Neno
Pedro Luis Rodríguez del Valle
Mi hermano menor
¡Pero, hermano! Ha terminado el juego...
¿Y sigues escondido?
Limpio crepúsculo el de nuestra infancia.
Allí lo ubico, en esos territorios
en que la cruda inocencia
nos fue haciendo adultos,
más hermanos aún,
surcos sosegados en un afán sin límites sombríos.
Establezco desde entonces las raíces del pecho de mi hermano,
en mi sed de siempre.
Pero la muerte mordió mi sangre en la sangre de mi hermano.
Su muerte volteo mis ojos en la vasta soledad de muerte.
Bitácora demencial en este dolor que lleva mi alma
en este su silencio de tierra y fruta redonda.
Casa de la infancia
Las puertas de madera, ¿crujirán todavía?
Y las ventanas, ¿aguardarán impacientes
por sus charnelas oxidadas?
¿Quién susurra en el patio esa canción,
junto a las quicalias?
Y el ferroso ruido de la máquina Singer
donde madre cosía nuestra miseria adusta
por un plato de sopa con ternilla.
¿Se escucha aún entre los astros?
Solamente pregunto
—luego de tantísimo tiempo—
por la inocencia del amor cobijado
entre aquellas paredes...
Herencia
Madre y padre unieron sus sangres
en la comunión de sus cuerpos,
y de esa santa trinidad
de los sexos llegamos mi hermano y yo
a consolidar las penalidades cotidianas,
el hartazgo por la vida,
la crucial familiaridad de la pobreza,
enriquecida, desenfadada,
hogareña.
- Tres poemas de Razones del camaleón, de Ernesto R. del Valle - lunes 11 de diciembre de 2023
- Manjar del tiempo, de Ernesto R. del Valle
(selección) - lunes 18 de julio de 2022 - Del libro inédito Sepia, deErnesto R. del Valle - miércoles 5 de julio de 2017


