La aurora ardió en tus ojos y me dijo
que el fuego que encendía su belleza
ardía ante tu pecho, que,
........................................desnudo,
miraba más allá de los cristales.
Y quiso la mañana tu caricia.
La aurora ardió en tus ojos, suspirando,
queriendo delatar tus intenciones,
queriendo sofocarme las
........................................entrañas,
vencidas por el fuego lacerante.
Y quiso la mañana tu caricia.
Y yo miré la luz del cristalino,
y hallé en la luz febril del cristalino,
eterna temblorosa,
...............................vacilante,
la luz de tu reproche advenedizo.
Y quiso la mañana tu caricia.
Y yo miré esa luz en tus azules,
perdida en horizontes, apartada,
dormida como el sueño más
..............................................temprano,
más débil o más fuerte, quién lo sabe.
Y quiso la mañana tu caricia.
Y fuiste tú quien quiso la caricia,
y quise darla al fin, y quise hacerte
torrente en las alturas,
.....................................arrojando
la luz de la mañana como un verso.
Y quiso la mañana tu caricia.
Y quise tu caricia yo encendido,
prendido como un sol, como la antorcha
que siente la más rara
.....................................quemadura
muy dentro de su pecho quejumbroso.
Y quiso la mañana tu caricia.
Y pudo ser el bígaro del alba,
sobre una nube clara del verano
—tal vez sobre la escarcha
...........................................del recuerdo—,
la llama de aquel sol que nos maldijo.
Y quiso la mañana tu caricia.
La envidia suele ser como el veneno
que hiere con cristales, cuando corta
como un cuchillo blanco,
..........................................cuya plata
destella con la sangre del amante.
Y quiso la mañana tu caricia.
Las rosas encendidas y purpúreas
que admiran los claveles de tu pecho
te vuelven una diosa, y,
.......................................siendo náyade,
me atrevo, Galatea, con tu nombre.
Y quiere la mañana tu caricia.
Y siendo la mañana la que quiere,
me atrevo, con la noche, a ser mañana,
si en este lecho extraño
.......................................nos sorprende
la magia repentina del crepúsculo.
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