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Hablemos, de Octavio Santana Suarez

Luz Machado Aguilera “con fronteras de piel, aire y palabras”

• Lunes 30 de octubre de 2017
Luz Machado Aguilera
Pertenece la poeta Luz Machado Aguilera, al lado de Enriqueta Arvelo Larriva y Ana Enriqueta Terán, a la trilogía creadora de la voz femenina en la poesía venezolana.

Luz Machado nace el 3 de febrero de 1916, durante un eclipse solar en pleno mediodía, en Ciudad Bolívar, capital del estado Bolívar, Venezuela. Muere el 11 de agosto de 1999, en Caracas, Venezuela, un día en que hubo un eclipse total de sol.

Su padre el reconocido jurisconsulto José Gabriel Machado, su madre María Sofía Aguilera.

Vive en Ciudad Bolívar hasta la edad de quince años, cuando se casa y emigra hacia Barquisimeto.

Conforman su familia su esposo, el poeta y político guanareño Coromoto Arnao Hernández, a quien conoce cuando él cumple ciudad por cárcel, después del alzamiento del general José Rafael Gabaldón contra el dictador Juan Vicente Gómez en 1928. Tiene cinco hijas y un hijo.

Los estudios primarios los realiza en su ciudad natal. La secundaria en Barquisimeto, estado Lara, y en Guanare, estado Portuguesa.

Comienza estudios de Derecho y Filosofía en la Universidad Central de Venezuela, sin llegar a finalizarlos.

                                                                 

Poeta, ensayista, crítica literaria y diplomática

1934. Funda y dirige la revista Valores Intelectuales.

1936. Se desempeña como secretaria del Movimiento Feminista de la Federación de Estudiantes de Venezuela, Miembro de la Unión Femenina de Lara y de la Asociación Cultural Femenina.

1936. Fundadora y primera vocal de la Asociación de Escritores de Venezuela. Miembro de la Sociedad Bolivariana de Venezuela.

1940. Delegada al Primer Congreso Venezolano de Mujeres. Caracas.

1941. Se traslada a Caracas, donde fija su residencia.

1944. Forma parte del primer grupo de mujeres sufragistas del voto femenino en Venezuela.

1946. Confunda la revista Contrapunto, con el lema “Revista de letras y artes”, publicación del Grupo Contrapunto (1946-1950).

Esta agrupación literaria la conforma Luz Machado al lado de Andrés Mariño Palacio, su impulsor, Héctor Mujica, José Ramón Medina, Eddie Morales Crespo, Pedro Díaz Seijas, Alí Lameda, Antonio Márquez Salas, Ernesto Mayz Vallenilla y José Melich Orsini. La poeta forma también parte del consejo de redacción.

En su editorial manifiestan los cosmopolitas los propósitos del grupo.

De ese vértigo espiritual que da el asomarse a esos vacíos dejados por tantas generaciones venezolanas que no quisieron o no pudieron expresarse, de ese terror que causa escuchar tanto silencio acumulado en la historia cultural del país, de ese desasosiego que trae no conocer las intenciones de esos múltiples llamados que una cultura en crisis hace a nuestro desprevenido continente americano.

Contrapunto publicó seis números: 1948: marzo (Nº 1), abril-mayo (Nº 2), junio-agosto (Nº 3), septiembre-noviembre (Nº 4); 1949: enero-marzo (Nº 5), y 1950: Nº 6.

Los seis números presentan en su portadas motivos venezolanos del artista Cruz Diez, quien participa en la revista como director artístico y, a excepción del Nº 1, los cinco números restantes están foliados.

Con una posición antiviernista, y esmero en llamar la atención sobre las obras universales de renombre, el grupo literario Contrapunto presenta al lector autores como Mann, Dilthey, Huxley, Heidegger, Faulkner, Hemingway y Saint-Exupéry. Propone la generosa y abierta discusión de las diferentes ideologías y estéticas presentes hasta el momento en la literatura y el arte, en una tentativa de deslastrarse del pasado y todo lo relacionado con él, cuestionando la historia cultural. Con un espíritu crítico siempre atento a lo nacional y al ámbito mundial rubrican este grupo, comprometido con lo que se considera verdad, esté donde esté.

1946. Premio Nacional de Poesía por el poemario Vaso de resplandor.

1955. Premio Nacional de Poesía Alfredo Armas Alfonso.

1952-1956. Ejerce un cargo diplomático como agregada cultural en Chile, donde se reúne con el grupo literario Fuego. Es distinguida con la Orden Andrés Bello en primera clase (Banda de Honor).

1987. Premio Nacional de Literatura.

1993. Se le otorga la Orden Francisco de Miranda.

1996. Le es concedida la Orden Congreso de Angostura en primera clase.

1996. Doctora honoris causa por la Universidad de Guayana.

Irrumpe en el mundo literario en la revista Alondras, en el diario La República de Ciudad Bolívar.

Suele firmar con el seudónimo “Ágata Cruz”.

Publica sus trabajos periodísticos en El Universal, El Nacional, El Mundo, El Impulso, Pregón, La Razón, Fantoches y Ahora, entre otros.

También en las revistas literarias Contrapunto, Élite, Shell, Revista Nacional de Cultura, Kena, Nosotras y Lírica Hispánica.

Pertenece la poeta Luz Machado, al lado de Enriqueta Arvelo Larriva y Ana Enriqueta Terán, a la trilogía creadora de la voz femenina en la poesía venezolana.

Es Luz Machado una poeta de amplia cultura, una pertinaz lectora. Su obra poética evoluciona continuamente tanto en la forma como en los temas, prevaleciendo siempre en ellos lo psicológico, las angustias existenciales, en una poesía reflexiva sin el menor asomo de futilidad.

Prolífica en su obra literaria:

1941. Ronda. Poemario. Cuadernos Literarios de la Asociación de Escritores Venezolanos, Nº 28. Editorial Élite. Caracas.

Inicia su travesía poética al encuentro de su propia voz, con el poemario Ronda, a los veintiséis años. Ya se vislumbra en sus versos la factura lírica de su personalidad.

En la otra ventana
las pupilas son del color del tiempo,
casi siempre azules y vacías,
o fingiéndoles “niñas” de azabache
el vuelo en espiral de algún zamuro.
(…)
¡Oh, los postigos!,
¡pupilas de las casas, tras de las que miramos
a pesar de su tiesa armazón de pestañas!

“Pupilas inmóviles”.

1943. Variaciones en tono menor. Élite. Caracas.

1946. Vaso de resplandor. Poemario.

Es un poemario clásico exponente de su actitud formal.

Juntos hemos estado el Hombre y Yo.
Esencia y Forma.
Juntos frente al crepúsculo,
nómadas en la noche,
inquietos como fuego ardiendo
que apenas conoce del leño su aptitud
para la llama;
profundos en distintos pensamientos,
como ríos paralelos en cauces diferentes,
yendo siempre hacia el Este, al Este del sol y la tormenta,
en donde se destuerce el claro caracol de los días.

“Canto de la liberación elemental”.

 

Soy tierra de la tierra. Geografía
con fronteras de piel, aire y palabras
y un corazón de bíblica manzana.

“Preguntas de la sed…”.

 

Ya estoy dentro del llanto.
Otra vez temblorosa entre su sal.
Como una hoja venida en un torrente
que al tocar la tierra forma un remanso
y huye…

“Esta fatalidad”.

1948. Poesías. Editorial Lex. La Habana. Cuba.

1950. La espiga amarga. Editorial Ávila Gráfica. Caracas.

En este poemario, La espiga amarga, inicia la poeta el progreso de su modo metafísico en el poema de extensión mediana y con versos extensos.

Quiero una casa de piedra junto al mar.
Quiero saber que detrás de cada cosa
estaría mi pecho esperando para caer,
como un follaje.

Que echarías tu cabeza de diamante imprevisto
en el agua madura de mis hombros,
buscando, como un pez ávido de soledad,
un par de lunas de limo detenido
(…)
Yo calzaría el crepúsculo entero en mis dedos
probándome su herencia de anillos,
esperando que creciera en mi cara el polen de la eternidad.

“Embriaguez de la muerte”.

1951. Poemas. Pellegrini Impresores. Colección Poetas Venezolanos Nº 4. Argentina.

1955. Chant a l’Orinoque. Editorial Caracteres. París. Prefacio de Juan Liscano.

1956. Sonetos nobles y sentimentales. Ediciones del Grupo Fuego. Chile.

En este poemario, Luz Machado manifiesta su lealtad al rigor formal del soneto, enalteciéndolo con apasionamiento creador con su cosmos henchido de intimidad.

Vengo de atar la liga a mi rodilla
y el mínimo alfiler a mi cintura,
y de reconocer en mi estatura
el instante del mar sobre la orilla.

Vengo de la palabra y la sombrilla,
del encaje y su íntima escultura,
con un trébol de aroma y de aventura
bajo el tacón de cada zapatilla.

1956. Imágenes y testimonios (prosa).

1957. Cinco conferencias de Pablo Neruda. Dirección de Cultura de la UCV. Colección Cuadernos de Crítica Literaria, Serie Segunda, Nº 5. Caracas.

1959. Cantos al señor Tiempo. Cuadernos de la Asociación de Escritores Venezolanos Nº 101. Prólogo de José Ramón Medina. Tipografía Velásquez. Caracas.

1964. Canto al Orinoco. 2ª edición. Publicación del Ministerio de Educación. Caracas.

Nos muestra su dominio de la escritura clásica en pulcros endecasílabos. Plasticidad en las imágenes, embriaguez tropical con un delicado lenguaje y la animación del verso, conjugan en esta crónica sobre el río Orinoco la prosa y la poesía. Ansiosa en precisar con vigor la compleja realidad de la infancia y juventud en esos ambientes selváticos.

En la ciudad antigua,
como si la cantárida del verano consumiera en Febrero la fluvial heredad,
resuena el ala vítrea del cauce más delgado
hasta la fiebre azul de los cielos de Agosto.

Mayo cimbra la savia.

Diciembre alza en las ramas su bandeja de niebla.

Enciende Marzo el fuego floral de las acacias.

En mortal ceremonia
Noviembre sopla al rostro del hombre su ceniza.

Tiembla de furia Abril con su espadín de lluvia.

Enero cumple el rito alto del plenilunio.

Junio le clava espuelas al ijar de la luz.

Julio recibe el riego de la herida celeste.

Y Septiembre y Octubre
rompen contra el chubasco sus mascarones de oro.
(…)
Amalivac despierta a la hora del invierno
y Auyantepui recibe
las cenizas del Pájaro de los Siete Colores.

“Sombra en el Zodiaco”.

1965. La casa por dentro. Poemario. Edit. Sucre. Caracas.

El poemario La casa por dentro es un momento decisivo en su periplo poético; es la cúspide al hacer de lo doméstico y lo cotidiano de la labor femenina un universo. Un libro separado de la hornada de los años cuarenta de los comienzos de su poética. En él encuentra su voz interior en el universo de la casa, en cada objeto del hogar, que alquímicamente se transforma en una entidad casi metafísica, sin resquemor alguno al afrontar lo antipoético. Opuestamente, es este poemario un modelo esplendente de la construcción de un cuerpo poético partiendo del ámbito casero. Esta obra, escrita entre 1943 y 1965, es un valiosísimo antecedente de la poesía femenina venezolana, que hará eclosión posteriormente, en los años ochenta.

El polvo de la casa levanta sus praderas
sin color ni alarido
y en la noche desprende sus trigos desolados.
Estoy en paz, al fin,
y no hago nada.
Ni el vestido se arruga
ni el collar debo quitármelo
ni los zarcillos,
para dormir.
Soy feliz poseyendo este rostro en un cuello sin latido
y si la sangre existe,
por la casa debe andar regada, sin espanto.

“Miro la casa desde un retrato”.

 

Una casa pequeña, nada más
que una casa pequeña.
Un biombo de junco japonés
en cuyas vértebras hubiera imaginado la luna
pasando las manos
como sobre la espalda de un cerezo.

“Deseo”.

1965. Poemas sueltos (plaquette). Edit. Sucre. Colección Lírica Hispana, Nº 269. Caracas.

1966. Sonetos a la sombra de sor Juana Inés de la Cruz. Editorial Arte. Caracas.

1969. La ciudad instantánea (A Caracas). Dirección de Cultura de la UCV. Colección Letras de Venezuela, Nº 22. Caracas.

En este poemario, el inmediato referente es la ciudad capital, Caracas; escribe en un discurso interludio entre la prosa de la crónica y el verso de la poesía, con un manejo innegable de los opuestos: ostentaciones y miserias, ranchos y posesiones, muerte y vida… con contenidos exaltativos.

1973. Retratos y tormentos (prosa y poesía). Monte Ávila. Caracas.

La muerte es insaciable.
Abre en cualquier momento
su almacén de agonías
sin horarios ni precios
pero bien caros muertos.

1973. Soneterío. Editorial Sucre. Caracas.

1974. Palabra de honor. Ediciones Poesía de Venezuela. Caracas.

1992. A sol y sombra. Contraloría General de la República. Colección Medio Siglo. Serie Letra Viva. Prólogo de José Ramón Medina. Caracas.

1997. Libro del abuelazgo. Ediciones con Textos. Pen Club de Venezuela. Colección Plural de poesía.

Este poemario está agrupado en cinco conjuntos de poemas, cada grupo dedicado a cada uno de sus hijos:

  1. “De buena fe”. A su hija Nora.
  2. “El anillo sucesivo”. A su hija Luz.
  3. “En alta noche”. A su hija Jeannette.
  4. “Todos los días del sol”. A su hija Mariela.
  5. “Metal bruñido”. A su hijo Gonzalo.

Todo ha envejecido; la casa junto al río sigue allí terca, desvencijada, el tiempo no concede treguas, no perdona; doblega bajo su peso y la soledad le asiste con su compañía.

Mientras el tiempo nos viste imperioso
Nada hay que pueda hacerse
después del olvido
Aunque falte el pan con el saludo
del rostro en la mañana
y la muerte despierte entre pinceles
y tazas y destinos.

1984. Crónicas sobre Guayana (1946-1968). Academia Nacional de la Historia. Colección El Libro Menor. Nº 51. Caracas.

1986. Crónicas sobre Guayana (1969-1986). Edición Conmemorativa del 25º aniversario de la fundación de la Corporación Venezolana de Guayana. Ciudad Guayana.

 

Desde un punto de vista formal… tuvo el mérito de crear su propio estilo, entre las compulsiones y peleas de grupos, a los que nunca perteneció. Su obra tiene una validez excepcional en la poética venezolana.
Juan Liscano.

Impúdicamente echó a la cara del lector un descarado discurso que daba cuenta de todo cuanto sucede dentro de una casa. Fue aquella, una de las poquísimas veces en que una mujer escritora asumió (frente al discurso dominante, por llamarlo de algún modo), peor o mejor (y este no es el momento de dilucidar tal cuestión), la voluntad de hablar por ella misma tomando para sí una voz y una circunstancia.
Yolanda Pantin.

Con este libro, sin la menor duda su máximo aporte, Machado logra la metamorfosis de lo casero en celestial, de lo vegetal en paradisíaco, de lo instrumental en arma secreta, de las prendas femeninas en segunda piel. Maravilloso case de transmutación de lo simple en extraordinario, de lo accidental en centro.
Rafael Arráiz Lucca.

La muerte que tanto la desesperaba y más aún el ver morir. La desesperaba no saber hallarse después otra vez. La desesperaba esa otredad de la que nunca se vuelve para hablarnos y saber si el camino es lento o rápido hacia la nada.
Américo Fernández.

María Cristina Solaeche

María Cristina Solaeche

Escritora venezolana (Maracaibo, Zulia, 1946). Licenciada en educación especializada en matemática, magister en educación superior, licenciada en matemática pura y magister en matemática pura por la Universidad del Zulia (LUZ). Profesora emérita titular. Miembro de la Casa de la Poesía del Zulia, la Peña Literaria César David Rincón y la Sociedad de Escritores de Venezuela. Tiene varias publicaciones en matemática. En literatura ha publicado Un ceratias de barro y fuego, Un amor de miel y ajenjo, Poemas ásperos y oscuros, Poesía venezolana dispersa y permanente, Colección de memoria histórica. Poesía (ensayos), La casa y Ella, Marcina y el espantapájaros y Los cuatro. En preparación un nuevo relato y Cien instrumentos musicales venezolanos.

Sus textos publicados antes de 2015
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María Cristina Solaeche

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