disponible en Amazon

Escuchando los latidos
Luis Alberto Ambroggio
Poesía
Valparaíso Ediciones
Granada (España), 2021
ISBN: 978-84-18694-68-4
78 páginas

Índice

Latidos de encuentros y de pérdidas,
latidos de amor y de muerte,
latidos de sorpresas y de rutinas,
latidos de Covid y de recuerdos,
latidos con palabras y con silencios.

Latidos de libertad y de encerramientos,
latidos de salud y de agonía,
latidos de alegría y de tristeza,
latidos de sometimiento y de rebeldía,
latidos con sentido y sin sentido.

Latidos de aire y de asfixia,
latidos de primavera y de invierno,
latidos de festejo y de indiferencia,
latidos de calor y de frío,
latidos con vestidos y desnudez.

Latidos de sueños y de realidades,
latidos de presencia y de ausencia,
latidos del yo, del tú y del nosotros,
latidos del todo y de la nada,
latidos con pasos y tropiezos.

Álbum de latidos.

 

La mano del invierno

Una aparente inocencia blanca extendida.
El sol no termina de calentar la frialdad sembrada.
Tiembla la sangre entre el cielo y la tierra
confabulados con una temperatura omisa.

Idas las sonrisas de las flores amarillas,
Los árboles desnudos sueñan el verdor.
Silencio de meses sin ecos de caricias de mar,
tatuajes de rayos encendidos,
estrellas de corazón abierto.

En el invierno, los pies se hunden
en la depresión de la nieve.

Vivimos recuerdos e ilusiones,
besos, abrazos, amores fogosos,
mientras resguardamos el cuerpo
de aires que lastiman la piel
con amenazas de hielo.

Velo nupcial de montañas,
bajo cero, vientos de copos fríos y de sombras,
glaciares inconclusos, dios que se derrite.
Ya no esquío en sus palmas resbaladizas
ni en la atracción de su declive.

Denver, 26 de noviembre de 2019.

 

Seguiremos respirando

“Ser, y nada más. Con eso basta.
Respirar: basta. ¡Alegría, alegría por doquier…!”

Walt Whitman

Esa que se llama peste
y nos amenaza invadiendo,
brotes y rebrotes,
sin respeto, nuestra atmósfera humana,
nunca nos quitará el aliento
ni la contingencia feliz de lo que nombramos
“Destino de vida”, “Vida”,
con el aire azul que nutre
velozmente nuestros sueños.

Durante la mudez del vacío,
las puertas cerradas
las alcobas placenteras,
el barrio dormido,
leemos en la soledad,
con ojos humedecidos
la terquedad del malvado virus
que sin escrúpulos esparce la plaga
y nos causa el privarnos del sol,
las sonrisas, colores de sensaciones,
las estrellas, el calor de los abrazos.
Pero jamás subyugará al alma buena.

Te detendremos nosotros,
los que respiramos la libertad
y la aún más obstinada valentía
de los latidos y los encuentros
en la unión cariñosa del sentido,
esa que se llamará siempre
“Bendición”, la bendición recurrente
de los nacidos y reciclados
a través de los tiempos y sus estaciones.

 

El crepúsculo de los meses

Sin el murmullo del agua
y la oscuridad que prolongan las paredes
tortura y silencio respiran
los pulmones amenazados.

El crepúsculo crece.
No hay redenciones de luz
que abran las alas
para llenar el espacio de melodías
besando la hermosura de los ojos
en los valles de cuerpos que se llaman.

Anhelos para el mundo que amamos
sin enemigos de vida.
Habrá blancura en los rostros
como en el cambio de estaciones
y el brote de los sueños
en labios, cuerpos,
las puertas y ventanas abiertas,
que cantan la luz de la noche y
la luz de los días.

 

Otro álbum de latidos

No quiere partir
ni que lo partan
en trozos forenses.

Anhela vivir
la vida plena
sin interrupciones de muerte.

Respirar el aire
con la pureza del ideal
que no acepta contaminaciones.

Expresar el verbo
que inspira amor
con cada una de sus letras.

Sumergirse en las palabras
como si estuviese nadando
en un mar de misterios
o volando en el cielo
de un color soñado,
siempre respirando
sílabas de sol,
sin la frustración
de tener que descifrar
la sequedad del desierto.

No lo llena la inmensidad del vacío,
vive en cada uno de sus latidos
el fervor de la compañía
en el presente, futuro y pasado
del círculo compartido.

Luis Alberto Ambroggio

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