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Atravesar el shock:
narrativas de poder para superar traumas personales y colectivos (caso Venezuela: siglo XXI)

lunes 10 de abril de 2023
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Atravesar el shock, por Salvador Montoya
El shock busca tu permanencia en la alienación y en lo efímero. Es decir, estamos rodeados por traumas: la audacia es atravesarlos.
Yo soy el hombre de las dificultades y no más: no estoy bien sino en los peligros combinados con los embarazos.
Simón Bolívar.
Todo el que alguna vez ha construido un nuevo cielo encontró antes el poder para ello en su propio infierno.
Nietzsche, Aurora.
Por eso yo hablé en un poema del antiguo alimento de los héroes: la humillación, la desdicha, la discordia. Esas cosas nos fueron dadas para que las transmutemos, para que hagamos de la miserable circunstancia de nuestra vida cosas eternas o que aspiren a serlo.
Jorge Luis Borges.
Florecemos en un abismo.
Rafael Cadenas.

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Quien atraviesa el shock de los traumas y de las dificultades se forja una identidad tenaz. Para esta verdad meridiana hay ejemplos que nos sacuden el alma y los tuétanos. Y en esos ejemplos está el desafío y la gloria de las generaciones de Venezuela. El cantante venezolano de música urbana y actor famoso Chyno Miranda poseía el carisma del exitoso. El golden boy. Belleza. Glamour. Éxito. Dinero. Fama. Su imagen nos decía: el éxito se vive así. Pero los abismos de la desmesura, los infiernos de la vileza devoraron su talento y su éxito. Fue devorado por el Thanatos, la pulsión de la muerte, de los rencores y de los vicios. Lo hemos visto entre el lodo, oramos para que se levante y vuele a la cima otra vez. Ahora bien, desde los ámbitos de la política interna, el asesinato feroz del dirigente Carlos Lanz dirigido por su propia esposa en complicidad familiar demuestra que los infiernos de las bajezas y de las peores miserias humanas siguen activos en las estructuras del poder. Carlos Lanz sostenía la imagen de su ideología de izquierda y de su cosmovisión partidista pero le rodearon los infiernos y lo derribaron por completo. Cuentan que, después de descuartizado su cuerpo, se lo dieron de comer a los cochinos. Es el shock de la ignominia y de la corrupción. El caso de Willy McKey es fulminante. Brillante poeta y actor. Escritor satírico, punzante crítico de derecha venezolana. Sin embargo, luchaba contra sus monstruos, contra sus abismos: quizás la perversión de sus acosos sexuales a mujeres no le dio a sentir una segunda oportunidad ética. Antes de lanzarse como suicida desde el edificio, McKey escribió: “Esto te mata por dentro”. El shock de la perversión hace trizas el espíritu humano. Y esta espiral ha penetrado en todas las esferas del vivir. El shock del éxodo venezolano. El trauma de la hiperinflación. El shock de la carestía. El trauma de la violación de los derechos humanos. El shock del rentismo. El trauma de la miseria y de la ignorancia. Por eso el reto de todos es atravesar el shock y ser más y mejores humanos.

 

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Estas sucesivas terapias de choque no son invenciones superfluas. Ya han sido estudiadas, trabajadas e implementadas con rigor científico y técnico. Hagamos referencia a tres obras. Primero, tenemos al futurólogo estadounidense Alvin Toffler con su libro ya clásico: El shock del futuro, de 1970. El futuro tecnológico nos sorprende, nos invade, nos desafía. Toffler ya avizoraba el metaverso y el transhumanismo cuántico. Es el shock que busca domesticar tu subjetividad. El abismo de dejarte sin pensamiento crítico. Décadas después, la periodista canadiense Naomi Klein publica en 2007 La doctrina del shock, que demuestra cómo ante los caos y las tragedias sociales y políticas, las medidas económicas sirven como instrumentos de dominación y de opresión a las masas. Es el shock del latrocinio y del despotismo. Por ello, el filósofo francés Bernard Stiegler dice en su libro Estados de shock, de 2012, que la lucidez es tener una esperanza consciente. El shock busca tu permanencia en la alienación y en lo efímero. Es decir, estamos rodeados por traumas: la audacia es atravesarlos.

 

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No obstante, en la literatura venezolana hemos hallado narrativas de poder para superar traumas personales y colectivos. Las obras de los escritores que nombraré estoy seguro de que no las escribieron pensando en ser palinuros para esos desmadres, pero es inevitable no dilucidarlas como posibles y poderosas lecciones para seguir nuestra remontada histórica. Édgar Borges nos invita a la contemplación, a la búsqueda de nuevas visiones, a dejar la mirada superficial del consumo y de las políticas tribales. Nos exhorta a una imaginación disruptiva, de agudeza civilizatoria. Atraviesa el shock deslumbrado por las soluciones imaginarias. Sol Linares teje una subjetividad femenina desafiante, al calor del placer y de la irreverencia. Es la vida vuelta coraje y rabia por ser dignos y fieles a la mesura del beso y de la entrega y de la ternura salvaje. Atraviesa el trauma siguiendo un fluir incesante de tenacidad en el mito y en las menudencias del vivir. Miguel Antonio Guevara entra en el laberinto del Minotauro digital, se ciñe a una poesía inquietante, baja a las fosas de la anfibología. Lee a los márgenes de nuestra tradición y con cultura polifacética vuelve violento para desenmascarar dispositivos de dominación y de libertad. Atraviesa el shock disparando pecios de insubordinación. Y también Franklin Fernández con su tinta aforística y con su genialidad en las artes plásticas nos devela placas aladas, el pensar indígena, los colores de nuestros saberes y de nuestras invenciones. Atraviesa el trauma siguiendo las formas del vuelo y las formas del fuego.

 

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Reinventemos el proverbio: todos los cuentos se resumen en un cuento: florecer en medio de todos los abismos.

Salvador Montoya

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