
Aunque desde hace algunas décadas puja por abrirse paso una apertura significativa en diversos espacios, incluida la literatura, históricamente la sexualidad y el deseo —en especial desde la perspectiva femenina— han sido temas tabú. Y puede que haya ido despuntando una tendencia a considerar el sexo como una pulsión natural, pero lo cierto es que aún se hace presente la censura a través de la omisión deliberada, la prohibición de publicaciones, la limitación en la distribución o el acceso a ciertas obras o la presión social e institucional para evitar estos temas, e incluso la autocensura del autor que decide evitar las descripciones explícitas y vestir de metáforas lo que quizás sea más propio llamar eufemismos.
La novela La siesta del carnero, de Ramona Gautier —seudónimo de la española María Gutiérrez—, parece darle un toque de atención al lector en este sentido. La apasionada relación entre Leo y Sara, a mediados de los años 80, se narra aquí a través de las cartas que la primera le envía a la segunda y en las que recorre todo el espectro expresivo comprendido entre la ternura, la sensualidad, la pasión y el erotismo. Y no es que no haya metáforas, que las hay, pero el discurso epistolar aborda el amor y el deseo olvidándose de convenciones sociales (y también literarias, por qué no decirlo) y desgrana sus escenas sin la necesidad de justificarlas dentro de la trama.
La obra nos recuerda constantemente la época en que transcurren las acciones, y lo hace no sólo a través de las infaltables referencias culturales y contextuales propias de 1985, sino también en el modo en que las protagonistas viven y expresan su relación. Aunque lo que se narra allí hace evidente que ya ha habido un contacto y un interés entre ambas, en su primera carta —y estamos hablando de cartas manuscritas que, en ese mundo anterior al correo electrónico, se envían por el correo postal de toda la vida—, Leo le pregunta a Sara si ha tenido relaciones con otras mujeres, un gesto a la vez de respeto y exploración que no deja de ser enternecedor: “Sé que no está bien visto que las mujeres se deseen entre sí”, escribe la enfebrecida pretendiente, “pero no quiero negar lo que me dice mi cuerpo”.

La siesta del carnero
Ramona Gautier
Novela
Editorial Egales
Madrid (España), 2024
ISBN: 978-84-19728-67-8
182 páginas
Al retratar esta relación, la autora refleja fielmente las tensiones de la época, marcadas por la discreción obligada, los silencios impuestos y la manera en que el deseo se inscribe en un discurso que en esos primeros contactos carga con los prejuicios de su tiempo, aunque después se vuelva descarnado y de una transparente sexualidad sin abandonar la ternura de quien, a medida que avanzan las páginas, se da cuenta de que sus naves están perdidas y de que se ha abandonado al amor: “El amor me creció dentro como un árbol”, escribirá Leo mucho más adelante. “Abraza fuerte a este árbol grande cuyas raíces ahogan mis miedos. Porque siento que me amas, la esperanza me calienta el corazón como una brasa”.
Como toda buena novela epistolar, las cartas de Leo no sólo funcionan como el medio de comunicación predilecto con su amada, sino también como un espacio donde su amor, esa relación apasionada y franca que están viviendo, se reescribe y se prolonga. Y cuando digo amor quiero decir también sexo: al volcar en palabras —y con un discurso explícito— los encuentros que ya han vivido, Leo les otorga una permanencia que trasciende el instante físico. Y si pensamos en el contexto, esta práctica de volver a relatar la intimidad adquiere una dimensión especial: es una forma de reafirmar el vínculo y de construir una memoria compartida a través del lenguaje. Al transformar el deseo en escritura, Leo da testimonio de su amor, asignándole un lugar en la realidad a través de la palabra.
La siesta del carnero es una novela desprovista de eufemismos que nos revela una mirada franca y sin tapujos sobre el amor y el deseo. Para adentrarse en sus páginas es necesario desprenderse de cualquier visión condicionada por la siempre intrusiva sociedad. Que era intrusiva hace cuarenta años y lo sigue siendo en la actualidad: al situar la historia en ese mundo de mediados de los 80, la autora invita a reflexionar sobre cuánto, o cuán poco, ha cambiado la percepción social sobre el deseo y la intimidad, en especial cuando se trata de amantes del mismo sexo. La historia de Leo y Sara cuestiona nuestro presente y nos confronta con la persistencia de ciertos prejuicios.
Narradora, poeta, maestra y activista social y literaria, María Gutiérrez (El Rosario, Canarias, 1957) ha escrito cuentos, microrrelatos, poesía, haikú, novela y álbumes ilustrados, y textos de su autoría han sido traducidos a varios idiomas y publicados en antologías y revistas de distintos países. Formada en haikú con Vicente Haya en Japón, también es maestra de escritura creativa, correctora y prologuista. Ha impartido talleres en España y el extranjero, y ha sido invitada a congresos y encuentros literarios internacionales. Defensora del patrimonio cultural canario, ha presidido comisiones sobre la Lucha Canaria y Mujeres en el deporte. Coordina iniciativas culturales y educativas en su comunidad y colabora con diversas instituciones literarias. Su trayectoria ha sido reconocida con varios premios y distinciones, incluyendo el Premio 8 de Marzo de Santa Cruz de Tenerife y el reconocimiento del Congreso Nacional de Mujeres y Deporte en 2023.
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