
Termino
de leer el voluminoso libro de 622 páginas editado en griego, latín y
castellano titulado
La poética de Aristóteles, escrita por el poeta,
ensayista y traductor venezolano Fernando Báez.
Desde las traducciones acometidas por el filósofo argentino Ángel
Cappelletti y las prestigiosas traducciones realizadas por el eminente
profesor Juan David García Bacca, nadie, en Hispanoamérica, se había
propuesto, con tanto éxito, desarrollar hasta sus últimas consecuencias,
traducir desde las matrices idiomáticas grecolatinas a uno de los pensadores
más influyentes de la historia de las ideas filosóficas de la humanidad.
El autor de esta subyugante obra exploró con inaudita pasión clasicista
textos originales, manuscritos, fragmentos inéditos, colecciones privadas
pertenecientes a egregios especialistas de clásicos, griegos y latinos. Báez
consultó bibliotecas de Venezuela, Colombia, Argentina, España y el British
Museum; de igual modo intercambió estudios y monografías con eminencias
filosóficas tales como el profesor William W. Fortenbaubh, de la Universidad
de Rutgers, el respetado y admirado profesor Richard Janko, de University
College London, el gran traductor italiano Ugo Rozzo, de la Universidad de
Udine, y especialmente la bondadosa y gentil orientación de su amigo José
Manuel Briceño Guerrero, portentosa mente que ha pensado como nadie la
esencia del ser latinoamericano, desde sus orígenes hasta la actualidad.
Nos dice Báez que Aristóteles no escribió la Poética con la
intención de darla a conocer a un público general, y de seguidas acota que
se trató de apuntes personales del estagirita que servían como materiales
con los cuales el Maestro preparaba sus clases en Atenas, en el Liceo. Los
expertos coinciden —en opinión del autor— en que las 10.000 palabras que
componen la Poética ocupaban apenas dos volúmenes o dos rollos de
papiro. Es pertinente admitir la pérdida de uno de los dos volúmenes,
precisamente, intuye Báez, el texto que se ocupaba de la comedia.
Los especialistas en la obra aristotélica han clasificado los escritos del
filósofo en lecciones exotéricas y escritos acroamáticos o esotéricos.
Los primeros "eran diálogos al estilo platónico"; mientras que los
segundos eran textos para uso exclusivo interno del Liceo. Fernando Báez nos
dice que la Poética era un texto perteneciente a este último género,
accesible solamente para aquellos discípulos que compartían día a día las
lecciones del Maestro. Plutarco de Queronea da cuenta de esta taxonomía a
propósito de una desavenencia entre Aristóteles y Alejandro Magno (alumno de
Aristóteles) porque el Maestro hizo público un escrito acroamático.
Nos dice Fernando Báez que "La brevedad de la Poética, en
lugar de desanimar a decenas de generaciones de investigadores, glosadores y
lectores, ha estimulado, más bien, la aparición de cientos de miles de
artículos, ensayos, traducciones y enciclopedias dedicadas al tema. Año tras
año se reúnen eruditos del mundo entero para discutir un término, una
frase, un capítulo, o, en su defecto, se discute su influencia, que no ha
sido poca, si se piensa que este texto ha interesado a los más grandes
escritores de todas las épocas, desde Boileau hasta Borges, por decir".
En este babilónico libro sobre la Poética de Aristóteles se
analiza, amplia, y suficientemente, la extensión de uno de los libros más
traducidos y estudiados de Aristóteles de Estagira, el estilo, los términos
y conceptos más frecuentes, los nombres propios, los neologismos acuñados
por el filósofo, el contexto histórico y cultural en el cual Aristóteles
creó su inmortal obra. Es altamente encomiable el asombroso trabajo
filológico puesto de manifiesto por Fernando Báez en este portentoso libro
erudito como el que más.