I
“La Muerte de rodillas mana
su sangre blanca que no es sangre”.
César Vallejo.
Por un horizonte amartillado,
fugitivo, estaba lacerado con las olas,
fue el pregonar por la soledad,
ay, y hay en mi ventana
no sólo mis ojos sino una cárcel
hecha con las migajas de las horas
por quienes me conocían
a cambio de débiles existencias y de surcos.
Descansé entre las palmas, vacías,
en un calendario con semanas martirizadas.
Avanzan las hormigas
por la comisura de mi alma
desde aquí, del reposo, de la ceniza;
son jaurías con pesadas constelaciones,
ay, alguien, afuera, llama, llama
y creo que ha empezado a llover,
creo que el azul de sangre
hace dos largas zanjas
.................................en mi frente.
II
Ay, amor,
¿acaso no me oyes
desde las paredes de tu vientre,
o es tu sueño un mar de flechas vencidas?
Es triste la noche en tus mejillas,
tan dura como tu letra,
amor, y se amarra tu nombre
en la espuma del cemento,
oh, qué distancia, te amé, y luego,
hallo tu máscara detrás de mi boca,
y otros son murmullos que han de sernos
una navaja en la sien. Amor.
Amor, andas en mi pesar
con un limonero en tu cintura, con metales;
con los vivos que se arrastran
hacia donde nuestra voz se agolpa
y es un cielo de venas,
de raíces, por donde te amo;
aquí, yaces en lumbre de mis labios,
en una sucesión inmensa de fechas, amor.
III
Es de tarde, es de hondo
grito para la espera,
es de tarde,
creo que escampará
en lugar de irme;
hacia los tribunales en territorios de osarios
y del sustrato para el hambre;
sí, muy tarde;
un pozo de semanas,
dicen en las grietas que fue un siglo
como la ausencia de tu pubis,
como un cuchillo en mis huesos,
y sangra, y sangra tanto;
habrá —dicen—, habrá lágrimas,
desde el martes hasta tu nacimiento, hijo,
y dicen fuerte, por mis dientes,
por mi rostro y su distancia
que es tarde y que me muero
de tanta noche.
IV
Se ha hecho de sequía
en torno a mi pupila,
arrecife de pómulos blancos,
qué tan lejos quedó
mi nombre en la pared,
qué vieja mi voz,
¡qué cansada, qué famélica!
Ahora, delante de mí mismo,
soy un hombre vestido de carne, de cartílago, de huesos, de sangre,
de pólvora, de azadas, de llagas
adentro del pecho, como agujas,
o es mi sombra, y ¡ay, qué angustia!
Angustia del camino, de mi reposo,
de todas las cruces próximas al alma,
de la inmensa llovizna, de los que miran
mis pálidos ojos de este día;
angustia del espejo y mi grave ser,
de los ríos, de los quejidos humanos,
de la melancolía gratamente prevista.
V
Estás, y procuras encontrarme
en las escaleras,
por el alféizar, por debajo de las puertas,
por el rincón en donde mi dolor
se empoza con su gemido.
Hay un otoño entre nosotros,
en la integración de nuestra talla,
como eres, forjada por mis vetas,
por la saliva, por las lunas ennegrecidas;
eres, e ignoras el curso de las hojas.
Y en tus uñas está mi carne,
está mi esqueleto en sobre tu vestido;
está mi respiración en las cadenas
que muerdes sin mirarme,
en las aceras que cruzas;
en el silencio rumiador está mi pisada,
enredada en tu cansancio, en tu cuello,
en donde la ausencia te aparta de mí,
ahí, bruma, está mi silueta
arrastrándose por las paredes húmedas,
por el piso hirsuto de ojos,
en donde no miras mi reflejo
............................en donde te he de extrañar tanto,
...................................................................corazón.
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