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Cuatro sonetos de Francisco Cuaresma Borrero

lunes 23 de enero de 2023

Noches de abril

¿No recuerdas de abril aquellas noches
cuando juntos el alba nos sorprendía?
¿ni cuándo yo en tus lágrimas sorbía
limpiando tu conciencia de reproches?

¿No sentías mis dedos en tus broches
librarte los collados de alegría?
¿ni cómo tu vientre se estremecía
tras juegos de caricias en derroches?

Mi boca era tu afán, tocar mis dientes,
caricia tras caricias, sin sosiego
hasta envolver mi cuerpo cual serpiente.

Nunca dejaste nada para luego,
tus besos no tuvieron precedentes
ni tu pasión rival en ese juego.

 

Pérfida juventud

Cuánto dolor, después de tanto gozo
traes contigo, yerta caña quebrada,
rosa de espinos, tibia y adornada,
con curtida flor, sabia en el destrozo.

Yo no te llamé. Envuelta en tu rebozo
de azahar experto, urdiste la celada,
en cristal de agonía delatada
roto ya, y disperso trozo a trozo.

Pero aquel que paciente siempre espera,
no entiende de belleza y tiranías,
sólo aguarda que pases a su vera

para pedirte cuentas de los días
en que aplastabas tú, con tu quimera
de aquella juventud que presumías.

 

Juegos de amor

Sin corona alguna de esperanza
camino por las sendas del baldío,
de la mano de este dolor mío,
tan sólo en compañía de la añoranza.

Te quise y mi amor casi te alcanza
pero tu corazón fue duro y frío.
Moldea bien tu cuerpo, cielo mío
porque tu alma no es de confianza.

Te ofreces bien con rico camuflaje,
y tu perverso juego no se nota,
pero el desdén pare siempre al coraje,

y con esa jugada tan remota,
usando un buen señuelo te distraje,
hasta sacarte con el alma rota.

 

Ternura de sueño

Sin que notase tus pasos siquiera
con todo silencio, entraste en mi sala
y como a un ángel herido en su ala,
te sentí temblar estando a mi vera

Llamaste a una paz, que ya nada espera,
la misma que volvió a vestir de gala,
porque la flor más mustia se acicala
ante un amor que absorbe un alma entera.

tu nimbo de ternura es tan constante
que en tu corva, mi mano derretida,
me hacía dudar sólo por un instante

si yo seguía en esta aciaga vida,
o muerto ya, con el Edén delante,
eras fruto de tierra prometida.

Francisco Cuaresma Borrero
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